
Este domingo 12 de mayo los más de cinco millones de ciudadanos catalanes están llamados a las urnas para elegir al nuevo Parlament de Catalunya. Desde las 9:00 pueden acudir a uno de los 2.695 colegios electorales que estarán abiertos hasta las 20:00, momento en el que comenzarán los escrutinios de los votos.
El voto en España es un derecho de todos los ciudadanos, pero no una obligación, como en otros países. Esto significa que cada persona puede decidir si abstenerse o en caso de acudir a las urnas emitir un voto válido, uno en blanco o uno nulo.
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Voto en blanco, nulo o abstención
El voto en blanco se identifica cuando el elector deposita un sobre vacío dentro de la urna, mostrando su decisión de no apoyar ninguna de las opciones presentadas sin abstenerse de participar. Por otro lado, el voto nulo abarca varios escenarios, como el uso de un sobre o papeleta no oficial, introducir más de una papeleta de diferentes partidos en el mismo sobre, o realizar cualquier modificación en la papeleta como tachones o anotaciones.
Sin embargo, si un votante deposita múltiples papeletas del mismo partido, se contabilizará como un único voto válido. Estas distinciones son esenciales para el conteo y clasificación de votos, afectando directamente los resultados electorales.
La abstención, en cambio, refleja la decisión de un ciudadano de no participar en el proceso electoral, una opción que también impacta en los porcentajes de participación y en el análisis de la apatía o descontento político. Cada uno de estos métodos de voto es documentado meticulosamente por las mesas electorales, cuyas actas reflejan la totalidad de votos recibidos, diferenciando entre votos en blanco, nulos y la tasa de abstención.
¿A quién beneficia cada voto?
En los procesos electorales, el voto en blanco beneficia principalmente a los partidos políticos con mayor número de votos, mientras que la abstención y el voto nulo no tienen impacto directo en la distribución de escaños. Esto se debe a que el voto en blanco se contabiliza dentro del total de votos emitidos, los cuales son la base para el reparto de escaños entre las diversas candidaturas. Por otro lado, el voto nulo y la abstención se excluyen de este cálculo, lo que potencialmente puede limitar las posibilidades de los partidos más pequeños de obtener representación.
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Según el sistema de reparto de escaños conocido como ley D’Hont, utilizado en diversas democracias, un porcentaje mínimo de votos es necesario para que un partido político pueda aspirar a un escaño. De esta manera, los votos en blanco, al incrementar el total de sufragios válidos, elevan este umbral mínimo, dificultando en algunos casos que las formaciones menos votadas alcancen la representación deseada. Este sistema magnifica el efecto de los votos en blanco en detrimento de los partidos menores, lo cual es un aspecto relevante en la mecánica electoral.
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