
A finales del siglo XIX, Barcelona se convirtió en el epicentro de un movimiento que quiso mirar al futuro sin renunciar a la raíz: el modernismo. Fue entonces cuando arquitectos, artesanos y mecenas transformaron el paisaje barcelonés en una expresión exuberante de formas orgánicas, símbolos ocultos y soluciones técnicas adelantadas a su tiempo. Así, en medio de la expansión del Eixample, surgieron edificios que hoy se han convertido en iconos universales: la Sagrada Familia, con su geometría imposible; la Casa Batlló, donde el dragón duerme sobre el tejado; el Hospital de Sant Pau, donde la salud y la belleza se dieron la mano.
Pero, a pesar de que la Ciudad Condal sea la cuna del Modernismo, en otras ciudades también se pueden encontrar obras de arte que corresponden con este movimiento. Así, apenas a una hora de la metrópoli catalana, en el municipio de Vilanova i la Geltrú, Can Sebastià Soler, también conocida como Can Pahissa, se alza como un tesoro desconocido en la región. Con más de 100 años, este edificio es un claro exponente de este tipo de arquitectura y una escapada perfecta cerca de Barcelona.
Una arquitectura exquisita con influencias indianas

En pleno auge del modernismo catalán, la ciudad de Vilanova i la Geltrú fue testigo del regreso de Sebastià Soler i Miró, un indiano que hizo fortuna en Iquique, Chile, dedicándose al comercio de madera y guano, y también como naviero. A su vuelta, decidió encargar la construcción de una residencia que reflejara tanto su éxito económico como su conexión con las corrientes estéticas de la época. Así nació Can Pahissa, también conocida como Casa Sebastià Soler, cuyo proceso de edificación se extendió desde 1916 hasta 1921.
El resultado fue una vivienda que mezcla el refinamiento decorativo del modernismo con la distribución funcional propia de las casas señoriales de principios del siglo XX. En su diseño destacan el uso de cerámica vidriada, forja de hierro, vitrales y esgrafiados, elementos que forman parte del lenguaje arquitectónico del modernismo catalán. Aunque la fachada de Can Pahissa, con sus motivos florales y esgrafiados, capta de inmediato la atención del visitante, es el interior del edificio donde se despliega con mayor intensidad la riqueza ornamental.
Allí, las molduras decorativas, los suelos de mosaico hidráulico y las vidrieras de colores configuran un espacio donde la luz natural se convierte en protagonista, filtrándose a través de cristales emplomados y proyectando reflejos cambiantes sobre las estancias. Las soluciones arquitectónicas están pensadas no solo para impresionar, sino también para habitar con comodidad. Cada detalle refleja la voluntad de crear una vivienda sofisticada, luminosa y armónica, en consonancia con las aspiraciones de una clase social que buscaba en la arquitectura una forma de representación.
Un espacio vivo al servicio de la ciudadanía

Hoy, más de un siglo después de su construcción, Can Pahissa ha dejado de ser una residencia privada para convertirse en un centro público al servicio del municipio. Rebautizada como Can Sebastià Soler, la casa alberga actualmente el Centre de Resiliència i Sostenibilitat de Vilanova i la Geltrú, un espacio que promueve iniciativas medioambientales, educativas y culturales.
Además, los jardines de la casa, acondicionados por el Ayuntamiento como refugio climático, están abiertos al público de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 horas. Su vegetación y sombra los convierten en un lugar de descanso y encuentro en pleno entorno urbano. En cuanto al interior del edificio, su acceso está reservado a actividades concretas o visitas guiadas previamente programadas. Para conocer la programación o solicitar información sobre posibles recorridos por el interior, los interesados pueden contactar con el propio centro de sostenibilidad o consultar la agenda cultural del Ayuntamiento.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 1 hora por la vía AP-7. Por su parte, desde Tarragona el trayecto tiene una duración estimada de 55 minutos por la misma vía.
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