Madrid, 30 jun (EFE).- Construir sobre terrenos duros y rocosos mejor que arcillosos, optar por estructuras de hormigón y diseñar edificios compactos, sin voladizos o plantas irregulares, son algunas de la herramientas que proporciona la arquitectura para hacer frente a terremotos como los registrados en Venezuela.
"La misión de los arquitectos no es que el edificio no se mueva o no sufra desperfectos, que sería imposible, sino que se mueva de una forma controlada y absorbiendo la energía que le transmite el terremoto, sin llegar al colapso", señala Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM).
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La NASA ha calculado con imágenes satelitales que el doblete sísmico del miércoles, con dos terremotos seguidos de intensidad 7,2 y 7,5, podría haber dañado o destruido unos 58.800 edificios.
Del Río explica que un edificio puede sufrir daños muy importantes y aun así funcionar y proteger la vida de las personas.
Al ver las imágenes de la tragedia, señala, "lo primero que piensas" es que muchos bloques "por motivos económicos, o por desconocimiento, o porque se edificaron antes de que se supiera cómo hacerlo, o porque no han tenido un mantenimiento, no estaban preparados para soportar la tensión de un terremoto".
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Un arquitecto que va a diseñar un edificio en una zona sísmica empieza "por el propio terreno".
"El terreno forma parte del edificio, es la base", indica Del Río. Lo fundamental, subraya, es su capacidad portante: la carga que puede aguantar. En un terremoto las ondas sísmicas se transmiten menos a un terreno duro y rocoso que a uno arcilloso o arenoso.
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"Hay zonas cerca de la costa que son rocosas y no tienen ese problema, pero lo normal es que sean terrenos más blandos y, además, el nivel freático (nivel del agua) sea más alto, lo que en un momento dado hace que todo se fluidifique", apunta.
En un terreno duro las zapatas o losas de cimentación van reforzadas y el primer empuje del terremoto lo recibe la cimentación: "Lo importante es que lo aguante y transmita lo mínimo posible al resto del edificio".
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Si se trata de una zona sísmica, y encima con arena o agua, "no se puede usar un tipo de cimentación tradicional como esa y hay que buscar hacia el interior de la tierra una zona que sea dura", con un pilotaje que sujete el edificio.
Los mejores materiales para construir en zona sísmica son el hormigón armado, el metal o la madera.
"Nunca nos interesaría construir edificios con muros de mampostería. En principio, una estructura hecha con fábrica de ladrillo no responde bien porque no tiene capacidad de deformación, se rompe y colapsa", señala.
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Lo que se busca es que los edificios, aunque resistentes y rígidos ante un terremoto, tengan cierta ductilidad para moverse y deformarse sin romperse.
"El hormigón armado tiene una gran capacidad portante. Dentro se mete una estructura metálica, que es la que da al edificio esa ductilidad", explica Del Río. La madera estructural, más ligera, también puede funcionar.
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La experta menciona un error que debe evitarse en zonas sísmicas: construir plantas bajas diáfanas y con estructuras elevadas, como grandes espacios para centros comerciales o aparcamientos: "Es una 'planta blanda' y ahí se concentra muchísimo daño".
Un edificio compacto, con formas geométricas sencillas, "siempre va a funcionar mucho mejor" ante un terremoto. "Si tiene grandes voladizos, cambios bruscos de altura, plantas irregulares, zonas con más peso que otras, se comportará peor".
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Eugenia del Río señala que siempre será más caro construir un edificio en una zona sísmica que otro igual en un área sin riesgo, pero aun así la diferencia no es enorme.
"Edificios muy compactos, con formas muy cuadradas, no tienen por qué ser más caros y estructuralmente funcionan mejor ante un terremoto", dice.
Distinto es que esto no se plantee desde obra nueva -"unas obras de refuerzo estructural pueden ser más caras que el propio edificio"- o que un buen diseño no se ejecute bien.
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Los requerimientos de edificación son distintos -también en España-, en las zonas sísmicas. Se limitan, por ejemplo, los huecos de fachada o se refuerzan los dinteles.
La arquitecta destaca que, en esta etapa de búsqueda de personas y retirada de escombros en Venezuela, "un edificio que parece en buen estado puede estar a punto de caer".
"También puede haber escapes y explosiones. Tendrán que ir revisando uno por uno los edificios. Y en la reconstrucción, claro, tener en cuenta las normas sísmicas y reforzar las medidas. Y eso supone dinero", dice, tras recordar que muchos arquitectos españoles se han ofrecido voluntarios para ayudar a Venezuela en lo que tiene por delante. EFE
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