
El uso de inteligencia artificial ya no es exclusivo de grandes corporaciones y, desde la optimización de rutas hasta la automatización de tareas repetitivas, las soluciones tecnológicas avanzan sobre sectores como la logística y el comercio exterior. “Lo importante es pensar cómo estas herramientas pueden integrarse de forma inteligente a los procesos ya existentes”, sostiene Silvia, al referirse a los desafíos actuales en el uso estratégico de estas tecnologías.
¿Qué oportunidades abre la inteligencia artificial para sectores como la logística o el comercio exterior?
La inteligencia artificial puede ser una herramienta clave para ganar eficiencia en procesos complejos como la distribución de última milla, la trazabilidad en operaciones internacionales o la optimización de rutas. Por ejemplo, se pueden usar algoritmos que calculen en tiempo real cuál es el mejor recorrido para entregar un pedido, ahorrando tiempo, combustible y emisiones. Ese tipo de aplicación ya es una realidad, aunque a veces no seamos conscientes de que eso también es inteligencia artificial.
En este sentido, uno de los grandes desafíos es desmitificar la tecnología. Muchas veces se cree que la IA es solo para grandes corporaciones, pero en realidad está al alcance de todos. La usamos cuando el celular nos sugiere una dirección, o cuando una app nos anticipa el tráfico. Desde esos casos cotidianos hasta la automatización de centros logísticos, hay un abanico inmenso de posibilidades. Lo importante es pensar cómo estas herramientas pueden integrarse de forma inteligente a los procesos ya existentes.
¿Cómo se están adaptando las compañías argentinas a esta transformación?
En Argentina, el uso de inteligencia artificial es todavía incipiente y, en muchos casos, experimental. Hay colaboradores que ya utilizan estas herramientas para ser más productivos, pero sin que exista una estrategia clara de eficiencia por parte de las empresas. A veces incluso lo hacen en silencio, por temor a ser reemplazados.
La diferencia entre una implementación aislada y una estratégica es enorme. No es lo mismo usar un asistente para escribir un resumen que tener un sistema robusto e integrado que automatice procesos con precisión y control. El liderazgo también juega un rol clave: quienes toman decisiones deben impulsar estas herramientas como facilitadoras del trabajo, no como amenazas.
¿Cuál es el impacto real de la IA en la productividad?
Podés compararlo con WhatsApp: nadie lo ve como el reemplazo de un empleo, pero claramente cambió nuestra manera de trabajar. Permitió resolver temas en simultáneo, organizar grupos, comunicarse de forma rápida. Lo mismo pasa con la IA: no reemplaza, potencia. Es una aliada para ganar tiempo, para tomar mejores decisiones y para conectarnos mejor.
Claro que eso también trae un desafío: no quedarnos atrapados en la herramienta, sino seguir apostando al vínculo humano. La tecnología es útil siempre que nos acerque más a las personas y no que nos aísle. Esa tensión entre eficiencia y humanidad es permanente, y requiere conciencia para equilibrarla.

¿Qué ejemplos concretos conocés del uso de inteligencia artificial en procesos cotidianos?
Uno muy interesante fue el caso de una empresa que ofrece tiempos compartidos. Cada contrato tiene personalizaciones tan extremas como pedir un “trago rosa a las siete de la tarde en la puerta de la habitación”. La inteligencia artificial permite decodificar esos pedidos, procesarlos correctamente y responder a los reclamos con precisión, algo que sería imposible de manejar manualmente por la cantidad de variantes.
Otro caso es el de una estación de servicio en la que los empleados reciben asistencia de agentes de IA para recomendar el tipo de aceite adecuado según el modelo de auto. Esa persona no necesita memorizar manuales, recibe la información en segundos y brinda un mejor servicio. Es un claro ejemplo de cómo la tecnología potencia el conocimiento humano.
¿Cómo se combina el conocimiento técnico con la experiencia acumulada?
La combinación entre el know how y la inteligencia artificial es fundamental. La tecnología por sí sola no resuelve nada si no tiene el respaldo de la experiencia humana. Cuando una persona con 30 años de trayectoria se apoya en herramientas de IA para potenciar sus decisiones o automatizar tareas simples, el impacto es enorme.
Un ejemplo simple: que un agente humano no tenga que responder el saldo de una tarjeta, sino que esté disponible para resolver un problema real, como un siniestro en el hogar. Eso es aplicar inteligencia artificial de manera inteligente: liberar tiempo para tareas que requieren empatía, creatividad o juicio humano.
¿Qué desafíos plantea esto en sectores como la logística y el comercio exterior?
La logística está en plena transformación. Las personas ya no compran productos básicos como antes: ahora buscan experiencias. Eso impacta en la última milla, en cómo se entrega un pedido, en qué representa esa marca para el consumidor. Hoy elegimos marcas que se alineen con nuestros valores, y la logística tiene que estar a la altura.
Además, se suman cuestiones como la huella de carbono, el reciclado, la eficiencia en los envíos. Hay un lema familiar que usamos siempre: si no entra en el “carry on”, no va. Eso se traslada también al consumo consciente. La logística debe adaptarse a un mundo que exige sustentabilidad sin perder eficiencia, y ahí la tecnología cumple un rol clave para lograrlo.
¿Qué rol cumple la creatividad en la evolución del uso de estas herramientas?
La creatividad es fundamental. Muchas de las soluciones más innovadoras no surgen de un laboratorio, sino de los propios usuarios que detectan una necesidad concreta. Un empleado de campo, por ejemplo, puede identificar que necesita apoyo para manejar información que sería imposible memorizar, y desde ahí nace una nueva aplicación de la inteligencia artificial.
Esa mirada desde el terreno es la que le da verdadero valor a la tecnología. Por eso, lo más poderoso ocurre cuando el conocimiento técnico se combina con la experiencia real. Es un proceso sin techo: cada nueva necesidad puede convertirse en una oportunidad de mejora. Y en ese camino, el factor humano seguirá siendo siempre el diferencial más importante.
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