
Nuestra Constitución Nacional garantiza el derecho de enseñar, aprender y a una educación intercultural, respetando la responsabilidad indelegable del Estado en esta materia y además promoviendo los valores republicanos y democráticos, la igualdad de oportunidades, sin discriminación de ninguna índole, garantizando los principios de gratuidad, laicismo y equidad de la educación pública estatal (Ley 1.420) especialmente para aquellos argentinos que no posean medios económicos para acceder a la educación privada.
En esencia, el espíritu de los padres fundadores de nuestra Carta Magna fue tener ciudadanos educados con alto nivel de excelencia que estén en condiciones de elegir a dirigentes honestos y competentes: un pueblo ilustrado no permite corruptos ni incompetentes y un pueblo ignorante vive de ilusiones, dogmas y paradigmas. Es importante reiterar que la educación es uno de los indicadores más importantes al determinar el nivel de desarrollo de una Nación. Para que Argentina vuelva a situarse entre los 10 principales países del mundo que se caracterizan por brindar una educación de calidad, asequible, tecnológica y social a cada uno de sus estudiantes, hay que considerar los siguientes aspectos básicos: horas de estudio, inversión en capacitación de profesores y maestros, la asequibilidad a la educación superior y fundamentalmente, las metodologías de enseñanzas innovadoras que fomenten las habilidades del siglo XXI.
Es imperativo un modelo educativo exigente, pero al mismo tiempo flexible, donde se proponga un aprendizaje basado en la experiencia (modelo Finlandés) con múltiples actividades extracurriculares que busquen fomentar los talentos dependiendo de los intereses de cada alumno en particular. Además, deberá garantizarse una alta inversión en tecnología con la finalidad de que los alumnos puedan, por un lado, acceder a contenidos multimedia, interactivo y lúdico y por el otro, que conozcan herramientas digitales y robótica que facilitarán en forma superlativa la comunicación con sus pares y profesores.
En este contexto es imprescindible fomentar la independencia de criterio y pensamiento del estudiante, complementada por una “currícula académica” estandarizada, aplicable de igual forma en cualquier institución, sea esta privada o estatal, con el único fin de asegurar que todos los estudiantes reciban la misma educación disminuyendo al máximo la brecha de conocimiento, cuando se aplican diferentes metodologías. Asimismo, hay que garantizar tutorías personalizadas, complementarias y asegurar no menos de 240 días al año de clase y en esta línea de acción, es mandatorio decretar el carácter de “actividad esencial” a la educación.

Simultáneamente, es necesario promover la investigación (modelo Singapur), donde los resultados son sobresalientes en las pruebas internacionales, destacándose por sus habilidades especialmente en el pensamiento crítico. Para lograr estos objetivos, en el corto plazo se deberá enfocar en los primeros grados para desarrollar las habilidades básicas, dividiendo la “currícula” en 7 módulos principales: matemática, español, inglés, portugués, computación, ciencia y tecnología.
Por otro lado, y como complemento “sine qua non”, es imprescindible crear un “Sistema Nacional de Evaluación” con matices de evaluación docente para desarrollar un sistema de evaluación institucional y análisis de resultados, fortaleciendo la articulación de la educación media con la universitaria, debiendo profundizarse la descentralización de la educación terciaria e impulsar la internalización de la docencia, ampliando la extensión universitaria.
Este fue el modelo que los integrantes de la “Generación de los 80″ percibieron con inmensa claridad y que nosotros apoyamos sin claudicaciones, ya que sin educación moderna, adaptándose permanente a los nuevos desafíos que las sociedades demandan, no será posible alcanzar el concepto integral de Nación, como lo concebimos los que amamos y estamos convencidos de que el Liberalismo es el único sistema político, económico y social que ha probado ser el instrumento idóneo de progreso y bienestar general de todos los habitantes del planeta, que han gozado de sus innegables e incontrastables beneficios en los últimos 300 años.
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