
Hechos ocurridos en los últimos días siguen alimentando nuestra capacidad de asombro, vuelven a poner en evidencia los serios problemas institucionales que afronta nuestro país y habilitan algunas reflexiones a tener presentes para iniciar un 2022 que será difícil pero deberemos transitar con esperanza y comprometidos con el bien común.
Todos Juntos (Frente de Todos y Juntos por el Cambio) deberían darse cuenta de que sin respeto a las normas no hay forma de abordar los graves problemas que generan el alto índice de pobreza y exclusión, la inflación y el estancamiento que sufrimos desde hace muchas décadas.
La ciudadanía se está dando cuenta de que en los sótanos del poder (por ejemplo, los mal llamados “servicios de inteligencia”, el juego, los feudos de los intendentes) no se configura la tan mentada y nefasta “grieta” porque los últimos gobiernos, sin distinción de signos partidarios o disfraces ideológicos, mantuvieron intactos esos sótanos oscuros y los utilizaron de modos parecidos. Poco importa quién lo hizo en mayor grado o de la peor manera. Se trata de conductas delictivas que destrozan la confianza -pilar de la democracia y de sus instituciones-, aniquilan los derechos y abren el camino al autoritarismo. Conductas como la de espiar a propios y extraños, mantener los privilegios de los empresarios del juego (todos los cuales aportan fuertemente al financiamiento de la política) o proteger la “eternidad” de los intendentes son compartidas por ambos lados de la grieta.
Todos Juntos deberían darse cuenta de que la mayoría de la sociedad incrementa su legítima indignación por una dirigencia a la que ve cada vez más lejana de sus preocupaciones cotidianas. Ello abre las puertas a la “antipolítica” que, como sabemos, no es más que otra forma de hacer política a favor de quienes la postulan. Hay quienes siguen necesitando ver la vida en blanco y negro y así se alinean atrás de líderes tan negativos que concitan un amplio repudio social. En efecto, las principales figuras de las veredas opuestas tienen pésima imagen en alrededor de dos tercios de la población. Encolumnados detrás de esos líderes, sus seguidores intentan justificar en los propios las mismas conductas contra las cuales salen a declamar cuando son ajenos.
La ciudadanía se está dando cuenta de que un amplio sector de la dirigencia muestra qué temas realmente la preocupan y cómo son capaces de dejar la grieta de lado. Así acordaron -salvo honrosas excepciones- eliminar la ley que hace muy pocos años se sancionó a fin de evitar la reelección indefinida de los intendentes de la provincia de Buenos Aires. Para esta cuestión, que nada interesa a la sociedad, les fue sencillo ponerse de acuerdo y ser “eficientes”, a punto tal que la trataron en ambas cámaras provinciales en un solo día, sin trámite ni dictamen previo y a fin de diciembre, cuando casi nada se resuelve en la Argentina. Más allá de algunos repudios, sinceros o de ocasión, los principales dirigentes nada hicieron para evitar un grosero retroceso institucional que consolida, en muchos casos, poderes feudales y refuerza la lejanía entre los que manejan eternamente gobiernos locales y la gente a la que deberían representar.
Todos Juntos deberían darse cuenta de que no es lícito utilizar los servicios de inteligencia para manipular causas judiciales, sea para lograr una condena o una absolución; que es un grave delito que se potencia cuando se actúa desde el poder. No importan las víctimas ni los beneficiarios de las maniobras sino el hecho de alterar el funcionamiento judicial lo que afecta la esencia misma de la democracia y uno de sus principios fundantes: la igualdad ante la Ley. Nada, absolutamente nada, puede justificar ese tipo de conductas que, al cabo, perjudican al sistema y muchas veces terminan beneficiando a los criminales.
La ciudadanía se está dando cuenta de que quienes actuaron de ese modo durante sus gestiones de gobierno salen después a acusar “al otro” de hacer lo mismo que ellos hicieron. Del otro lado, los que hoy son acusados tampoco salen a asumir -o al menos, deslindar- su responsabilidad ni a dar las explicaciones que le deben a la sociedad.
Todos Juntos deberían ver que la ciudadanía se está dando cuenta de la necesidad de promover un debate respetuoso y honesto, porque sólo en base a acuerdos amplios que conduzcan a políticas de estado sustentables y sostenidas en el tiempo será posible enfrentar nuestros gravísimos problemas y que, para lograr esos acuerdos, es indispensable repudiar cada uno de los delitos y actos contrarios a los principios democráticos esenciales, provengan de donde provengan.
La ciudadanía está del lado de Argentina, Todos Juntos, ¿de qué lado están?
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