
El secuestro y desaparición durante 3 días de M., la niña que vivía en situación calle en el barrio Cildañez de Villa Lugano, revivió un abanico de reflexiones profundas y necesarias sobre la pobreza estructural de nuestro país y al mismo tiempo, un derrotero de excusas que no da respuesta a las problemáticas de las personas en condición de vulnerabilidad en la Ciudad de Buenos Aires. Se trata del distrito más rico de nuestro país, con un presupuesto europeo, donde diariamente estas vidas se ponen en riesgo. Entre el hambre y la inseguridad, la principal pobreza (y la más dolorosa) es la de horizontes. ¿Qué futuro puede esperar M, una niña no escolarizada cuya crianza se da a la intemperie?
En primer lugar, en 14 años de gestión macrista no hay siquiera consenso en la cantidad de personas en situación de calle ni en la metodología utilizada para censarlas. Como para tantas otras cosas, la sociedad organizada es la que brinda una respuesta: de acuerdo con el censo que realizan organismos de control y ONGS, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires había unas 7.251 personas en situación de calle o riesgo a la situación de calle para abril de 2019.
En segundo lugar, lo que se hace ante esta situación de emergencia, lejos está de solucionar el cuadro. Los “paradores” instalados para socorrer estas familias vulneradas son cualquier cosa menos un lugar para vivir. Gran parte de la población prefiere seguir a la intemperie pero en zonas céntricas ya conocidas que trasladarse a estos lugares periféricos y consecuentemente con menor actividad económica o vecinalidad que les brinde asistencia. Además, el subsidio habitacional carece de mecanismos automáticos de ajuste por inflación y tiene un monto muy bajo. ¿Alguien puede esperar que con 8.500 pesos una familia pueda conseguir techo, ropa y comida? Casos como el de M y su madre sólo se repetirán si no buscamos alternativas superadoras.
Estos hechos que nos conmueven y sensibilizan, nos invitan a discutir de manera seria la problemática para ensayar una respuesta de mediano y largo plazo desde las políticas públicas. En estos últimos años oficialismo y oposición hemos acordado los procesos de urbanización en barrios populares, muchos de los cuales han traído resultados auspiciosos. Sin embargo, apena e indigna que no haya existido un proceso semejante para las familias sin techo.
Por este motivo presenté en la Legislatura un proyecto de “Vivienda Primero” o “Housing First”. El techo es el primer paso para luego desplegar políticas de resocialización referida a consumos problemáticos, enfermedades mentales, violencias, tomando en cuenta sus voces y necesidades. Esta experiencia comenzó en 1992 en Nueva York como prueba piloto. Luego este modelo se expandió a lo largo de las ciudades de Estados Unidos, y fue más tarde utilizado en Canadá y varios países Europeos como España, Francia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, y en América Latina está la reciente experiencia del “Proyecto Fincas” en Uruguay a cargo de la Municipalidad de Montevideo. Diversos estudios comprobaron que este modelo saca de la calle a 8 de cada 10 personas.
Podemos asumir un compromiso como sociedad para sacar definitivamente a estas personas del infierno en el que viven. Para ello se necesitan recursos y convicciones a lo largo del tiempo. No podemos admitir presupuestos donde los fondos para publicidad superen los que se destinan para los que ya no pueden esperar. Rodríguez Larreta debe hacerse cargo. Estamos a tiempo.
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