
“La logística para mí tiene mucha importancia en el costo general de un producto”, afirma Franco al repasar las tensiones, diferencias regionales y necesidades operativas del sector. En esta entrevista, reflexiona sobre volúmenes, estacionalidad, servicios, desafíos y el impacto del transporte en la experiencia del cliente.
¿Cómo describís la actualidad de la construcción en seco en Argentina?
Hoy en Argentina viene creciendo, con un desarrollo constante de productos y una demanda que se mantiene fuerte a lo largo del país. Es una industria que mueve grandes volúmenes, no solo dentro del propio sector sino también en relación con otras ramas productivas.
Hay empresas muy relevantes que marcan tendencia y empujan ese crecimiento. En términos generales, es un segmento que avanza con firmeza y que tiene una participación cada vez más importante en la construcción moderna.
¿Cuáles son los principales desafíos logísticos para mover este tipo de productos?
Es un material relativamente sencillo de transportar porque es una carga general, pero requiere cuidados específicos. El manipuleo puede generar roturas y también influyen condiciones externas como la humedad o la lluvia.
Aunque se puede llevar en diferentes tipos de unidades, la clave está en elegir la más adecuada según el trayecto, porque eso asegura mejor protección y reduce riesgos. La logística no es compleja, pero sí exige atención a detalles que garantizan que el producto llegue en buen estado.
¿Qué impacto tienen estos factores externos en tu planificación diaria?
No cambia demasiado la planificación general, pero sí influye en la elección de la unidad correcta. Hay vehículos que permiten una carga y descarga más ágil, como los de cortina lateral, y otros –como playos o barandas volcables– que funcionan mejor en ciertas operaciones.
El desafío no es conseguir unidades, sino conseguir las correctas según el origen y destino. No es lo mismo operar desde Buenos Aires que abastecer ciudades alejadas, donde la disponibilidad es menor y los costos pueden aumentar.
¿Cómo influye la distribución geográfica en la logística del sector?
Pesa muchísimo. Zonas como Buenos Aires, Córdoba o Mendoza suelen tener más oferta de transporte, lo que facilita tanto la carga como la descarga. Pero en destinos más aislados es común que los transportes deban hacer desvíos o moverse vacíos para llegar, lo que encarece la operación. La ubicación define la disponibilidad, y la disponibilidad influye en la competitividad del costo. Por eso, entender bien cada región y anticiparse es clave para planificar mejor.
Hay momentos puntuales donde puede haber variaciones, pero cuando uno mira el año completo, la demanda se mantiene bastante pareja. Es un producto que tiene una distribución regular, sin grandes picos o caídas. Eso ayuda a ordenar la planificación y permite tener una lectura más clara del flujo de trabajo.
¿Qué esperás de un operador logístico?
Lo primero es predisposición al cambio, porque logística nunca es lineal. Siempre aparecen imprevistos y se necesitan proveedores que se adapten rápido. También es fundamental que tengan buenos costos, algo muy mirado hoy. Pero no alcanza con eso: se necesita calidad de servicio, cuidado del producto, coordinación fina y capacidad de dar una respuesta inmediata si surge un problema.
Muchas veces un transporte sufre una falla o no llega a tiempo, y ahí es vital que el operador pueda actuar como una “rueda de auxilio”. Además, el feedback constante con el cliente y con la empresa es parte del valor: importa que la unidad llegue bien, que el producto no se dañe y que toda la operación se mantenga clara y ordenada.
Gestionás compras y logística a nivel regional. ¿Qué desafíos implica trabajar con más de un país?
Es un desafío enorme porque cada país tiene su idiosincrasia logística, sus términos, su forma de trabajar y sus proveedores. Aunque los procesos de licitación sean similares, la terminología y la lógica operativa cambian. Y esas diferencias afectan la negociación, la comunicación y la comprensión de cada servicio.
Hay implementaciones que en Argentina son muy comunes y en otros países no aparecen con la misma naturalidad. También hay similitudes, claro: ciudades capitales con alta concentración de transporte y zonas más alejadas donde conseguir unidades es más complejo. Pero la mayor dificultad está en entender el contexto de cada país y adaptar las soluciones sin forzar modelos que no siempre funcionan igual.

¿Qué lugar ocupa la transferencia de buenas prácticas entre países?
Es clave. La mirada regional permite identificar eficiencias que funcionaron bien en un país y evaluar si pueden trasladarse a otro. A veces se puede y genera impacto directo en el gasto; otras no, porque no se ajusta al contexto local.
Parte del rol es justamente analizar eso: por qué algo funciona en Perú o Brasil y si tiene sentido implementarlo en Argentina o Chile. Y, si tiene sentido, desarrollar los procesos y trabajar con proveedores que puedan adaptarse a esas necesidades.
¿Qué le dirías al consumidor final que recibe el producto?
Que se trabaja para que el producto llegue siempre en las mejores condiciones, en tiempo y forma. Más allá de mi rol de compras, cuando pienso como consumidor quiero que lo que pedí llegue bien, completo y sin daños. Esa misma lógica la aplico a mi trabajo: cuidar el producto, mantener la calidad, cumplir los plazos y asegurar que la experiencia del cliente sea satisfactoria.
¿Qué reflexión harías sobre la importancia de la logística en esta industria?
Para mí la logística tiene un impacto directo en el costo total de un producto. Es fundamental trabajar la eficiencia interna, pero también apoyarse en proveedores que aporten soluciones, flexibilidad y cuidado del material. Lo más importante es que el producto llegue bien, llegue rápido y llegue como corresponde. Esa es la base de una gestión que realmente acompaña el crecimiento del sector.
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