Una de las definiciones del diccionario de la RAE sobre la acción de articular (o articulación) es la “unión entre dos piezas rígidas que permite el movimiento relativo entre ellas”.
En función de lo que se viene de expresar, podemos poner en relieve la importancia de la palabra unión, hay que señalar que las piezas o elementos pueden tener distinto grado de rigidez o flexibilidad (según el caso, y si son muchas es más complejo), y cómo -en el devenir de la vida- es relevante que permita el movimiento entre ellas en una dirección virtuosa y en un contexto cambiante.
La economía contemporánea es expresión de una multiplicidad de actores, lo que ha dado lugar a distintas formas de denominación. La más usual ha sido la de economía mixta para expresar un modelo económico donde están presentes -simultáneamente- la economía de mercado y el Estado como regulador, tanto en general como a veces en la prestación de servicios a través de organismos o empresas estatales y/o mixtas en la medida que lo hagan con calidad y de manera eficiente.
Otros prefieren mencionar que hay una diversidad de actores más allá de los mencionados, entre los que se encuentran las organizaciones del tercer sector, las cooperativas y mutuales, y por ello optan por la denominación de economía plural. Esta noción que se le atribuye a René Passet (1995), ha sido difundida -entre otros- por autores como Jean-Louis Laville.
Sabemos que el conflicto es inherente a la vida, pero no por ello se lo debe escalar y -menos aún- transformarse en una confrontación permanente basada en agresiones y descalificativos.
En un contexto democrático, en el que se desea el bien común, la confrontación debería fundarse en propuestas de futuro, para buscar la complementariedad de intereses de mediano y largo plazo, en línea con una competitividad sistémica -donde se articulan virtuosamente competencia y cooperación- cómo han destacado autores como Michael Porter.
Alcanzar ese estadio requiere una visión, una actitud, un liderazgo y una práctica regulatoria de política económica que sepa valorar lo mejor de cada uno en el proceso de agregar cada vez más valor, sin caer en el fomento del corporativismo, el capitalismo de amigos o la anulación de una rentabilidad normal en términos comparativos y competitivos con otros países del mundo.

Para una articulación virtuosa -en el contexto argentino actual- se requiere un mejor equilibrio de las distintas variables macroeconómicas a través de un programa de estabilización integral (acompañado de otras reformas) y luego la implementación de una agenda y gestión del desarrollo multinivel.
En línea con lo expresado más arriba, supone un liderazgo político claro, una centralización operativa de la política económica, y una reingeniería del Estado que no pasa por agrandarlo sin ton ni son o para resolver falsamente el desempleo de manera directa con empleo público, o indirecta por medio de planes.
Debemos contar con un Estado inteligente y calificado en la prestación de los servicios básicos como educación, salud y seguridad, un régimen regulatorio económico simplificado y estable para las empresas con menor carga tributaria y planes e incentivos claros que promuevan el desarrollo económico.
Las plataformas y programas de gobierno específicas que se muestren en la campaña electoral de este año, deberían ser una muestra de que hemos madurado como sociedad, pasando de eslóganes, relatos épicos sin sustento práctico o simplismos radicalizados, a un abordaje integral y viable que nos pueda entrelazar mejor como sociedad, saliendo del continuo deterioro.
Resumiendo: una economía bien articulada requiere de compartir una razón sensata y de valores como es la necesaria combinación -señalada por Porter- entre competencia y cooperación. Para ambas hay que formarse y calificarse, donde el sistema educativo juega un rol central para ser competentes y solidarios a través un buen trabajo en equipo.
Trabajo en equipo
Muchas veces ayuda simbolizar lo anterior, o tener una ficción orientadora, por medio de un arquetipo.
Ahora en la Argentina tenemos uno excelente, como es el de la selección nacional de fútbol. Ella demuestra que se requiere de trabajo -en un marco de reglas estables y claras- como tiene este deporte, verificables con evidencia fuera de toda discusión (como es, en general, el VAR), de una dirección técnica capaz, trabajadora y humilde, de jugadores con talento pero que se han venido esforzando y superando de derrotas y contratiempos.
Sabemos que su traslado a la política no se ha verificado históricamente, pero sí sabemos que hay un contexto social y cultural que puede posibilitarlo, en tanto una parte de los actores actuales comprendan esta oportunidad histórica y aparezcan otros nuevos que se involucren en el sistema político, y por lo tanto lo terminen concretando. No es imposible.
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