
En un contexto internacional atravesado por tensiones arancelarias, suba de fletes y cambios regulatorios, el retail argentino enfrenta un desafío permanente de eficiencia. Para Diego, la clave está en la coordinación operativa entre puerto, aduana y bodega: “Si no coordinás bien, empezás a sumar costos que después impactan en el consumidor”.
En tu experiencia, ¿cómo se relaciona el comercio internacional con la logística?
La relación entre el comercio internacional y la logística es intrínseca. No habría comercio internacional sin logística. Es una parte clave del comercio exterior: desde el flete internacional, que suele ser uno de los costos más grandes, hasta el flete local, que en un país grande como el nuestro también es muy importante tener bien aceitado.
En nuestro caso puntual, el flete local no pesa tanto porque todas nuestras bocas de venta están en CABA y el conurbano. Pero para empresas que tienen depósitos o sucursales en distintas provincias, esa logística interna es determinante.
¿Qué tan importante es la coordinación desde el arribo al puerto hasta la llegada al depósito?
Es esencial. Eso lo que denominamos la liberación aduanera o el flete local, el “inside”, desde la terminal portuaria hasta nuestra bodega. Nosotros estamos a unos 30 o 40 kilómetros del puerto, entonces la coordinación es clave.
Hay que trabajar con los horarios de las terminales, con los horarios fiscales y también con nuestro horario interno. Nuestro depósito empieza muy temprano, pero a las 15:30h o 16:00h corta la operación. Entonces necesitamos salir lo antes posible del puerto, llegar antes del mediodía para tener tiempo de descarga y devolver el contenedor vacío en el día. Si no, empezás a sumar costos que después terminan impactando en el consumidor.
¿Cómo impactan las tensiones comerciales internacionales en el retail argentino?
Nosotros nos vimos altamente golpeados por el tema arancelario. Veníamos en un proceso de baja de aranceles y después aparecieron estos movimientos. Lo que puede pasar es que China, que antes exportaba mucho a Estados Unidos, tenga excedentes de stock y esos productos terminen siendo más baratos para otros mercados. Eso puede ser una oportunidad.
Pero también genera tensión, y eso nunca es bueno para el comercio internacional. A mediados del año pasado los fletes internacionales subieron fuerte: pasaron de valores promedio de 3.000 o 4.000 dólares a 7.000 u 8.000, incluso más en algunos momentos. Como Estados Unidos imponía aranceles a partir de cierta fecha, todos querían que su mercadería llegara antes. Eso colapsó la oferta de espacio y disparó los costos a nivel mundial.
Entonces, puede haber algún beneficio puntual en precios, pero la incertidumbre no ayuda.

Se habla mucho de un mundo que va hacia el comercio por bloques. ¿Cómo imaginás ese escenario para Argentina?
Creo que sí, que el mundo puede ir hacia negociaciones por bloques, y va a ser importante la relación que tengamos con los referentes de cada uno. Pero hoy el principal productor de los productos que nosotros importamos - textil, juguetería, consumo masivo– es China y creo que va a seguir siéndolo.
No veo a Estados Unidos intentando competir en ese segmento, ni siquiera creo que quiera hacerlo. En commodities tal vez haya más negociación entre bloques y pueda ser más difícil colocar determinados productos, como el agro, si no tenés buena relación con algún bloque. Pero en el corto plazo no veo un cambio drástico. Los autos, por ejemplo, siguen entrando desde China.
Más allá de China, ¿qué otros países son proveedores relevantes para el retail argentino?
En textil están muy fuertes India y Bangladesh, que son fabricantes más económicos. Después Brasil es un proveedor histórico para Argentina, sobre todo en muebles y madera para retail.
Europa prácticamente no compite en precio, salvo en productos muy premium, que muchas veces también se fabrican en China. Y después depende mucho de la estructura global de cada empresa. Si tenés casa matriz en otro país, puede haber decisiones estratégicas que no estén 100% enfocadas en el costo, sino en la integración global. En un trabajo anterior, por ejemplo, fabricábamos aerosoles acá y el resto de los países le compraban a nuestra planta. Eso ya depende de la organización interna de cada grupo.
Pasando al liderazgo, ¿qué habilidades considerás clave para desarrollarse en comercio exterior dentro del retail?
La primera, en Argentina, es la adaptación. Si no tenés capacidad de adaptarte a los cambios constantes, no podés liderar el área. Es un sector que no te permite aburrirte nunca. Cambian normativas de comercio exterior, del banco, certificaciones de producto… terminás siendo experto en un montón de regulaciones.
Necesitás adaptabilidad y resiliencia. Hay años en que el comercio exterior en Argentina te golpea fuerte. Ahora estamos en un momento más simple, pero venimos de varios años de cambios permanentes.
Después, como líder, es clave la comunicación con el equipo y tener objetivos claros. Pero sobre todo, la capacidad de adaptarse.
¿Qué le recomendarías a alguien que empieza a desarrollarse como líder en un departamento de comercio exterior?
Primero, que no le tenga miedo al teléfono. El teléfono es un arma clave en comercio exterior. Llamar, preguntar, averiguar. Hoy nos quedamos mucho en el mail o el WhatsApp, pero levantar el teléfono hace la diferencia.
Hay que formar relaciones con todos tus socios estratégicos: el despachante, el forwarder, la bodega. Esa bodega que cuando le entregás un camión diez minutos antes de cerrar, necesitás que te digan “sí, bajalo”. Eso se construye con relación.
Es un área que se vincula con toda la empresa: logística, pagos, supply chain. No alcanza con mandar mails y tener tu tarea ordenada. Hay que ser proactivo, adaptarse a los cambios, leer normativas y tener una visión integral. No es solo comprar producto y traerlo.
¿Cómo ves el momento actual del comercio exterior?
Creo que estamos en un momento para aprovechar. A quienes trabajamos en comercio exterior nos aliviaron bastante la carga burocrática. En nuestro rubro había muchos trámites y hoy eso se simplificó.
Hay que tener la mente abierta para ver oportunidades. Nosotros somos importadores netos, pero ahora estamos pensando en exportar. Si tenemos casa matriz en un país con millones de habitantes y proveedores locales que pueden ayudarnos, ¿por qué no?
Ahora que salimos un poco del barro y tenemos más tiempo, es momento de pensar más estratégicamente y ver qué se puede desarrollar.
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