Alba Flores revela los últimos 15 días de vida de su padre: el dolor por la muerte y el resultado de la autopsia

La actriz, que ha homenajeado a su padre en un documental íntimo y familiar, ha revelado a la sociedad el resultado de la autopsia que se llevó su vida

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Alba Flores con su padre,
Alba Flores con su padre, Antonio Flores en 'Flores para Antonio'

El estreno de Flores para Antonio, el nuevo documental de Alba Flores en honor a su padre, ha vuelto a situar en primera línea la figura de Antonio Flores, el hijo de Lola Flores que murió con solo 33 años y cuyo fallecimiento marcó para siempre a una de las sagas más emblemáticas de la cultura española. Por primera vez, es su hija quien revisita su historia y, con ella, abre una puerta que la familia había mantenido cerrada durante casi tres décadas.

La película arranca con una escena que emociona desde el primer segundo: Alba, guitarra en mano, interpretando Una espina, uno de los temas más recordados de su padre. Ese gesto, íntimo y simbólico, marca el tono del relato. La actriz —que nunca había protagonizado un proyecto así— se convierte en narradora y protagonista de un viaje que mezcla memoria familiar, heridas abiertas y la necesidad de comprender.

Alba Flores en 'Flores para
Alba Flores en 'Flores para Antonio'

Durante años, la muerte de Antonio estuvo rodeada de rumores, especulaciones e incluso teorías que apuntaban al suicidio tras la pérdida de su madre. Flores para Antonio desmonta esas presunciones y pone sobre la mesa, con rigor y respeto, el informe forense que la familia mantuvo en silencio.

En el tramo final del documental, Alba lee en voz alta el documento que describe cómo murió su padre: “Leo tu autopsia, Papá. Tus 33 años. Tu pelo oscuro, Tus ojos oscuros. Tu mano izquierda, la de los acordes, con una férula de escayola. Escarcha en tus pulmones. Y petequias en tu corazón”. Y explica la actriz: “La presencia de opiáceos, cocaína, analgésicos, ansiolíticos y alcohol. Y la presencia de tu dolor”.

La combinación de insomnio extremo, consumo de estupefacientes y una debilidad física y emocional evidente desencadenó una parada cardiorrespiratoria. “15 días de vigilia y duelo. Poca hambre, poco sueño. Y esa noche, también un ginseng, un baño en la piscina y un ‘mañana estaré mejor’. Parada cardiorrespiratoria. Intoxicación por drogas... Muerte accidental. Te encontraron en la cama, descansando, como si estuvieras dormido", concluye Alba Flores. Ese matiz resulta fundamental para la familia. Y, especialmente, para su hija, que confiesa que durante años convivió con una versión distorsionada que no coincidía con su recuerdo infantil.

Isaki Lacuesta y Elena Molina responden qué creen que diría Antonio si viera la película

Alba y el legado que renace

El consumo de drogas de Antonio se aborda sin sensacionalismo, pero con claridad. Ana Villa, exmujer del músico, recuerda que los primeros contactos con sustancias se remontan a su juventud, cuando hizo el servicio militar: “En la mili se ponían todo. No solo hachís, también heroína. Había un meneo que no te puedes imaginar... Fue el periodo en el que peor estuvo”. Aquella etapa marcó el inicio de una lucha intermitente con la adicción, con periodos de recuperación y recaídas que condicionaron su vida adulta.

La relación entre Antonio y Ana Villa se retrata con una mezcla de nostalgia y sinceridad. Se conocieron en un bar, se enamoraron con una rapidez casi adolescente y pronto formaron una familia. El nacimiento de Alba desató una mezcla de felicidad y miedo en él, según recuerda la propia Ana: la intensidad de la experiencia lo desbordó hasta el punto de provocar una recaída.

Alba y Antonio Flores en
Alba y Antonio Flores en 'Flores para Antonio'

No es solo Alba y su madre quienes toman la palabra. La cinta, dirigida por Isaki Lacuesta y Elena Molina, reúne testimonios de Rosario y Lolita Flores, de artistas como Joaquín Sabina o Antonio Carmona, e incluso de familiares más jóvenes como Elena Furiase.

Cada uno aporta una pieza distinta del rompecabezas. Rosario, profundamente emocionada, describe a Antonio como su compañero inseparable: “Él era mi mundo. Mi mañana, mi noche, mi tarde... Mis canciones, mis amigos... mi cómplice. Éramos dos en uno”. Lolita, en cambio, recuerda que su hermano era una sensibilidad a flor de piel: un hombre al que “le pesaba el mundo” y que sufría con una intensidad casi insoportable.