
La Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales se viene celebrando en la Iglesia desde 1967 y fue instituida por expresa voluntad del Concilio Vaticano II. El Mensaje de los Papas para esta Jornada se publica tradicionalmente con ocasión de la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas (24 de enero).
Los distintos Sumos Pontífices se han valido de estas Jornadas para manifestar su pensamiento respecto de la importancia de las comunicaciones en la sociedad y también para compartir el anhelo del buen uso de los medios de comunicación.
Este año, el Papa Francisco titula su mensaje: “Escuchar con los oídos del corazón”.
Para los católicos, la solemnidad de la Ascensión da un marco: los discípulos ven subir al Señor al cielo y comienza una nueva etapa en la cual no será evidente a los ojos humanos la presencia de Aquel a quien deben anunciar. Entonces sus gestos, palabras, silencios y expresiones serán las que hablen de quien murió y resucitó.
El Papa Francisco pone en el centro de su mensaje a la “escucha” y la caracteriza como condición para que el diálogo sea auténtico y se dé una buena comunicación.
La escucha no es solo ser receptor de lo que otro me dice, sino que, especialmente para los comunicadores sociales, es una escucha que tiene que dejar de lado ese apuro que tenemos ante lo que el otro nos está diciendo. Los medios de comunicación y las redes sociales nos permiten estar conectados, pero muchas veces su vorágine es la excusa para que lo que dice el otro pase solo como una información y no se convierta en palabra que transforma y ayuda con eficacia.
La dinámica de hoy en día hace prevalecer al que se impone con fuerza y no al que escucha. Es bueno cuando se destaca la virtud de un profesional de la comunicación que “sabe entrevistar” y no es casualidad que se resalte que sabe escuchar a quien tiene delante. En la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, su presidente, monseñor Oscar Ojea, señaló que estamos en un contexto “reticente al diálogo y afecto al monólogo”. La verdadera comunicación evita el monólogo y es puente entre personas para que cada una pueda expresar lo mejor de sí misma.
La capacidad de escuchar hará, según el Papa, dejar de lado la desconfianza que genera la percepción de la gente de que la información no es transparente o que tiene una muy fuerte superficialidad. Francisco pone como ejemplo el problema de las migraciones forzadas. Dice Francisco: “Es necesario vencer los prejuicios que se ablandan cuando escuchamos las historias que son reales, con nombre y apellido”. Necesitamos comunicadores sociales que se animen a escuchar historias, a darles un lugar y a comunicar las esperanzas y sufrimientos de hombres y mujeres que necesitan ser escuchados. Un buen comunicador sabe escuchar, y esto le permite recibir lo esencial de la vida del que le habla. Hay cosas que necesitan de una escucha más profunda, que jerarquiza la atención que doy al prójimo. Hay voces y gritos que necesitan ser escuchados en nuestro mundo de hoy, no todo es lo mismo; hoy las voces del pobre y de la tierra no pueden ser silenciadas o reducidas a ser una más entre tantas.
La escucha es condición de la buena comunicación. Experimentamos en nuestra sociedad una falta de escucha alarmante, estamos más pendientes de lo que vamos a responder, que de aquello que se nos está diciendo. Es demasiado grato para algunos escucharse a sí mismos; no importa la verdad y el bien que puede haber en el que me habla, importa a veces estar más atento a cómo ridiculizarlo y ponerse como oponente. Los medios de comunicación y aquellos que servimos en esta noble tarea tenemos que revisar por qué el debate, que es una de las herramientas más bellas de la expresión democrática de los pueblos, se ha transformado en el show de la contraposición y no en el diálogo que tiene como fin comprender mejor la realidad y generar información equilibrada y completa.
Hoy, los comunicadores y los medios de Comunicación Social tenemos por delante un arduo desafío: ser quienes busquemos armonizar lo diverso. No podemos conformarnos, si queremos ser profesionales de la comunicación, con hablar a nuestra audiencia con el tono y la palabra que unos pocos quieran escuchar. Los medios de comunicación son un lugar indispensable para el diálogo público.
Este mensaje de Francisco para la 56° Jornada de las Comunicaciones Sociales es una invitación a preguntarnos, como comunicadores, cuál es nuestra capacidad de escuchar y de hacer de ella un estilo de comportamiento social que sea ejemplo para una sociedad dolorosamente fragmentada. Si es así, seremos faros para una cultura donde prime el debate sano y una cultura del pensamiento que haga un mundo más cuidado y habitable.
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