
La noche pintaba cara. Por el tipo de restaurante - y por estar en Ibiza -, pero aun así la cuenta llegó con sorpresa. Dos mujeres decidieron cenar este verano en un restaurante del centro de la isla, sabiendo de antemano que la experiencia no iba a ser precisamente económica, dadas tanto la fama del local como su ubicación. Sin embargo, al revisar el ticket tras la cena, el importe superaba con creces lo que esperaban, y no solo por la comida.
Un cargo de casi 30 euros por “servicio”
De acuerdo con lo publicado en el Diario de Ibiza, al repasar el recibo, apareció el detalle inesperado: un cargo de 26,20 euros bajo el concepto de “servicio”. Este tipo de recargo, conocido como “service charge”, está prohibido en España, donde la ley impide cobrar de forma adicional por el servicio o por el simple hecho de poner cubiertos sobre la mesa. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) insiste en que cualquier suplemento debe corresponder a un servicio extra y nunca al básico de restaurante, que ya se considera incluido en los precios. Es Ibiza, y en los destinos más vacacionales es más o menos habitual que algunos locales hagan este tipo de “trampas” a los turistas, sobre todo, extranjeros.
Las clientas, que no habían visto el aviso de este cargo en el menú - porque, de haberlo visto, lo más probable es que se hubiesen sentado en otra parte -, volvieron a consultar la carta. Descubrieron que, aunque el pan sí figuraba, el recargo por servicio extra “no estaba especificado en la carta”. La cesta de pan con mantequilla tampoco resultó barata: doce euros por aceptar el ofrecimiento del camarero. Según relatan, aceptaron el pan asumiendo que costaría un precio más o menos normal, igual algo más caro de costumbre, pero eso de que costase como un menú del día se escapaba, comprensiblemente, a su imaginación.
Sumando el recargo de servicio, que suponía alrededor de un 10% de la cuenta, y los doce euros del pan, la cena confirmó el hecho de que muchos locales engrosan sus facturas al confiar en que, por tratarse de un restaurante caro y frecuentado por visitantes, pocos examinarán el detalle. “Creen que en cuentas abultadas no se notará o que, como muchos de los clientes son extranjeros y hay países en los que se permite ese cargo, nadie protestará”, explican. Ese día, sin embargo, no hubo propina. “Ya se la habían cobrado ellos más que de sobra”, afirman las clientas, que han adelantado su intención de presentar una reclamación ante Consumo.
El episodio no es aislado. Este verano han proliferado las quejas en Ibiza relacionadas con recargos y políticas poco claras en restaurantes. Casos como el intento fallido de cobrar doce euros por un gancho de bolso o los 27 euros por cortar una tarta de cumpleaños en un local de Santa Eulària, compartidos por Jesús Soriano - @soycamarero en X - , han puesto el foco sobre las prácticas de algunos establecimientos de la isla y la reacción de una clientela cada vez más atenta al desglose final de la factura.
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