
“No lo veo como un competidor, sino como un apoyo para que el profesional que sabe clasificar pueda hacerlo mejor todavía”. Así define Juan Ignacio el rol de la inteligencia artificial en el comercio exterior, un sector que todavía opera con mucho papel y donde la clasificación arancelaria es la piedra angular de cualquier operación.
Trabajaste varios años dentro de equipos de comercio exterior en empresas de distintos rubros. ¿Qué te llevó a dar el salto hacia la consultoría independiente?
Fueron dos cosas. Una, que ya llevaba diez o quince años en relación de dependencia y sentía que había acumulado una experiencia bastante rica y variada, por el tipo de industrias en las que había trabajado: retail, consumo masivo, alimentos, juguetería, automotriz. Sentía que podía ayudar a otros con ese conocimiento, pero pasando del otro lado del mostrador.
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La otra razón fue más personal: la experiencia de mi padre, que siempre fue independiente. Quería probar ese desafío, el de sacar adelante un proyecto propio con todo lo que eso implica, separado de la relación de dependencia.
¿Cuál es la diferencia más concreta entre estar adentro de un equipo y asesorar desde afuera?
Las diferencias tienen más que ver con todo lo que no está relacionado con la operación en sí: el banco, la cobranza, el seguimiento de clientes y proveedores. Y después está la responsabilidad. Si bien nunca se delega, la presión cambia. Cuando uno es el profesional elegido por el cliente para acompañar una operación de importación o exportación, se siente mucho más intensa que cuando formás parte de un equipo.
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Cuando uno forma parte de una estructura más grande, siente la contención y la posibilidad de descansar en otros profesionales y compañeros. Desde afuera, eso no está. Y eso se nota.
¿Por qué elegiste enfocarte en pymes?
Porque en el ecosistema argentino no siempre es fácil para una pyme desarrollar un departamento de comercio exterior puertas adentro. La contratación, la formación de equipos, la capacitación del personal no siempre son sencillas. Me interesaba aportar valor desde ese lugar, a esa parte del mercado. Las pymes son fundamentales para la economía argentina, yo mismo soy una pyme. Me parece clave generar ese tipo de red.
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En redes sociales hablaste de una “opinión impopular” sobre el despacho aduanero. ¿De qué se trata?
Siento que es un trabajo y un sector que tiene mala prensa. Es un área que históricamente se presenta como opaca, rodeada de palabras que no están buenas y que desalientan a quien quiere empezar a operar. Mi intención es llevar claridad, barrer esa imagen preconcebida que hay alrededor de la aduana.

Es un ecosistema intenso, con sus particularidades, pero no es imposible. Y la forma de quitarle esa mala prensa es hablando, contando cómo son realmente los procesos, llevando la mayor transparencia posible, de manera que quien tenga una idea se anime a intentarlo.
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¿Cuál es el vínculo entre el comercio exterior y la logística, y por qué creés que un profesional del sector tiene que entenderla?
La logística es muchas veces eso que no se ve, pero que es la acción que termina concretando en la realidad las ideas. Si uno va al supermercado y el queso crema está ahí, es porque alguien lo descargó, lo subió a un camión, se preocupó por que el empaque fuera el adecuado, porque la carga no llegara dañada. Todo ese trabajo queda por debajo, porque con lo que uno se queda es con el producto en la góndola.
Y hay otra razón igual de importante: los costos. Uno puede tener una idea espectacular, pero cuando empieza a costearla aparecen los costos ocultos que hay en la logística, sobre todo si se comete algún error o si no están bien ponderados. Eso puede tirar abajo el negocio, o puede ser el diferencial que lo haga brillar.
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¿Cómo ves la incorporación de tecnología e inteligencia artificial en el área?
Lo que me atrae tiene que ver con la potencialidad hacia adelante, con ver cómo va a impactar en el área. Porque es un área de mucho papel todavía: personas llevando carpetas a otras personas que verifican que un documento diga lo mismo que otro. Eso eventualmente va a tener que cambiar.
Lo que más me desvela es la clasificación arancelaria, porque toda la operación de comercio exterior está anclada ahí. Si eso falla, todo empieza a tambalearse. No lo veo como un competidor, sino como un apoyo para que el profesional que sabe clasificar pueda hacerlo mejor todavía, con una instancia de control, de sugerencia, de consulta que enriquezca el trabajo.
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