
Los ministros son secretarios del Presidente, el Jefe de Gabinete aquí, a causa del engendro estrafalario de la Reforma Constitucional del 94, es y no es el Jefe. Pero se supone que Juan Manzur le transmite al Presidente los debates y las conclusiones del trabajo de coordinación. Conclusiones que derivan de las exposiciones de los ministros sobre los temas de agenda.
Cada ministro mira con atención una dimensión del tema. Por ejemplo, el responsable del agro conoce a fondo lo que pasa en el país con la producción de trigo, costos, estado de la producción, etc. El de exterior las tensiones internacionales. El de economía evalúa los impactos en la balanza comercial, las reservas, los precios internos, etc.
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Entonces, del intercambio luminoso, de sabios en las materias, sea una posición; y el Jefe de Gabinete -con el aporte de volumen político-, sintetiza y finalmente todos prestan conformidad. La decisión es de todos. No vale, terminada la reunión decir a la prensa “no estoy de acuerdo”.
Ser miembro del Gabinete es participar y hacerse cargo de las decisiones. O renunciar. No es una reunión de amigos. Es el área de las decisiones ejecutivas. Para eso les pagamos y para eso el Presidente los eligió. En esta oportunidad, como de habitud, el Presidente estuvo ausente.
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Pero -seguramente- estuvo informado y si no lo estuvo, habrá leído los diarios de la mañana que resumieron que Julián Domínguez, “su responsable de Agricultura”, destacó el “impacto Ucrania” sobre el trigo y agradeció al ministro de Economía “por aclarar que no habrá una suba de las retenciones”.

Lo dijeron los portales y las ediciones impresas de los diarios a las primeras horas de la mañana del Viernes 20. Pero a las 8,56 de esa misma mañana, seguramente pañales de por medio y por radio, el Presidente dijo “el precio del trigo sube mucho … lo “llamamos con Martín la riqueza inesperada”... “pedimos que se redistribuya” “El instrumento con que esto se desacopla son las retenciones. Ahora, las retenciones son un tema legislativo”. “Necesito que el Congreso entienda el problema y acompañe” pero “por la oposición lo voy a perder”.
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En esto hay un Fernández tradicional: la culpa la tiene y la va a tener “el otro”. Clásico: “Se le ocurrió a Fabiola yo pasaba por ahí”. Pero más. Dijo -en la radio- “En el Frente de Todos tenemos una mirada común”.
Incomunicación
¿Habrá leído o no el diario? ¿Le importa lo que deciden sus ministros en el plenario del gabinete? ¿Se trata de una contradicción? ¿Es decir el Presidente no sabía lo que habían acordado sus ministros de Agricultura, Economía y el Jefe de Gabinete y sin ningún problema los contradijo? Veamos.
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Primero, a Domínguez y a Guzmán los colocó fuera del Frente de Todos porque, esa “mirada común” que dice que hay en el Frente, ellos no la tienen. Se han encargado de decirlo públicamente.
Con ese giro, “mirada común” menos la de sus ministros, nos enteramos que hay una coalición ampliada: el presidente dice ser del Frente de Todos pero a dos ministros claramente no los reconoce como miembros del Frente. No tener una mirada común los hace extra partidarios. Entonces “no es una contradicción”.
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Los ministros mencionados son “ocupas” de la oposición e infiltrados en la reunión. Alberto Fernández los nombró, los deja hablar, los considera opositores, los deja en el gabinete y -naturalmente- los hace, junto a los legisladores de la oposición, responsables de que la ley que él dice querer que se sancione no sea sancionada.
Este es el caso, no de una contradicción, sino del descubrimiento de una quinta columna interna a nivel ministerial. Habría que esperar en ese caso el despido. ¿El estratega Alberto les hizo pisar el palito, los descubrió y como quiere Cristina, los echa?
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No los reconoce miembros del mismo partido gobernante y los desautorizó. Dijo que, lo que dijeron, no era lo que él cree que hay que hacer. Él quiere retenciones al trigo porque los productores de trigo están teniendo “ganancias inesperadas”.
Pero el ministro Guzmán que es el autor del concepto tributario de las “ganancias inesperadas” entiende -al menos se colige de sus dichos- que en el trigo no hay tal cosa como ganancias inesperadas y no habrá retenciones.
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El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, desautorizó al Presidente, dijo por la tarde y desde Córdoba: “De ninguna manera se van aumentar las retenciones ni enviar un proyecto”.

Con su incontinencia verbal, irreflexiva, en un solo reportaje Alberto Fernández logró unificar a los ruralistas, a la oposición y -extraordinario- a su propio Gabinete con aquellos que él detesta.
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Cuando Atahualpa Yupanqui contaba la historia de una señora que divagaba por los pueblos, incluso pronunciando -a veces- frases poéticas, pero siempre desamarradas a la lógica cartesiana, decía “ello no tenía la mente correcta”. La “mente de un gobierno” es su gabinete, sus decisiones, la coherencia, consistencia de las mismas. Porque con ellas se construye el escenario de la vida pública.
No se debe jugar con las palabras. Porque lo que se dice importa. Porque aunque, no sea lo mismo que hacer, lo que se dice anuncia lo que se hace y deshace.
Por ejemplo, casi es una metáfora de los problemas del el Censo 2022, que quién lo conduce haya dicho, junto al Presidente y Guzmán -aceptando ambos el dislate en silencio- que este Censo fue “el onceavo”. Y ciertamente ha de serlo. Porque van a faltar 10 más para lograr finalmente que hayamos hecho el “undécimo” que es lo que creíamos que íbamos a hacer.
En síntesis, me animo a recomendar que, como dijo Alberto, en lugar de sólo “terapia de grupo” -por el bien de todos- “que sea terapia de silencio” o para pensar antes de hablar, primero el gobierno y también la oposición, la que está dentro del gabinete y la que milita fuera del gobierno.
Silencio y pensar, más de 47 millones, de los que 99,9% hombres y mujeres, lo vamos a agradecer.
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