
Al referirse al momento actual del comercio exterior, Federico sostiene que “con procesos más simples y mayor previsibilidad, importar se convierte en una oportunidad real para las empresas”. En esta entrevista, explica qué implica un canal verde, cómo se trabaja ante un canal rojo y por qué la prevención es clave.
¿Cómo ves hoy la actualidad del sector?
Desde mi punto de vista, la actualidad del sector es positiva. Se están simplificando muchos trámites. Un ejemplo claro es el de las certificaciones, que hoy son más sencillas que hace un tiempo. Eso evita sobrecostos y también demoras.
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Además, hay un cambio operativo que no es normativo, pero sí se nota en la práctica: están saliendo muchísimos canales verdes. En nuestra experiencia, desde el último trimestre del año pasado, puede haber hasta un 70% de canales verdes. Eso agiliza mucho el sistema.
¿Qué es un canal verde y por qué es tan importante?
La Aduana realiza un control selectivo cuando llega una importación. Existen distintos canales de selectividad. En un canal rojo hay inspección física de la mercadería y revisión exhaustiva de la documentación. Eso implica más tiempo y más costos.
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En cambio, cuando sale canal verde, no hay revisión física. Se hace un control mínimo documental y la mercadería puede retirarse mucho más rápido. Esa diferencia impacta directamente en la agilidad de la operación y en los costos.
¿Qué tipo de mercadería suele salir en canal rojo?
Generalmente mercadería que requiere intervenciones especiales. Por ejemplo, productos médicos casi con seguridad van a canal rojo, porque necesitan un control más exhaustivo, lo cual es lógico. En cambio, si se trata de manufacturas plásticas o una tablet, donde no hay intervención sanitaria, es más probable que salga canal verde.
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¿Cómo se prepara un despachante para esta situación?
Siempre planificamos como si pudiera salir canal rojo. Cuando hay intervenciones o certificados, los revisamos punto por punto. El ABC es que coincida lo declarado en el despacho con los documentos comerciales y con la mercadería física. Si todo coincide, no debería haber inconvenientes. Esa es la clave.
¿Notás crecimiento en algún sector en particular?
Me toca trabajar con todo tipo de productos, sobre todo pymes, pero también empresas de consumo masivo. En alimentos estamos viendo crecimiento, especialmente en alimentos importados y golosinas. También hubo un aumento en productos de estética. En un momento fue un boom.
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¿Tiene particularidades operar con productos de estética o similares?
El esquema de trabajo es siempre el mismo. El cliente quiere hacer un pedido y lo primero que pedimos es la mayor cantidad de información posible: ficha técnica, manual, link y descripción completa. Con eso hacemos un informe sobre la clasificación arancelaria, la viabilidad de importación, los tributos y la documentación necesaria.
Puede ser un equipo médico de alta complejidad o tintas para tatuajes: el análisis es igual de detallado. Si falta documentación o certificación, la mercadería queda retenida y ahí empiezan los problemas.
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¿Qué es lo más difícil de explicar sobre la profesión de despachante?
Que no trabajamos para la Aduana. Mucha gente cree que somos parte del servicio aduanero. Nosotros somos auxiliares del servicio aduanero, pero pertenecemos a la actividad privada. Defendemos los intereses de los usuarios dentro del marco legal.

Si tuvieras que marcar un error frecuente en pymes, ¿cuál sería?
No enviar la información antes de cerrar la orden. Ha pasado que los usuarios viajan a una feria en China, cierran pedidos y después consultan. Ahí a veces hay que correr con certificaciones o se encuentran con tributos más altos de lo esperado. Ese es un error muy frecuente.
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¿Cual es el error más caro?
En comercio exterior, el error más caro siempre es el que se detecta tarde. La prevención es mucho más barata que la corrección.
Un ejemplo claro es subestimar una certificación y hacer un pedido sin consultar. Cuando el producto ya está en tránsito y no cumple, el costo es mucho mayor y no siempre el importador está dispuesto a esperar todo el proceso.
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¿Qué situaciones ponen más en juego la coordinación entre áreas?
La falta de comunicación. En una operación intervienen el importador, el despachante, la Aduana, el transportista y el forwarder. Cuando no hay información clara, aparecen los problemas. En especial con pymes que no tienen departamento de comercio exterior, el despachante termina involucrado en todas las áreas.
No siempre se puede alinear a todos. A veces hay que poner límites. Hay quienes creen que las leyes son sugerencias, y no es así. Hay que explicar riesgos y dificultades.
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Por ejemplo, un producto eléctrico con una ficha de enchufe no permitida en Argentina. Si sale canal rojo y lo detectan, no hay argumento posible. Está a la vista.
¿Qué pasa cuando una mercadería queda retenida?
Si no cumple con la normativa, puede terminar en una denuncia. En el último tiempo hubo un cambio que permite retirar la mercadería mientras se resuelve la denuncia, evitando tantos costos de almacenaje. Antes quedaba meses en depósito fiscal y el costo era enorme.
Si la denuncia no es favorable, la mercadería puede volver a origen o enviarse a destrucción. Es un proceso que demora meses y claramente no es conveniente.
¿Cómo ves las expectativas del sector hacia adelante?
Se puede ver mayor actividad y una mejora general. Se está pasando de un sistema más caótico a uno más ordenado.
Con procesos más simples y mayor previsibilidad, importar se convierte en una oportunidad real para las empresas. Para mí, las expectativas del sector son buenas.
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