El diminuto pueblo escondido en el corazón de los Picos de Europa con tan solo 12 habitantes: una de las mejores vistas del Naranjo de Bulnes

Este rincón se ubica cerca de una de las rutas más conocidas del norte de España y se ubica a más de 400 metros de altura

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Camarmeña, en Asturias (Adobe Stock).
Camarmeña, en Asturias (Adobe Stock).

Los Picos de Europa es uno de los espacios naturales más impresionantes de Europa. Con sus imponentes montañas, extensos valles y picos que desafían a los más aventureros, este enclave atrae a viajeros de todo el mundo que buscan descubres sus espectaculares paisajes. Es por ello que sus senderos son mundialmente conocidos, especialmente la Ruta del Cares, un recorrido a través de majestuosos desfiladeros que dejan sin aliento.

Pero esto no es todo, pues sus paisajes montañosos están repletos de pequeños pueblos que mantienen las tradiciones y las costumbres propias de esta región. De hecho, es precisamente en el desfiladero del Cares donde se ubica uno de los más pintorescos. Estamos hablando de Camarmeña, un diminuto rincón enclavado a más de 400 metros de altura que brinda una de las mejores vistas de los Picos de Europa. Esta aldea pertenece al concejo de Poncebos y se encuentra muy cerca de Poncebos.

Un majestuoso paisaje

Vista del Naranjo de Bulnes
Vista del Naranjo de Bulnes desde Camarmeña, en Asturias (Adobe Stock).

Enclavado en la ladera y con panorámicas de hasta 90 grados sobre el valle, Camarmeña aparece como un destino en el que el ritmo lo marca la naturaleza, el rumor del río y el eco de las montañas, ofreciendo a quienes lo visitan una alternativa para desconectar y reencontrar la tranquilidad a los pies de los Picos de Europa. A la hora de acceder a Camarmeña, el viajero se enfrenta a un trayecto que exige cierta pericia y paciencia, ya que el camino desde Poncebos supone una ascensión por una carretera estrecha y sinuosa, flanqueada por paredes de roca y miradores naturales.

Esta vía, la PO‑2, recorre apenas poco más de un kilómetro, un tramo que puede afrontarse en coche en unos 5 o 6 minutos, o bien a pie, lo que requiere entre 25 y 30 minutos debido a la fuerte pendiente que caracteriza al acceso desde el fondo del valle. Quienes alcanzan este rincón del oriente asturiano descubren un pueblo prácticamente detenido en el tiempo.

Tanto es así, que con poco más de una docena de habitantes y abrigado por el entorno abrupto de los Picos de Europa, la localidad se presenta como refugio en el corazón de una de las maravillas naturales de España. De hecho, el mirador de Camarmeña se ha consolidado como uno de sus principales atractivos, permitiendo vistas privilegiadas que abarcan el Picu Urriellu, la Canal del Tejo y el propio desfiladero del Cares, reconocido como uno de los más espectaculares de Europa.

Senderismo, patrimonio y una rica gastronomía

Vista de Camarmeña, en Asturias
Vista de Camarmeña, en Asturias (Adobe Stock).

La localidad ofrece mucho más allá de las conocidas rutas senderistas. Además de la popular Ruta del Cares, se inicia aquí la senda hacia los Invernales de la Caballar, una excursión menos frecuentada que atraviesa claros de prado y zonas boscosas, brindando nuevas perspectivas de la alta montaña asturiana. Por su parte, el patrimonio arquitectónico se refleja en la iglesia medieval de San Pedro, cuya silueta destaca ante el telón de fondo de los Picos.

Igualmente, la visita gastronómica encuentra estación en el Bar La Fuentina, suspendido literalmente sobre el abismo del desfiladero. Este establecimiento invita a degustar platos tradicionales como la fabada, el pote asturiano o el cabrito al horno, acompañados de quesos reconocidos como el Cabrales o el Gamonéu. Comer en su terraza permite una experiencia donde el paisaje y la cocina local se funden de forma singular.

La bonita ruta por los Pirineos que conduce a la ‘pirámide oscense’: descubre un pueblo abandonado y unas impresionantes vistas.

Pero esto no es todo, pues la historia y la leyenda también forman parte del carácter de Camarmeña. Según la tradición popular, Don Pelayo habría encontrado refugio en sus proximidades antes de la Batalla de Covadonga en el año 718, tras cruzar el puente de La Jaya en Poncebos. Aunque no existen pruebas documentales que lo corroboren, el relato se mantiene como parte de la identidad colectiva del lugar.