
Bong Joon-ho nació en 1969 en Daegu, Corea del Sur; tiene en su haber varias películas como director, guionista y productor, alguna adaptación de sus obras en formato de serie en la gran N roja y algunos cortometrajes y documentales.
Pero a pesar de toda su carrera, la mayoría en Occidente lo conoció durante la entrega de los premios Oscar de 2020 cuando arrasó llevándose cuatro estatuillas: Mejor Guión Original, Mejor Director, Mejor Película Extranjera y Mejor Película… quiere decir que desde el centro de Estados Unidos se llevó todos los premios grandes a su Corea oriental.
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Parásitos (Gisaengchung / Parasyte, 2019) es una clara muestra de la capacidad del director para crear piezas inclasificables. La gran ganadora de los Oscar 2020 es una suerte de drama / comedia negra sobre una familia de bajos recursos que comienza a tomar control de la casa de una familia rica.
La crudeza con la que se trabaja la visión de los estamentos más bajos de la pirámide social, se refuerza con una tridimensionalidad de los personajes que van desde los que odian a quienes están por encima hasta los que quieren crecer para llegar a “ser alguien”. Esa lucha de clases en clave Guerra Fría termina por estallar en un cambio de tono tan sorprendente como efectivo. Es necesario verla un par de veces para encontrar ciertas sutilezas a nivel gráfico, composición y guión.
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En 2013 Bong Joon-ho sorprende adaptando un cómic francés de 1982 llamado Le Transperceneige, y dirige una película para el mercado surcoreano pero en inglés. Así nace Snowpiercer (Seolgugyeolcha), una alegoría sobre la sociedad de consumo desigual en clave ciencia ficción. La historia se desarrolla en 2031, la Tierra se encuentra atravesando una nueva era glaciar producto de un mal desarrollo de una herramienta para contrarrestar el cambio climático en 2014.
La sociedad completa vive en un tren gigantesco donde las élites habitan en los primeros vagones con lujos y bienestar, mientras que los pobres y enfermos, habitan la parte final del tren en condiciones insalubres; cuando comienza la historia se está gestando una revolución. Algo que luego explotaría más en Parásitos. Termina siendo una gran cinta de acción con la participación de Chris Evans como protagonista. Un gran maridaje del cine oriental con el cine de Hollywood.
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Bong Joon-ho no escapa a ningún género, y lo demostró en 2006 cuando dirigió The Host (Gwoemul) una película enmarcada en el subgénero de monstruos kaiju (estilo Godzilla) pero con el diferencial que siempre ofrece su director. Ésta fue la cinta que modificó para siempre su carrera: con el éxito que había logrado con su anterior film Memorias de un asesino (Salinui chueok, 2003) tenía los ojos puestos de todo el público en el estreno de su nuevo opus. ¿El resultado? Más de un cuarto de toda la población de Corea del Sur vio la historia de un monstruo creado por la mala praxis de Estados Unidos en suelo oriental, convirtiéndola en uno de los máximos sucesos de su historia.
Con un monstruo gigante que ataca a la gente, la película se va volviendo más y más introspectiva hasta terminar en la historia de una familia queriendo rescatar a la hija. Grandes efectos y una manera diferente de contar una historia que ya vimos mucho en Occidente.
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