Desde sus inicios en el cortometraje el director Paul Urkijo Alijo (Vitoria-Gasteiz, 1984), siempre se ha mantenido fiel a su espíritu, el de recoger la tradición del folclore del País Vasco. Debutó con Errementari (El herrero y el diablo) y continuó con la fantasía épica Irati, que batió un récord convirtiéndose en la película más taquillera de la historia rodada en euskera. Su cine, cimentado en leyendas, mitología y una visión profundamente enraizada en la tradición oral de su tierra, encuentra una vez más su cauce natural en Gaua, la película en la que Urkijo se adentra “en esos cuentos, esas leyendas más oscuras, vinculadas a la noche. Ese terreno donde quien es el rey es Gaueko, el dios de la noche de la tradición vasca”.
El cine de Paul Urkijo se teje con la materia prima de la memoria y el folclore. Esta pasión, lejos de ser una elección intelectual o de guion, nace de una vivencia profundamente personal y familiar. “Mis padres me lo contaban cuando yo era niño e íbamos al monte”, recuerda Urkijo, evocando aquellas caminatas marcadas por relatos de seres mitológicos y sucesos inexplicables. No solo confiesa haber crecido con esas historias: “Para mí esos seres existen. Cuando voy al monte, están ahí, de alguna manera. No los veo, pero sé que están”.
Reivindicar las leyendas vascas
El relato oral, la tradición del País Vasco y su idioma adquieren un significado casi sagrado en la obra de Urkijo. El cineasta señala que la transmisión del folclore en euskera no es una mera cuestión de autenticidad estética, sino de identidad: “El material del que parto está vinculado al euskera. Las leyendas están llenas de rimas, de nombres, de hechizos. Hacerlo de otra manera no tendría ningún sentido”.

Esta declaración de intenciones por preservar la cadena de transmisión cultural no solo mantiene vivo el idioma, sino también la poesía y la autenticidad de las historias: “Creo que esa cadena es importante mantenerla en el idioma en el que se transmite, porque si no, se pierde, se pierde mucho. Hay una poesía muy bonita en el propio lenguaje”.
Las brujas son buenas
Para Urkijo, la investigación y adaptación de estos relatos implica también mirar con ojo crítico el pasado y el presente. Reconoce que el imaginario de las brujas tiene mucho de “mentiras que contaron los inquisidores allá por el siglo XVII”, donde “se supone que fornicaban con el diablo en forma de macho cabrío y practicaban la antropofagia y el infanticidio”. Lejos de repetir esa visión, el cineasta busca reescribirla: “Yo, de alguna manera, recojo un poco todo ese imaginario tan poderoso que tenemos, tanto las que son más legendarias, incluso paganas, con todas esas mentiras que luego también han sido parte de nuestra iconografía”.
Desde una perspectiva contemporánea, Urkijo reconoce que para su generación “las brujas son buenas. Es un personaje rebelde que se enfrenta al ‘statu quo’, que representa la otredad, lo diferente”. Así, Gaua se alza como “un canto a la libertad a través de la oscuridad”, reivindicando los elementos mágicos y marginales como instrumentos de resistencia.
Las leyendas y los mitos, argumenta, sobreviven porque contienen símbolos que se actualizan y vibran en cada época: “El poder que tienen las leyendas y los mitos, que malamente se han llamado muchas veces cuentos infantiles, realmente tienen mimbres y símbolos muy poderosos que se actualizan cada vez que un narrador las repite a través del filtro de su momento. Por eso es vigente y no caduca nunca”.

Gaua dialoga con la opresión de antaño (la Inquisición, sus castigos y su patriarcado) y con las formas modernas de represión: “Este imaginario de las brujas, de la represión, vibra muy bien y se actualiza en la época que estamos actualmente, con la represión identitaria, la represión sexual, los ‘supremacismos’ religiosos o, sobre todo, de poder. Porque la Inquisición también quemó curas, pero especialmente se ensañó con las mujeres”.
Referencias visuales en ‘Gaua’
Para Paul Urkijo, el cine es, sobre todo, un medio para maravillar y provocar asombro. Así lo declara abiertamente: “A mí desde siempre el cine me ha parecido el medio más poderoso para poder asombrarnos, para llevar, en mi caso, todas esas historias a la visión más épica posible”. Esta búsqueda de lo grandioso y lo mágico marca la escritura de sus guiones y su trabajo con el equipo técnico y artístico durante la filmación de Gaua.
El viaje creativo de Gaua está atravesado por referencias, aunque él mismo procura evitar imitaciones directas: “Procuro no buscar referencias visuales, ni cinematográficas cuando hago una película, para no sentirme contaminado”. Sin embargo, reconoce que todo su “sustrato imaginario” se alimenta de novelas, películas anteriores, e incluso las pinturas negras de Goya: “Sí que hay un golpe visual siempre expresionista, ‘tenebrista’. Pero es más la sensación abstracta que a mí se me queda con toda esa imaginería visual”. El resultado son imágenes poderosas y oníricas, momentos mágicos y surrealistas repletos de imaginación visual.
El director apuesta, además, por investigar y recuperar las fuentes originales de las leyendas que lleva al cine. Habla con admiración de cómo, a principios del siglo XX, el antropólogo José Miguel de Barandiarán recorrió el País Vasco recopilando historias y supersticiones por todos los pueblos: “Fue un cura que fue de pueblo en pueblo a registrar todos los cuentos y compuso una obra maravillosa donde aparecen todas las deidades, las supersticiones”.
Mitos para conectar con el presente
Para el director. los mitos y leyendas no son simple material nostálgico ni patrimonio de un pasado remoto. Son espejos en los que la humanidad puede mirarse para hallar respuestas a sus inquietudes y vacíos existenciales, especialmente en una era marcada por cambios vertiginosos y una paradójica sensación de soledad: “Paradójicamente, con las redes sociales estamos todos más alienados y entonces nos intentamos agarrar a lo que podemos”. En esa búsqueda de sentido, retornan tanto las figuras religiosas tradicionales como una fascinación por lo heterogéneo y lo oculto.

Mirando a su alrededor, detecta una tendencia en la cultura popular a rescatar imágenes religiosas o místicas; aunque lo reconoce como un fenómeno curioso y lleno de peligros, él mismo reivindica otro tipo de regreso: “A mí más que eso, me llama mucho más el volver a la tierra, a lo heterogéneo, a lo diferente, a lo raro, a lo extraño, el animismo, el pensar que todo lo pequeño, lo supuestamente feo y diferente”
Rechaza, en cambio, la visión unívoca y hegemónica de lo espiritual: “Para mí, en la oscuridad es donde más se pueden encontrar las luces más bellas y en la luz es donde se pueden encontrar las oscuridades más terroríficas”.
En ese sentido, para Urkijo, los mitos tienen un poder revolucionario: “No pertenece a nadie, no tiene ningún canon, no tiene ninguna IP, no es de ninguna ‘macroempresa’, ni de ningún poder económico. Es de los pueblos, es nuestro y podemos utilizarlo libremente”.
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