
“Me gusta tener mi dinero donde pueda verlo… colgado en mi armario”, decía la protagonista de Sexo en Nueva York, Carrie Bradshaw. Para ella, como para muchos otros, ir de compras es un pasatiempo, una forma de divertirse e incluso un estilo de vida. Una relación emocional y económica que millones de personas mantienen con la moda. Pero no todos pueden permitirse el lujo de tener un hobby consumista y, detrás de cada prenda de tiendas como Zara o Mango, hay miles de trabajadores cuyos sueldos, en muchos casos, no alcanzan para mantener este tipo de aficiones… ni siquiera para llegar a fin de mes.
Un análisis internacional elaborado por la Berlin School of Business and Innovation (BSBI) revela que 213 de las 219 multinacionales del sector de la moda no pagan un salario que cubra las necesidades básicas de sus trabajadores, y las grandes empresas españolas no son la excepción.
España, con siete grupos de moda analizados (Inditex, Mango, Desigual, Cortefiel, El Corte Inglés, Balenciaga y Pepe Jeans), se sitúa por encima del promedio mundial en cuando a derechos laborales, pero los resultados del estudio muestran un contraste preocupante. Todas las compañías españolas suspenden, con la peor nota, en materia de salarios dignos, lo que significa que prácticamente toda su plantilla cobra por debajo del umbral considerado suficiente para vivir dignamente.
El negocio crece, los salarios no
La BSBI detalla que, aunque estas empresas cuentan con compromisos públicos y planes de acción para implantar salarios justos, ninguna ha puesto en marcha mecanismos efectivos para garantizar su cumplimiento. En palabras de Gemma Vallet, vicedecana de la Facultad de Economía y Administración de Empresas y experta en gestión de moda y marcas en BSBI, a Infobae España, las causas son estructurales y profundas.
“Tres factores explican esta parálisis: la complejidad de las cadenas de suministro, los costes y presiones competitivas, y la ambigüedad en la medición”, explica Vallet. “El resultado es un sistema de múltiples capas que dificulta la visibilidad y la trazabilidad, indispensables para garantizar que el concepto de salario digno llegue realmente a los trabajadores”, matiza.
El modelo de fast fashion, basado en precios bajos, alta rotación y velocidad de producción, es el principal obstáculo. Incluir salarios más altos implicaría reestructurar la estrategia de negocio. “Sin una revisión fundamental del modelo económico, la promesa de un salario digno sigue siendo retórica”, advierte Vallet, añadiendo que este sistema “agrava el problema, priorizando la producción masiva y rápida por encima de condiciones laborales justas, dejando poco espacio para mejorar los salarios”.
Además, la falta de un consenso internacional sobre qué constituye un salario digno en cada país favorece la opacidad. “Las marcas recurren a compromisos vagos y difícilmente medibles, convirtiendo la rendición de cuentas en un ejercicio difuso”, señala la experta.
Y no será por falta de dinero. Según cifras facilitadas por Vallet, Inditex registró en 2024 ventas de 38.630 millones de euros, un 7,46% más que el año anterior, y un beneficio neto que creció casi un 9%, hasta los 5.870 millones de euros. Mango también cerró el ejercicio con cifras récord: 3.339 millones de euros de facturación y un aumento del 27% en su beneficio neto, hasta los 219 millones. Solo Desigual se desmarca de esta tendencia, con una facturación de 332 millones de euros, un 12,4% menos que en 2022. Para la experta, “esta mezcla de crecimiento y retroceso evidencia que un fuerte desempeño en ventas puede reducir la urgencia de cambio”, ya que “cuando una marca prospera, el escrutinio público tiende a disminuir y los públicos se vuelven menos críticos o vigilantes”.
Contratos a tiempo parcial y el espejismo del salario digno
En el terreno laboral, la situación descrita por el informe se refleja en las tiendas y almacenes de nuestro país. Álvaro Cajigal, responsable estatal de Inditex de UGT, nos lo resume sin rodeos: “En general, yo te diría que no se pagan salarios dignos, porque a un porcentaje muy amplio de los trabajadores de Inditex no les llega el salario para vivir”, afirma, recalcando que “hablamos del 70% u 80% de la plantilla de las tiendas”, pese a que la multinacional “paga por encima de lo que dicen los convenios”.
“Inditex ‘respeta’ todos los convenios colectivos, pero, como todas las empresas, hacen una interpretación muchas veces retorcida de determinados artículos para llevarlos a su terreno”, explica el sindicalista a Infobae España. Y es que, aunque sí es cierto que la multinacional gallega cumple los convenios colectivos y permite la libertad sindical, Cajigal denuncia una realidad laboral marcada por la contratación a tiempo parcial. “La mayoría de las trabajadoras y trabajadores del comercio textil, sobre todo de las multinacionales, tienen contratos de 20 horas. Si ya es difícil vivir con un salario medio a jornada completa, imagínate si te pagan la mitad”, explica.
El responsable sindical insiste en que el problema no es solo el sueldo nominal, sino la estructura del sistema. “A la empresa le compensa más tener dos personas a 20 horas que una a 40. Desde el punto de vista empresarial y productivo puede tener lógica, pero desde el del trabajador, obviamente no”, asegura. La teoría de las multinacionales, aclara Cajigal, es que necesitan más trabajadores en determinadas horas del día: “Si, a jornada continua, entra el trabajador desde por la mañana para recoger el camión, sale al mediodía. Por eso, tienen a dos personas a las mismas horas [jornada parcial], una para el camión y otra para el refuerzo, y en el medio de la mañana no tengo a ninguno porque no les necesito”, ejemplifica.
Precarización silenciosa: cuando trabajar no basta para vivir
Además, añade que no son solo los salarios, ni solo Inditex, sino que “es algo a nivel general”, ya que “es la modalidad de contrato que te hacen”, y a eso se le suma “la distribución irregular” del horario. Es decir, la falta de estabilidad y, en muchos casos, los turnos de trabajo que cambian semanalmente. Cajigal va más allá y denuncia una precarización silenciosa, afirmando que los contratos a media jornada son “la lacra más grande de este sector, y lo peor es que se están contagiando a muchos más sectores”.
“Los salarios dignos van muy vinculados a la modalidad de contrato que te hacen”, continúa explicando. “Muchas veces entras en un juego muy peligroso de hacer lo que quiera la empresa, con la esperanza de que te suban las horas. Y, en ocasiones, te las suben de manera temporal para momentos concretos, como el Black Friday o las Navidades”, detalla el responsable sindical. Denuncia que las empresas suelen abusar de este tipo de ampliaciones de jornada, y que “es una regulación que hace falta en este país, hay que controlar esas ampliaciones y esas horas complementarias”.
De igual manera, recalca que “está ocurriendo algo que hacía muchos años que no existía: hay trabajadores pobres. Levantarte todos los días para ir a trabajar y ser pobre, es muy triste”. “El problema de la vivienda existe, sí, claro, pero es que otro problema fundamental son los salarios”, concluye.
Aunque la BSBI destaca que las siete marcas analizadas han formulado compromisos públicos y planes de acción para mejorar los salarios, ninguno los ha materializado. En cambio, todas ellas publican información sobre libertad sindical y negociación colectiva, a pesar de que esa transparencia formal no se traduce en cambios reales para las plantillas. Como conclusión, Vallet considera que la clave para cambiar esta dinámica está en pasar “de la retórica a la gobernanza efectiva”. “El verdadero reto no reside en anunciar ambición, sino en construir la gobernanza que lo haga posible”, enfatiza.
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