
El observador curtido recorre la actualidad y encuentra que hay varias maneras de entender la palabra. Hay una actualidad apremiante, y hay que dejarle paso si se trata de informar. Corresponde. Hay también corrientes frías y calientes, como en el mar, que el ánimo y la percepción no tienen la fuerza de lo que ocurre ya mismo y cuanto antes mejor, pero influyen. Como si se tratara de un ordenamiento en la agenda de la necesaria pole position. Así pasan en nuestras mentes modos de rumiar y recibir la historia que transcurre delante de nuestra nariz.
Pasa con los Juegos Olímpicos, puesto que hemos llamado a Delfina Pignatiello, nadadora de alta competición participante de Japón 20- le tocaba, pero el virus la empujó hacia este año- y Pignatiello fue. Todavía está. Sigue las pruebas con atención y entusiasmo. No volverá a echarse al agua de las grandes piletas. Quedó fuera. Y cómo. Allí residen ahora sus gloriosas derrotas. Delfina Pignatiello llegó última a las pruebas de 800 y 1200 libre. En la primera a 20 segundos, que natación es una hora.
Veamos un poco ciertas cosas generales. Casi todo el mundo sabe quiénes y cómo competirán frente a la seducción y la euforia de las olimpíadas. Está en el genoma de Occidente y abarca al planeta . Nuestros maravillosos griegos del siglo ocho antes de Cristo y durante muchos más convocaron a correr más rápido, tener más fuerza y llegar más lejos. Aún en tiempos de guerra se fijaba y acordaba la tregua , una pausa . Los Juegos en Olimpia sin dejar de ejercitar y luchar, ir rápido . Muchos deportes son remedos de batallas . Ataque , defensa, estrategia, táctica, vencedores y vencidos. En los Juegos no hay empate. En la guerra tampoco.
Piensa a ratos el observador curtido que los deportes olímpicos nos unen a una cultura con centro en la libertad, la superación, el mérito. La gracia de una mujer al saltar muy alto con su pértiga reúne unos segundos tanto de arte y belleza como de tensión y florecimiento en el aire. Y quien lanza el martillo o la bala, giran y concentran en segundos cualquier límite posible. Sus boxeadores, sus judocas- la encantadora y popular Paula Pareto entre ellos, - el prodigio de la gimnasta Simone Biles , la más grande de la historia- herida por una mente agobiada. Y los tenistas capaces de vencer al agotamiento a lo largo de partidos sin fin. Y las tres corredoras de 100 metros de Jamaica, todas al podio. Y el canto de los cuerpos sin detenerse en ningún momento.
Delfina Pignatiello entrenó en su casa familiar de San Isidro con una soga como andarivel. Bueno, les pasó a muchos cosas parecidas. Una desventaja que entre varias razones la llevaron a una figuración sobre la que diluviaron memes lamentables y, entre los 700.000 de seguidores en Instagran y unos 200.000 en TikTok obscenidades, intentos de acoso y haters, de tal manera que dejará el ida y vuelta de la comunicación en redes por sentirse " sexualizada” . Por poco, quizás: Delfina no es de la madera habitual . No lloró sus performances, no le echó la culpa a nadie, mandó a sus odiadores con encanto a la miércoles - “Me estimulan y me divierten, no me importan .”- y anunció que disfrutaba de los Juegos Olímpicos a más poder, ya dispuesta a prepararse para los próximos en Paris.
Buenas razones para que en el orden de los asuntos y exigencias de la actualidad podemos dar la taba y ponerla en un podio distinto, sin medallero ni brazos en alto como esta vez. No está entre los integrantes de la legión destetada que gime históricamente en la historia argentina por obra de demagogos y psicóticos que no han dejado crecer a la gente. Delfina está destetada. Irá por otra oportunidad. Una forma distinta de ser, nueva. Mejor. A veces el que pierde gana.
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