
La desigualdad económica afecta a la longevidad y así lo demuestra un reciente estudio del New England Journal of Medicine. Los medios de los que disponen los ciudadanos están directamente relacionados con el tratamiento de los problemas de salud, pero el país de residencia y su sistema sanitario son otro punto clave que condiciona la mortalidad. Este análisis revela que no solo existe un vínculo entre la longevidad y la riqueza de las personas, sino que esta disparidad es mucho más pronunciada en Estados Unidos en comparación con Europa.
Los investigadores de esta publicación estadounidense analizaron entre 2010 y 2022 la salud de personas mayores de entre 50 y 85 años de Estados Unidos y de Europa para comparar a través de los datos del Health and Retirement Study (HRS) del país norteamericano y del Survey of Health, Ageing, and Retirement in Europe (SHARE) del continente europeo.
Un 40% de diferencia entre ricos y pobres
A lo largo del estudio, un total de 73.838 participantes de 17 países, incluidos Estados Unidos y diversas naciones europeas, fueron monitoreados. Durante el seguimiento, 13.802 de ellos murieron, lo que representa un 18.7% de la muestra. A nivel global, aquellos en los cuartiles más ricos tuvieron una menor probabilidad de morir, con tasas de mortalidad ajustadas que fueron significativamente más bajas a medida que aumentaba la riqueza.

Por ejemplo, aquellos en el cuartil 2 tuvieron una tasa de mortalidad ajustada de 0.80 en comparación con el cuartil 1, mientras que los del cuartil 3 y 4 tenían tasas de 0.68 y 0.60, respectivamente. Esto significa que para las personas en la categoría más adinerada se calculó una posibilidad un 40% menor de morir que para las del último cuartil, mientras que la diferencia entre el superior y los dos intermedios fue del 20% y el 32%, respectivamente.
El sistema sanitario condiciona la longevidad
Más allá de la marcada diferencia por el patrimonio, destaca la brecha entre los resultados de Estados Unidos y Europa. Las tasas de mortalidad registradas entre los estadounidenses han sido muy elevadas y en algunos casos las del grupo más adinerado se sitúan al mismo nivel que los datos de los más pobres en los países del norte y el oeste de Europa. Comparando los cuartiles más altos de ambas regiones, el estudio apunta a una probabilidad de sobrevivir al periodo en el que se llevó a cabo la investigación mucho más alta entre europeos que estadounidenses.
Las aparentes desigualdades ponen de manifiesto la influencia en la longevidad del sistema sanitario estadounidense, que es principalmente privado aunque cuenta con algunos programas públicos para grupos vulnerables. Normalmente, la asistencia sanitaria se proporciona a través de seguros provistos por el empleador, mientras que los países europeos cuentan con una cobertura pública del acceso a a la atención médica.
En Europa, las políticas de bienestar social y el sistema de cuidados a largo plazo parecen mitigar en parte los efectos negativos de la pobreza en la salud. La robustez de los sistemas sanitarios en los países europeos sería una fórmula para proteger a los grupos más vulnerables y acortar las distancias entre las clases más altas y las bajas en cuanto a salud, según apuntan los autores del estudio.
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