
Con la llegada de la temporada navideña la época de dar y recibir, muchas familias buscan adornar sus hogares con el tradicional arbolito navideño el cual puede ser artificial o natural, según los gustos.
La elección es una decisión que muchas familias enfrentan cada año. Los árboles artificiales, aunque pueden durar varios años, eventualmente se convierten en desechos plásticos. En contraste, los árboles naturales, especialmente aquellos en maceta, ofrecen una opción más ecológica al poder ser replantados y continuar su ciclo de vida.
En maceta
Hay quienes buscan opciones más “amigables” o alternativas más sostenibles para que sus especímenes no terminen en la basura o en alguna quema clandestina, por ello, una opción destacada es la adquisición de árboles de Navidad en maceta, la cual permite mantener el árbol vivo después de las festividades.
En San Pedro Nexapa, en Amecameca, Estado de México, se ofrece esta alternativa, donde los árboles pueden ser replantados en un bosque o jardín, requiriendo solo riego cada cinco días. El costo por piezas es de 2 mil 400 pesos; previo a acudir al lugar, se recomienda reservarlo con una semana de anticipación.
Los tradicionales
Por otro lado, el Bosque de los Árboles de Navidad, también en Amecameca, se ha consolidado como un destino popular para quienes prefieren cortar su propio árbol en familia en un entorno natural. Éste lugar ofrece una variedad de pinos, como el Douglas Fir y el Pinus ayacahuite, conocidos como “vikingos”, cuyos precios oscilan entre los mil 400 y los mil 800 pesos, dependiendo del tamaño y la especie que requieran las familias con base al espacio y el lugar donde vayan a ponerlo.
En la Ciudad de México, la producción de árboles de Navidad también es significativa, con más de 30 mil árboles cultivados en las alcaldías de Tlalpan (Ajusco), Milpa Alta y Magdalena Contreras los cuales están disponibles para ser cortados por las familias capitalinas, con precios que varían según el tipo y tamaño del mismo, por ejemplo, un árbol vikingo de un metro puede costar alrededor de mil pesos, mientras que un oyamel del mismo tamaño comienza en los mil 200 pesos.
Los lugares antes mencionados cuentan con el respaldo de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), lo que garantiza una experiencia segura y regulada para los visitantes que desean cortar su propio árbol. Esta actividad no solo ofrece una experiencia única y memorable, sino que también promueve prácticas más sostenibles en comparación con los árboles artificiales, que están hechos de plástico y pueden tardar años en descomponerse.

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