
El hombre invisible (The invisible Man en inglés) es un personaje nacido de la literatura, de la mano de H. G. Wells. Este autor -el mismo que escribió La Máquina del tiempo, La Guerra de los Mundos y La isla del doctor Moreau- imaginó la historia de Griffin, un científico que comenzó a realizar pruebas para cambiar el índice de refracción de su cuerpo y volverse invisible. Lo logra, pero al hacerlo no puede volver a su estado anterior lo que lo lleva a la locura. La novela, de 1897 se publicó originalmente en entregas para la revista Pearson’s Magazine y tuvo adaptaciones en televisión, cine, otras novelas y cómics.
Una de las más recordadas es El hombre invisible (The Invisible Man, 1933), dirigida por James Whale y que configuró muchas de las cosas que conocemos del personaje, como esa tendencia a envolverse en cinta de gasa, o el uso de lentes para tapar los ojos. La dificultad en los efectos visuales se suple con gran maestría para resolverlo creativamente, en una cinta que sigue funcionando a pesar del paso del tiempo. Como varias películas de esa época, tuvo diversas secuelas.
En el año 2000 Paul Verhoeven (director de culto con películas como RoboCop, Bajos Instintos, Starship Troopers o El vengador del futuro) agarra el concepto y lo transforma en El hombre sin sombra (Hollow Man); con el tríptico actoral Kevin Bacon / Elisabeth Shue / Josh Brolin a su disposición, el director intenta mezclar la ciencia ficción, lo científico, lo sexual y lo violento en un producto que no termina de funcionar del todo a pesar de su protagonista. Tiene una secuela que nadie recuerda.
Veinte años después, el personaje sigue funcionando y así surge El hombre invisible (The invisible man, 2020), dirigida y escrita por Leigh Whannell (Insidious: Chapter 3) y que trae algunos aspectos de la historia original, algunas cosas exploradas a medias por Verhoeven y el gran acierto interpretativo de Elisabeth Moss. La violencia en todas sus aristas, más la sumisión sexual por medio de la fuerza son elementos que suman a una buena adaptación con un flojo final.

Diario de un hombre invisible (Memoirs of an Invisible Man, 1992) es una de las más recordadas por una generación, hija del “cine shampoo” de finales de los ochenta, utilizaba conceptos del personaje pero está basada en la novela homónima escrita por H. F. Saint. Protagonizada por Chevy Chase, Daryl Hannah y Sam Neill tiene entre sus pergaminos el nombre de su director: John Carpenter (el mismo de Halloween, La Niebla y Fuga de Nueva York, entre otras). La mezcla de humor y horror no termina de consolidarse, creando un híbrido que sólo funciona por el factor nostálgico.
La Liga Extraordinaria (The League of Extraordinary Gentlemen, 2003) basada -por decirlo de alguna manera- en el cómic de Alan Moore es otra aproximación al personaje. La película, que fue un fiasco tan grande que retiró a Sean Connery de la actuación, presentaba a diversos personajes reconocidos de la literatura uniéndose contra Moriarty. Lamentablemente, la evolución de Griffin no sigue los lineamientos originales, lo que podría ser complicado de realizar en una cinta para mayores de 16 años.
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