
La vida de Desirée Vila dio un giro de 180 grados en el año 2015. La joven atleta acababa de participar en un Mundial de gimnasia acrobática y estaba preparando un Europeo cuando se rompió la tibia y el peroné y una negligencia médica la llevó a perder la pierna. Pero supo reponerse y reinventarse dentro del deporte. Primero como velocista y después como atleta de salto de longitud, participando en los Juegos Paralímpicos de Tokio y de París. Desirée es todo un referente para muchas mujeres y niñas, no solo por su faceta deportiva, sino porque defiende un deporte “sin discriminación por sexo o por el tipo de cuerpo que tienes. El deporte es para todo el mundo, no debería haber etiquetas”.
Desirée era una niña “inquieta” y fue probando distintas modalidades de baile como gallego, hip-hop o ballet hasta que se dio cuenta de que era en baile moderno donde más potencial tenía porque se le daban bien las acrobacias. Su madre, tras ver un anuncio en el periódico, decidió apuntarla al club Flic Flac, dedicado a la gimnasia acrobática. Aunque empezó tarde, Desirée no tardó en despuntar y el equipo nacional llamó a su puerta. Empezó a competir en España y después a nivel internacional. “Era complicado compaginarlo con el colegio porque entrenábamos tres horas al día todos los días y yo tardaba una hora y pico en llegar al pabellón. Me acostumbré a hacer los deberes en el autobús y estudiar el fin de semana, mientras mis amigos se iban al cine o a tomar algo, porque un requisito es sacar buenas notas”.
En el año 2015, tras participar en el Mundial, Desirée se enfrascó en la preparación del europeo, pero se fracturó la tibia y el peroné haciendo una acrobacia. “La arteria poplítea también se obstruyó, pero eso no lo detectaron los médicos”, relata. Esa obstrucción creó una necrosis, que provocó una infección y sus órganos vitales comenzaron a verse afectados. “Cuando me doy cuenta estoy en la UCI luchando por mi vida y me comunican que me amputaron la pierna por encima de la rodilla para quitar la infección y para salvarme la vida. Fue duro”, recuerda. En ese momento, Desirée no tenía ningún tipo de información acerca de cómo iba a ser su vida a partir de ese momento.
Tras la operación, Desirée recuerda que pasó por distintos periodos. “Primero por la fase de no enterarme de nada porque me dieron antidepresivos y estaba como en los mundos de Yupi, después negación y medio depresión, porque no quería salir de casa”. Luego, poco a poco, fue llegando la aceptación a partir de que le pusieron la prótesis y empezó a andar de nuevo: “Volvía a ser independiente y autónoma”. Dos factores que echó muy en falta tras la amputación porque le “quitó la seguridad en sí misma”. Ahora, eso que le acomplejaba en el pasado ha desaparecido y es precisamente lo que trata de transmitir en sus redes sociales: “Cada persona tenemos unos cuerpos distintos y habrá partes de nuestro cuerpo que nos gusten más o que nos gusten menos. Pero oye, es lo que nos ha tocado y hay que aceptarlo y aprender a querernos como somos”, destaca.

De la gimnasia al atletismo
Después de perder la pierna, Desirée comenzó a hacer natación como rehabilitación y cuando le pusieron la prótesis empezó a hacer ejercicio en el gimnasio, pero “todo de forma muy funcional para aprender a caminar y retomar poco a poco mi vida”. Aunque reconoce que la posibilidad de hacer atletismo ya comenzaba a llamar a su puerta, porque tenía mucho potencial para ello. “Era joven, venía del mundo del deporte y mi cuerpo estaba acostumbrado a entrenar”, asegura. Esas características y capacidades hicieron que en poco tiempo pasara de correr 20 metros a competir en velocidad.
En ese momento surgieron otras dudas: “Cuando vi que la cosa se ponía seria, me acordé mucho de cómo era mi vida como gimnasta, que básicamente no tenía vida, no tenía vida social”. Ella ya sabía lo que suponía dedicar su vida al deporte, “los esfuerzos que tienes que hacer a nivel físico y mental y las renuncias”. Ese sentimiento se intensificó cuando realizó su primer europeo. “Hice una salida falsa en los 100 metros porque salí antes de tiempo y me descalificaron. Lo pasé muy mal. Y me planteé si merecía la pena pasar por esos momentos difíciles”.
Fue un entrenador quien le ayudó en esos momentos y juntos comenzaron a poner nuevos objetivos en el calendario: los Juegos Paralímpicos de Tokio. Esa primera cita olímpica llegó con retraso, un año exactamente, debido a la pandemia, aunque a Desirée le sirvió para recuperarse de una lesión y tener más tiempo para preparar la competición. Allí, en Japón, consiguió un diploma olímpico. “No hice mi mejor marca, pero fue una experiencia muy bonita”, considera. París fue totalmente distinto. La cercanía le dio la posibilidad de que en las gradas estuvieran su familia y amigos y el estadio lleno, además de la experiencia de ya haber vivido unas Olimpiadas. Ahora, la atleta ya piensa Los Angeles. Primero en clasificarse y después sueña con colgarse una medalla.
El acoso en redes sociales
Fue precisamente durante la preparación de los Juegos Olímpicos de París y pocos días antes del 8M del año pasado, cuando Desirée sufrió en primera persona la peor cara de la sociedad. Tras subir un video a sus redes sociales sobre humor negro y su discapacidad, la publicación se viralizó y comenzó a recibir mensajes de índole sexual. “Era la primera vez que me pasaba algo así de manera tan masiva. Como mujer, creo que a casi todas nos pasa de recibir algún mensaje fuera de tono sobre nuestro cuerpo. Ese momento eran como miles de mensajes y de tíos babosos y aproveché las redes sociales y un poco el altavoz que tengo para denunciarlo”
En ese momento, se dio cuenta de que eso le ocurrió por ser mujer y que “posiblemente si hubiese sido hombre no me habían caído esos comentarios. Pensé: ‘Estamos en el prehistórico’”. Son ese tipo de acciones y mensajes los que la han convertido en un referente para miles de mujeres, más allá de lo deportivo. “Ser referente es responsabilidad, porque a veces no eres consciente del impacto que tienes. Las cosas que subo de mi día a día son una herramienta para mucha gente, para comprender y entender que no están solos y no son los únicos pasando por una situación”. Esas publicaciones diarias, esa normalización de su prótesis y su discapacidad son las que le han permitido aceptarse y ayudar a otros a hacer lo mismo.
La discriminación en el deporte
En los últimos años, las mujeres han dado pasos agigantados en cuanto a derechos y visibilidad, aunque todavía falta terreno por recorrer. “A mí no me gusta esa imagen de pobrecita y de ‘qué fuerte siendo mujer que haga esto’“, destaca. Y recuerda: ”Cuando era pequeña, en el colegio estaba mucho más fuerte que mis compañeros chicos, y se sentían mal porque les ganaba a un pulso y me llamaban macholo. Eso me dio mucha inseguridad y de hecho estuve a punto de dejar la gimnasia por esto. Me gustaría que el deporte no fuera para niños o niñas, que tuviéramos la libertad para elegir”.
En ese sentido, considera que el deporte debería ser “una educación en valores, donde no exista discriminación por sexo y que cada uno practique el que quiera”. Y añade: “Y que el deporte sea para todo el mundo, sin etiquetas, y las niñas se sientan seguras haciendo cualquier tipo de deporte sin que sea algo con lo que hacer bullying o discriminar”. Y precisamente es ahí donde los referentes como Desirée entran en escena, para que los niños, niñas o mujeres se sientan más representadas.
Últimas Noticias
Quién es Pablo Machín, el técnico que podría hacerse cargo del Sporting tras la destitución de Rubén Albés
El Sporting busca cerrar la contratación de su nuevo entrenador en el menor tiempo posible, con el objetivo puesto en que pueda dirigir la sesión de entrenamiento programada para el martes
Qué se sabe de los jugadores de béisbol venezolanos que han pedido asilo en Barcelona
El motivo de pedir el asilo, según destacaron, era tener “la oportunidad de poder incrementar” su potencial en dicho deporte en España
