
El asunto del correo era “Cuando el microondas te pide el consentimiento”, y como subtítulo: “Por un sobreviviente de la era analógica”.
Ser un “Silver” en pleno 2026 no es para cobardes. Si usted nació cuando los teléfonos tenían cable y “la nube” era algo que anunciaba lluvia, bienvenido al club. Hoy, cruzar los 65 o más no significa sentarse a ver crecer las plantas en el jardín, significa intentar desbloquear la heladera con la mirada mientras el electrodoméstico te juzga en silencio porque tus niveles de colesterol han subido un 2 por ciento.
PUBLICIDAD
La vida moderna se ha convertido en una yincana tecnológica donde los obstáculos son códigos QR que no se dejan leer y asistentes de voz que parecen tener problemas de audición selectiva. Ayer mismo, intenté encender la cafetera con un comando de voz.

—“Alexa, haceme un café“, dije con la autoridad de quien pagó los impuestos en 2001.
—“Lo siento, Germán”, respondió la voz metálica, “no puedo procesar cafeína hasta que tu reloj inteligente confirme que dormiste al menos seis horas de sueño profundo. Por ahora, te he programado una infusión de valeriana y un podcast sobre meditación cuántica”.
PUBLICIDAD
El problema es que ahora todo es “inteligente”, lo cual nos hace sentir, por contraste, bastante tontos. El otro día fui al supermercado —uno de esos donde ya no hay cajeros, sino sensores que detectan hasta tus pensamientos pecaminosos sobre el chocolate— y me quedé atrapado en la puerta giratoria porque mi aplicación de pago había decidido actualizarse justo en el umbral. Estuve dando vueltas como un hámster en jubilación hasta que un adolescente de 12 años, con pantalones más anchos que su futuro, simplemente tocó un panel invisible y me liberó.
—“Fuerza, abuelo, es el 10G, que a veces laguea”, me dijo.
Yo solo quería un litro de leche, no una lección de física de partículas.

El drama de los grupos de WhatsApp
Pero donde realmente se libra la batalla por la dignidad Silver es en WhatsApp. Hemos pasado de no saber mandar un SMS a ser los reyes del sticker inapropiado. Mi tía abuela, una mujer que antes no decía ni “pucha”, ahora contesta a las noticias de tragedias mundiales con un GIF de un gatito bailando samba porque “los colores eran lindos”.
PUBLICIDAD
Y ni hablemos del uso de los puntos suspensivos. Para un Silver, escribir: “Hola hijo...” no significa que te va a pedir dinero o que alguien ha muerto, es simplemente que le gusta el suspenso dramático. Sin embargo, para mi hijo de 25 años, esos tres puntos son el equivalente a ver a la Parca afilando la guadaña en la puerta de su casa.
La odisea del gimnasio y el “biohacking”
Ahora está de moda el “biohacking”. Los Silver de hoy ya no vamos a caminar al parque con alpargatas, concurrimos al gimnasio con dispositivos que miden la saturación de oxígeno, el ritmo cardíaco y las ganas de vivir. El lunes pasado, mi entrenador —un joven que probablemente cree que los Beatles son una marca de audífonos— me pidió que hiciera una serie de “burpees”.
PUBLICIDAD

—“¿Hacer qué?“, pregunté.
—“Es un movimiento funcional, Germán”.
—“Funcional será para vos. A mi edad, si me tiro al suelo es para buscar una billetera o porque me dio un calambre, pero levantarme de un salto requiere una grúa municipal y un permiso de obra”.
PUBLICIDAD
El futuro nos pisa los talones (literalmente)
Lo más inquietante de este 2026 es la robótica doméstica. Tengo un robot aspirador que se supone que mapea la casa. El problema es que el mío parece tener crisis existenciales. A veces se queda encerrado en el baño chocando contra el bidé y otras veces me persigue por el pasillo como si quisiera reclamar el territorio. Mi mujer dice que es porque le puse nombre (“Pascual”), y que ahora el robot siente que es parte de la familia y quiere participar en las cenas.

Ser Silver hoy es vivir en un episodio de Black Mirror dirigido por Cantinflas. Es intentar mantener la compostura mientras un holograma te explica cómo separar los residuos orgánicos de los plásticos biodegradables de tercera generación. Pero, a pesar de todo, tenemos una ventaja imbatible: nosotros sabemos qué hacer cuando se va la luz. Mientras los jóvenes entran en shock catatónico porque no pueden cargar el móvil, nosotros sacamos las velas, una baraja de cartas y recordamos con una sonrisa que, hace no mucho, el mayor avance tecnológico era que el control remoto tuviera pilas nuevas.
PUBLICIDAD
Así que, si me ven peleando con un cajero automático que insiste en que mi cara no coincide con mi selfie de seguridad, no se rían. Mañana les pasará a ustedes, y espero que, para entonces, los robots tengan al menos un poco más de paciencia.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
“El tiempo de quien se jubila no vale menos”: la red social que desafía el aislamiento de los silvers
Cuando sus padres empezaron a decirle “gracias por venir” o “gracias por llamar”, Fernando Dellepiane entendió que la sociedad empuja a los mayores a sentir que su tiempo no tiene el mismo valor que el de los otros. De esa revelación nació Vermut, una plataforma creada para devolver el protagonismo a los adultos mayores a través del encuentro presencial

La artritis de la mano en foco, qué la causa y cómo aliviar el dolor
El dolor persistente en los dedos limita actividades cotidianas y afecta a millones de personas. Médicos explican los factores de riesgo, los síntomas principales y los tratamientos que hoy recomiendan para mejorar la calidad de vida

Carolina de Mónaco, 69 años: el triunfo de la naturalidad en una era dominada por la artificialidad y los filtros digitales
En una época obsesionada con la juventud perpetua, la hoy princesa de Hannover es un contra ejemplo: ha cruzado el umbral de la edad madura como artífice del arte de envejecer con naturalidad, autenticidad y soberana elegancia

Bárbara Rey Actis, especialista en longevidad: “La IA va a favorecer al talento senior”
Esta profesional argentina radicada en Madrid afirma que la inteligencia artificial está sustituyendo muchos puestos de trabajo junior; en contrapartida, las empresas empiezan a darle más valor a “la experiencia, es decir, al pensamiento crítico, la capacidad creativa, la toma de decisiones relevantes”

Un estudio sugiere que la bicicleta sería una aliada en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson
Sesiones regulares de pedaleo pueden impulsar la neuroplasticidad, además de sus otros beneficios ya conocidos para la salud y el bienestar. Los especialistas sugieren integrarla en los tratamientos, salvo en casos muy avanzados



