
Había ganas de una nueva novela de Belén Gopegui. Hacía cuatro años que no publicaba obra, aunque ese tiempo de ausencia también ha servido para que las nuevas generaciones se acerquen a sus trabajos previos y conecten con ellos. Y es que hay algo en su escritura que parece incluso más moderno ahora que cuando se publicó, quizás porque su sensibilidad estaba de alguna manera adelantada a su tiempo.
La autora de obras de referencia como La conquista del aire o Lo real regresa con una historia que también podría convertirse en un clásico contemporáneo. Se titula Te siguen (Random House) y lo que cuenta se supone que pertenece al género de la ciencia ficción, pero se parece en demasiadas cosas a la realidad.
Imaginemos que hay empresas que se dedican a vigilar a la gente y, sobre todo, a aquellas personas que se alejan de los cánones que establece el sistema. Al mismo tiempo, también están ahí las Inteligencias Artificiales que se dedican a acumular datos sobre todos nosotros.
Dentro de todo ese magma que parece una intrincada red de espionaje, encontramos a cuatro personajes: dos de ellos se dedicarán a seguir y analizar el comportamiento de otros dos para un programa experimental al que han llamado ‘recalcitrantes’, o lo que es lo mismo, personas que en la medida de sus posibilidades no van a seguir a la masa informe y están empeñadas en tomar sus propias decisiones.
Intentar escapar del rastro digital
-Pregunta: ¿Cómo surgió el germen de esta historia?
-Respuesta: Había anotado esta frase: “Ya no hay espías escuchándonos, sino modelos, modelos en el sentido de redes neuronales combinadas con algoritmos sin comprensión real”. Y pensé en qué pasaría si una empresa necesitara averiguar algo más que patrones estadísticos y modelos masivos de comportamiento; si quisiera saber quién eres, qué secreto guardas, porque en ese secreto está quizás la palanca de algunos comportamientos que permanecen fuera de su control. Así aparecieron los viejos espías de la novela, que se siguen entre sí y siguen a dos personas cuyo rastro digital parece esconder algo.
-P: Nos encontramos en un momento bisagra en la implantación de las nuevas tecnologías y el desarrollo de la IA. ¿Cómo se siente, como escritora (y ciudadana), ante estos cambios?
-R: Me interesa esta sensación de que lo que va a pasar es imparable. Creo que es una estructura de sentimiento errada, si bien se destina mucho tiempo y mucha energía a inculcarla. ¿Quién desarrolla la IA, en qué condiciones, con qué propósitos? Se trata de buscar respuestas a estas cuestiones y de escuchar a quienes advierten que si, como sucede hoy en tantos casos, la capa básica de la vida digital cotidiana vulnera los derechos de las personas que la utilizan, no habrá herramientas ni garantías con que oponerse a tal vulneración.

-P: En los últimos tiempos estamos asistiendo a muchas ficciones, tanto audiovisuales como literarias, sobre el miedo a la pérdida de la identidad humana frente a los algoritmos o las máquinas. ¿Hasta qué punto quería insertar su novela dentro de esta corriente repleta de incertidumbre?
-R: Las máquinas son híbridos de inteligencia humana y código, y están construidas gracias a los recursos naturales de este planeta. Por eso me parece que, más que ante la oposición entre humano y máquina, estamos, una vez más, ante la oposición entre las reglas inherentes al comportamiento corporativo, el mandato de ganancia, de expansión, la incapacidad de arraigo, la jerarquía, etcétera, y cómo estas reglas impiden plantearse cuáles son las necesidades prioritarias, qué necesitamos alentar o proteger.

Te siguen
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Política, lucha y libertad en la era de las nuevas tecnologías
-P: En Te siguen da la sensación de que juega con los géneros. Es una novela de espionaje, podría considerarse un thriller, pero también una novela de tesis en torno a muchos conceptos como la manipulación o el control de la sociedad. ¿Hasta qué punto podríamos considerarla una novela política?
-R: Hace tiempo escribí un pequeño ensayo sobre la política en una obra literaria, allí citaba la frase de Stendhal completa. Vuelvo a hacerlo ahora, pues responde a su pregunta. Dice así: “La política en una obra literaria es como un pistoletazo en un concierto. Una cosa grosera a la que, sin embargo, no se puede negar cierta atención. Vamos a hablar de cosas fuertes y vulgares que por más de una razón quisiéramos callar, pero nos vemos obligados a abordar acontecimientos que entran de lleno en nuestro terreno, pues tienen por teatro el corazón de los personajes”. Ese tener por teatro el corazón de los personajes me parece crucial, corazón en el sentido del lugar donde reside simbólicamente la experiencia pensada y sentida. La política sucede ahí, en ese lugar, no es un telón de fondo ni algo a lo que sea posible no asomarse, pues la necesitamos para vivir juntos.
-P: El idealismo, la lucha individual y colectiva… ¿Son más necesarias que nunca frente al auge de los totalitarismos, del pensamiento único y marcado por el capitalismo de la era Trump?
-R: Decía la escritora Noelia Pena en un artículo: “Seguimos instalados en la crítica de las consecuencias y no de sus causas”. Además de la lucha colectiva, me parece importante el estudio y la crítica de las causas, esto que está pasando no obedece a que unos cuantos supervillanos hayan llegado al poder, las causas vienen de bastante atrás. La expresión ‘idealismo’ es ambivalente, y a veces parece que sugiere una idea edulcorada de la realidad. Diría algo así como que entre el “prefiero no hacer nada y entregarme a la corriente” o el “prefiero resistir y hacer algo que nos permita navegar esta extrañeza y fijar algún rumbo”, en este momento es más necesario lo segundo. Y al decirlo no excluyo que vivir también son los remansos en los que nos dejamos llevar por la corriente lenta.

-P: ¿Hasta qué punto cree que estamos alienados y que realmente sí nos espían a través de nuestros dispositivos y las redes sociales? ¿Cree que por eso las teorías ‘conspiranoicas’ se han multiplicado en los últimos tiempos?
-R: Aún dura la huella de novelas y películas de espionaje y también el conocimiento de cómo las agencias de inteligencia emplean a sus agentes. En esos casos se espía con intencionalidad. La escucha generalizada de hoy se parece más a cribados masivos de comportamientos, ejecutados a través de programas. Detrás de esos programas y aplicaciones puede haber la voluntad de espiar a sujetos individuales por las posiciones que ocupan; sin embargo, el beneficio de esa atención individualizada y cara debe ser alto, de lo contrario no compensaría.
En cuanto a las teorías conspiranoicas, a menudo son, me parece, una forma de paliar la sensación de estar a la deriva, de no poder controlar los factores que determinan cada existencia. “Soñamos”, decía en una novela mía una vicepresidenta de un gobierno, “con la conspiración porque implicaría la existencia de un orden, y eso nos calma”. La realidad no es así, el poder no está unido, forcejea, actúa de forma chapucera, se salta las reglas y hay quien prefiere pensar en planes oscuros fabricados con antelación porque la idea infunde, paradójicamente, seguridad.
-P: ¿Cree que precisamente la cultura es una forma de despertar de ese autoritarismo del pensamiento único?
-R: Hay quien define la cultura como el producto de continuos intentos cotidianos de entender cómo vivimos juntos. Interpretar lo que sucede, plantear preguntas sin olvidar, buscar respuestas y no temer a la equivocación cuando sigue la rectificación, sí, todo esto son maneras de no ceder a la imposición de puntos de vista no justificados.
-P: En ese sentido, qué significado tiene para usted la palabra ‘recalcitrante’, tan importante en la novela.
-R: Dejar un sitio para el ‘no’, sin que esa negación impida escuchar puntos de vista diferentes, y buscar cuanto pueda ayudar a ver en medio de la incertidumbre, del placer y de la oscuridad.

-P: Hábleme del estilo de la novela, de su decisión de conjugar diferentes voces que se entremezclan y de qué aporta cada una a la historia.
-R: El gran escritor Fogwill decía que la literatura no son historias ni contar historias, son maneras de contar historias (o es contar maneras de contar historias). Escoger cuatro voces es contar esa manera de contar que reconoce en los vínculos, en la fuerza de las conexiones entre las personas, el movimiento y el tacto memorable de la vida. Más que en lo que aporta cada una, me he fijado en las figuras que forman juntas.
-P: ¿Para esta novela se ha inspirado más en referentes literarios o en lo que ve a su alrededor?
-R: Es una novela que mira a nuestro presente, a las chispas que saltan en el roce con él. Sin embargo, las palabras no son nuestras y menos las de quien escribe. Escribir sin referentes literarios sería como escribir al dictado de lo que hay.
-P: ¿Qué es la libertad para usted?
-R: La libertad es la defensa de la libertad, porque la libertad no se tiene, se conquista, y tiene que ver con algo así como poder hacer justicia a las posibilidades humanas.
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