
Cada 11 de octubre, el mundo celebra el Día Mundial del Dulce de Leche, uno de los emblemas más reconocibles de la identidad argentina. Sin embargo, más allá de su sabor y su historia, este producto encierra una de las cadenas logísticas más interesantes de la industria alimentaria, donde influyen factores productivos, tecnológicos y climáticos.
Desde el ordeñe en las cuencas lecheras hasta los envíos marítimos que cruzan el Atlántico, el dulce de leche depende de una planificación precisa para mantener su textura, sabor y calidad. La estabilidad del abastecimiento, el control de temperatura y la trazabilidad de los envíos son tan importantes como la receta que lo hace inconfundible
1. La cuenca lechera, punto de partida de toda la cadena
Las principales cuencas lecheras de Argentina se concentran en Santa Fe, Córdoba y el noroeste bonaerense, responsables de más de la mitad de la producción nacional. Esta localización estratégica permite un acceso rápido a rutas nacionales y a los polos industriales donde se elabora el dulce de leche.
La cercanía entre tambos y plantas procesadoras reduce los tiempos de traslado de la leche cruda, lo que es clave para mantener su frescura antes de la cocción. Esta primera etapa de la logística incluye camiones cisterna refrigerados y un estricto control de temperatura, ya que incluso pequeñas variaciones pueden alterar el contenido graso o proteico del producto base.
2. Almacenamiento y transporte: la conservación marca la diferencia
Aunque el dulce de leche es un alimento cocido y con bajo contenido de agua, su vida útil depende del almacenamiento adecuado. En la cadena logística, la temperatura y la humedad son variables críticas: si se superan los 25 °C de manera sostenida, puede producirse cristalización del azúcar o separación de fases.
Por eso, los depósitos suelen contar con sistemas de climatización y control de humedad relativa, especialmente en los meses de verano o en zonas de alta amplitud térmica. Los envíos a gran escala utilizan contenedores o camiones térmicos que aseguran una temperatura constante.
En operaciones internacionales, la conservación adquiere aún mayor relevancia. Los envíos marítimos hacia Europa o Norteamérica pueden durar más de 30 días, por lo que los contenedores refrigerados son la opción preferida para garantizar la inocuidad y evitar alteraciones del producto.
3. Exportaciones crecientes y nuevos destinos
El dulce de leche argentino tiene cada vez más presencia internacional. Si bien Chile, Uruguay y Brasil han sido históricamente los principales compradores, en los últimos años crecieron las exportaciones hacia Estados Unidos, España, Canadá y Emiratos Árabes.
El principal desafío para la exportación sigue siendo la preservación de la calidad durante el tránsito prolongado. Para eso, se utilizan tambores industriales sellados al vacío o envases multilaminados, que protegen el contenido del oxígeno y de la luz.
4. Un insumo clave para diversas industrias
El dulce de leche no solo se destina al consumo hogareño. Su uso se expandió en panificación, heladería, repostería industrial y chocolatería, lo que exige formatos logísticos adaptados a cada caso. Las plantas industriales reciben tambores de 200 kg o más, mientras que los comercios minoristas trabajan con potes o sachets de 1 a 5 kg.
Cada presentación implica condiciones específicas de transporte y almacenamiento. Los grandes volúmenes requieren paletizado automatizado y embalajes reforzados, mientras que los envases pequeños se distribuyen en cámaras más controladas. En ambos casos, los tiempos de entrega son ajustados, ya que la materia prima suele ser perecedera.
5. Dependencia directa del precio y disponibilidad de la leche
La leche es el insumo central del dulce de leche, y cualquier variación en su oferta o precio impacta de inmediato en toda la cadena. En períodos de sequía, por ejemplo, los tambos reducen su producción, lo que encarece la materia prima y presiona sobre los costos de elaboración y transporte.
Además, el aumento del precio del combustible o de los insumos para alimentación animal también incide en el valor final. Estas fluctuaciones no solo afectan al consumidor, sino también a la competitividad del producto en los mercados externos.
En los últimos años, las estrategias logísticas se enfocaron en la eficiencia energética y en la planificación del abastecimiento, con el objetivo de mantener la rentabilidad sin comprometer la calidad.
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