
La Argentina es un país en el que sus ciudadanos cada vez tienen menos oportunidades de progreso. Lamentablemente, somos un país que hoy refleja una mirada de deterioro sistemático de las aspiraciones de la sociedad. Esto se da tanto a nivel etario como de género.
En una época en dónde se focaliza el protagonismo sobre la mujer, muchos hablan de ellas, pero son pocos los que visibilizan el problema que más las afecta para que puedan desarrollarse en el aspecto aspiracional, profesional y autodeterminante.
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Cuando la movilidad en Argentina era ascendente, si a una persona se le preguntaba sobre sus objetivos de largo plazo divagaba con los sueños más extraordinarios. Sin embargo, a medida que se corrosionaba la economía, ese horizonte de posibilidades, que alguna vez supo ser infinito, hoy es finito y bastante acotado.
¿Qué es lo que una mujer joven puede aspirar en un país con el 42% de pobreza, una inflación del 60% y un salario promedio de USD 400? Las mayores aspiraciones que están teniendo las mujeres de clase media-baja, las más privilegiadas, es irse al exterior o conseguir un segundo empleo para que le cierren las cuentas a finales de mes. El resto, como la mayor parte del país, sobrevive el día a día.
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Uno de los indicadores que mejor reflejan el nivel de vida de las mujeres en Argentina es el costo de una canasta alimentaria sobre el salario promedio. De esa forma podemos ver cuánto de lo que gana una mujer, en promedio en un mes en nuestro país, sirve sólo para satisfacer sus necesidades más básicas.
Desafortunadamente, el dato es aterrador. Según datos de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), las mujeres ganan en promedio, a dólar oficial, unos USD 446 por mes. En tanto, una canasta alimentaria para una sola persona, en dólares, se encuentra en los USD 167 mensuales. De esa forma, el 37,4% de nuestro salario se gasta en lo más básico. Esto sin contar el alquiler, la cuota del colegio de los chicos, las tarifas de servicios, los impuestos, etc. Básicamente, en Argentina hoy se sobrevive con lo básico.
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¿Qué sucede con el resto del mundo? Si lo analizamos de la misma forma, vemos que, por ejemplo, en Estados Unidos el salario promedio mensual de una mujer es de USD 3.925, en tanto una canasta básica, con los mismos alimentos contemplados que en Argentina, es de USD 288; es decir, el costo de alimentos es del 7,3%, 5 veces más bajo que en nuestro país. Por otra parte, si tomamos Brasil vemos que ese ratio es del 30,9%, 6,5 puntos porcentuales por debajo de lo que representa en nuestro país. La misma fotografía se observa si comparamos con otros países como Reino Unido (8,2%) y Paraguay (35,4%).
Obviamente, la imagen es similar en los hombres. Aunque, en su caso el ratio es un poco más bajo por tener, en promedio, sueldos más altos con una brecha salarial del 28,0%. Los hombres en Argentina ganan, según la OIT, unos USD 570 en promedio de forma mensual. Esto se da en todos los países. Sin embargo, esa brecha salarial también es más baja en el resto de los países Reino Unido (8,0%), Paraguay (12,7%) y Brasil (23,1%). Esto nos indica que la falta de reformas básicas no sólo reduce oportunidades, sino que incrementa las desigualdades entre ambos géneros.
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Para poder mejorar las condiciones de vida de las mujeres es imprescindible llevar adelante una serie de reformas estructurales: reducir el tamaño del Estado, reforma del sistema previsional, reforma del sistema de coparticipación federal, modernización de las regulaciones laborales, baja impositiva y apertura comercial.
En la Argentina, hay poco capital y mucha mano de obra. Con las reformas estructurales, se incrementaría el capital sobre la mano de obra y los salarios se encarecerían. Sólo así las mujeres podrían disfrutar de salarios reales más altos, equiparables a los de los países más prósperos.
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