
Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres trabajadoras, el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, convoca, en un hecho sin precedentes, a un Acuerdo Federal para una Argentina Unida contra las Violencias de Género. Este hito supone un paso trascendental en la historia de las políticas de género de la República Argentina y, en particular, en la trayectoria de las políticas contra las violencias por motivos de género de nuestro país, a nivel nacional, provincial y municipal.
Implica, en primer lugar, el consenso de que las políticas contra las violencias de género deben ser políticas de Estado en cada rincón de nuestro país y que los esfuerzos deben estar orientados a garantizar el derecho de todas las personas a construir proyectos de vida libres de violencias.
Este acuerdo federal significa garantizar respuestas efectivas y coordinadas en materia de prevención, asistencia, protección y acceso a la justicia así como también promover que los Poderes Judiciales de cada provincia avancen con las transformaciones necesarias para incorporar perspectiva de género a su práctica diaria. En definitiva, se trata de poner a disposición todos los recursos del Estado para garantizar la libertad y la igualdad de toda la ciudadanía.
Llegar a este día no fue fácil ni rápido. Implicó una enorme capacidad de organización del movimiento de mujeres y de la diversidad y también, la convicción política de un Estado que toma la firme decisión de contribuir con todas sus herramientas a desandar la historia de un camino signado por la patrimonialización de los cuerpos de las mujeres que desde hace siglos nos sometidas a múltiples violencias y, en muchos casos, se lleva nuestras vidas.
Hoy estamos acordando un consenso nacional contra las violencias de género junto a las provincias argentinas. Por primera vez en la historia, cada provincia junto al gobierno nacional se compromete a ubicar en lo más alto de las prioridades de la agenda pública un tema que hace tan solo 30 años era considerado un problema privado, que tenía lugar al interior de los hogares y que solo reconocía su manifestación más flagrante: la violencia física.
Llevó mucho tiempo y mucho esfuerzo poder pensar en las violencias por motivos de género como un problema social más amplio y complejo. Ponerles nombre a los diferentes tipos de violencia y las distintas modalidades que adquiere la violencia de género, así como a sus manifestaciones más extremas, los femicidios, travesticidios y transfemicidios, fue un proceso largo que permitió reconocer la complejidad del fenómeno y exigir al Estado que formule soluciones que contemplen todas sus dimensiones.
El 10 de diciembre de 2019 el Presidente de la Nación y la Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner tomaron la decisión de ubicar a las políticas de género y diversidad en lo más alto de la estructura del Estado mediante la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Recientemente, la creación del Consejo Federal para la Prevención y el Abordaje de Femicidios, Travesticidios y Transfemicidios puso otra vez de manifiesto que la actual gestión de gobierno entiende que la agenda de las violencias es prioritaria y los femicidios, travesticidios y transfemicidios, hechos inaceptables para nuestra sociedad.
Hoy nos encontramos dando un paso más, redoblando la apuesta. Estamos haciendo explícito, como nunca antes, que avanzar hacia una Argentina libre de violencias por motivos de género nos necesita unidxs y promoviendo alianzas entre todos los sectores de la sociedad y en todo el país, para que cada argentinx sea parte de la transformación cultural que necesitamos.
El 1 de marzo, el Presidente de la Nación, en su discurso de apertura de sesiones legislativas hizo una clara convocatoria: construir entre todxs un consenso social frente a las violencias de género al igual que lo hicimos con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. El Presidente nos convocó a concertar socialmente un sentido común, porque de eso se trata: de que todas, todes y todos acordemos que frente a las violencias de género la respuesta debe ser unánime e intransigente.
Todos los días miles de mujeres argentinas sufren y otras pierden la vida en manos de las violencias machistas. Por ello, la respuesta del Estado es –y debe ser– ahora. Porque es necesario y porque es urgente. Este 8 de marzo nos encuentra, al fin, forjando un acuerdo federal, transversal e histórico para avanzar, entre todas, todes y todos en la construcción de una Argentina Unida contra las Violencias de Género.
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