Lao-Tse, filósofo chino: “Cuando te contentes con ser simplemente tú mismo y no te compares ni compitas, todos te respetarán”

El padre del taoísmo defendía la autenticidad como un requisito indispensable para poder tener una vida en equilibrio

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Pintura del filósofo chino Lao-Tse.
Pintura del filósofo chino Lao-Tse.

El pensamiento oriental se compone de muchas y muy distintas vertientes. Sin embargo, pocos discuten que el taoísmo sea una de las más influyentes, así como una de las más profundas y espirituales. Su concepto central, el Tao, hace referencia a un camino: el principio supremo que rige el orden natural del universo. En función de él, debemos promover la armonía y la sencillez para mantener un equilibrio constante entre las fuerzas opuestas a partir de las que se construye la realidad.

El fundador del taoísmo no fue otro que Lao-Tse, una figura tan relevante como misteriosa en la historia de la filosofía. Se dice que fue un archivero de la corte de los Zhou antes de retirarse hacia el oeste. A lo largo de su vida, todo su pensamiento iría a parar al Tao Te Ching, un texto fundamental que ha servido de guía vital y espiritual a millones de personas.

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Esta obra condensa la esencia de su sabiduría en sentencias memorables que invitan a la introspección. Entre ellas destaca la siguiente máxima: “Cuando te contentes con ser simplemente tú mismo y no te compares ni compitas, todos te respetarán”, una frase que resume la importancia de la autenticidad frente a la presión social y la ambición desmedida que nos alejan del centro.

Pintura de Lao-Tse.
Pintura de Lao-Tse.

El significado de la frase de Lao-Tse

El filósofo chino nos invita a practicar el wu wei, o la acción sin esfuerzo, que consiste en fluir con nuestra propia naturaleza. Al dejar de compararnos con los demás, eliminamos la envidia y el conflicto interno que agotan nuestra energía vital. Por eso, afirmaba: “Quien se conoce a sí mismo es iluminado”, lo que nos sugiere que la verdadera fuerza reside en la aceptación y no en la apariencia.

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En el día a día actual, la idea de Lao-Tse es más relevante que nunca debido al auge de las redes sociales. A menudo medimos nuestro éxito comparando nuestras vidas con las imágenes (reales o no) de otros, generando una insatisfacción constante. Aplicar la filosofía de Lao-Tse significaría apagar el ruido externo para valorar nuestros propios logros y talentos únicos y encontrar así la paz que tanto anhelamos.

El respeto de los demás llega, paradójicamente, cuando dejamos de buscarlo con desesperación o artificios. Al ser auténticos, proyectamos una seguridad y una coherencia que atraen de forma natural la admiración de nuestro entorno. Como bien decía el filósofo: “El que se exalta no brilla”, queriendo decirnos que la humildad y la honestidad personal son las herramientas más potentes para generar un impacto positivo en la sociedad.

Cubierta del 'Tao Te Ching' de Lao-Tse.
Cubierta del 'Tao Te Ching' de Lao-Tse. (Editorial Alma)

Un asunto tanto de Oriente como de Occidente

El requisito de la autenticidad para poder disfrutar de una vida plena no es exclusivo del taoísmo, pues aparece en otras corrientes. En la Antigua Grecia, los estoicos compartían visiones muy similares sobre la importancia de centrarse en lo interno. Epicteto, por ejemplo, afirmaba que no debemos pretender que las cosas ocurran como queremos: “Desea que ocurran tal como ocurren y te irá bien”.

Incluso en la filosofía moderna, encontramos ecos de esta necesidad de desmarcarse de la masa para encontrar el yo verdadero. Ralph Waldo Emerson, famoso filósofo estadounidense, escribió en su ensayo Confianza en sí mismo: “Ser uno mismo en un mundo que intenta constantemente convertirte en otra cosa es el mayor de los logros”. En otras palabras, la comparación equivale a echar a perder la felicidad que está a nuestro alcance.

Las palabras de Lao-Tse trascienden fronteras y épocas al recordarnos que la competencia externa es una ilusión que nos debilita como individuos. Al abrazar nuestra esencia y abandonar la lucha por superar a otros, recuperamos la soberanía sobre nuestra propia vida. Una idea que explica por qué, durante miles de años, el taoísmo ha seguido siendo un importante faro de luz para quienes buscan serenidad en un mundo dominado por el caos.

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