
Está terminando la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26). Cumbre por la que se guardaba enorme expectativa, sobre todo de parte de la comunidad científica, los activistas y organizaciones ambientales y civiles de todo el mundo que reclaman una acción climática real y urgente.
Durante esta COP 26, los países han presentado sus planes de reducción de emisiones. En los últimos días, vimos cómo los compromisos fueron poco ambiciosos. Realmente, no están a la altura de los desafíos que impone la crisis climática, que es una realidad y que impacta gravemente en muchas partes del mundo, pero sobre todo en el sur global. Con los planes presentados hasta el momento, se incumplirá el objetivo de 1,5°C acordado en el Acuerdo de París.
El primer borrador del acuerdo de esta COP es extremadamente débil y desbalanceado, y no hizo mención clara y precisa sobre la urgente necesidad de eliminar los combustibles fósiles, punto central si los países realmente quieren llevar adelante medidas que vayan de la mano con lo acordado en París. La breve mención que existe en el borrador respecto del fin al carbón y a los subsidios a los combustibles fósiles, corre serio peligro de ser completamente eliminada del texto en estas últimas instancias de negociación.
Es realmente preocupante que el borrador de esta cumbre sea tan desalentador, cuando se debería estar discutiendo seriamente el rápido fin de la quema de carbón, petróleo y gas y una transición justa hacia las energías renovables; compromisos para que las emisiones se reduzcan a la mitad para 2030, el rechazo a los planes de abrir un mercado mundial de compensaciones de carbono, el financiamiento a los países más vulnerables a la emergencia climática y un plan para proteger la naturaleza, con la prioridad de acabar con la deforestación.
Durante esta cumbre, vimos cómo más de 100 países firmaron un acuerdo a 2030 para reducir a la mitad la deforestación, entre los que se incluyen Brasil, Chile, Colombia y Argentina. Este acuerdo tuvo como antecesor otro firmado en 2014 y cuya promesa era la misma, pero a ejecutar en 2020. Sin embargo, la deforestación global continuó aumentando considerablemente, principalmente por el avance de la ganadería y la agricultura industrial. Esta nueva declaración de Deforestación Cero para 2030, es un compromiso que, además de ser declarativo y no vinculante jurídicamente, no resulta suficiente para enfrentar la grave crisis climática y de biodiversidad en la que estamos, ya que permitirá casi una década más deforestación, la cual podría incluso aumentar en forma especulativa.
En Argentina, por ejemplo, durante 2007 mientras se discutía la sanción de la Ley Nacional de Bosques, la deforestación se triplicó. Sólo ese año, según datos oficiales, se perdieron más de 728.000 hectáreas de bosques. Ya se perdieron cerca de 8 millones de hectáreas en las últimas tres décadas, lo que puso a Argentina en el top ten de la deforestación mundial.
Recientemente, Climate Action Tracker publicó su actualización global anual en la que calcula como los recientes anuncios de emisiones propuestos por los países impactan en el futuro aumento de la temperatura global. Dicho análisis ha concluido que, teniendo en cuenta únicamente los compromisos a 2030, el aumento de la temperatura global será de 2.4°C en 2100. Y si se analiza lo que los países están haciendo realmente y no las propuestas presentadas, el aumento previsto será aún mayor, situándose en 2,7°C.
Argentina, por su parte, también presentó planes de acción insuficientes. Incluso, aunque se alcance una disminución del 27% de las emisiones para 2030, el compromiso continúa siendo débil. Argentina está entre los 30 países que más emisiones de gases de efecto invernadero generan.
Para que las propuestas del país sean realmente ambiciosas, los compromisos deben redireccionarse a prohibir y penalizar la deforestación, proteger los humedales a través de una ley nacional, frenar el avance de la industria del petróleo sobre el Mar Argentino y abandonar las inversiones y subsidios a los combustibles fósiles para realizar una transición rápida y justa hacia las energías renovables.
Respecto a penalizar la deforestación ilegal, es bueno que una vez más el Presidente de Argentina vuelva a anunciarlo. Greenpeace lo ha estado reclamando desde hace varios años. Esperamos que esta vez el anuncio se concrete y se presente rápidamente el proyecto de ley en el Congreso Nacional.
Se necesitan propuestas serias y ejecutables en el corto plazo. No se puede esperar al 2030 para comenzar a implementar planes de mitigación climática. El planeta y los ciudadanos le están exigiendo a los líderes mundiales que actúen urgentemente para crear un mundo más justo y resiliente. Ahora depende de ellos escuchar y actuar en consecuencia.
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