Interpretar a Miranda Priestly en El diablo viste a la moda exigió a Meryl Streep un esfuerzo físico y emocional que la dejó “casi traumatizada”, según recogió Vanity Fair. “Hubo días en los que simplemente me sentí miserable”, reconoció la famosa actriz, al recordar el nivel de exigencia y sacrificio que implicó el rodaje.
“Llegué a sentir un trastorno de estrés postraumático por llevar tacones altos durante 16 semanas. Creo que debería recibir una medalla al valor”, afirmó Streep entre bromas. El uso constante de tacones se convirtió en el mayor sacrificio detrás de la perfección visual de Miranda Priestly.
El vestuario, mucho más que apariencia
Durante la filmación, el vestuario de la directora de Runway fue un reto mayor que la simple apariencia sofisticada del personaje. Streep detalló que, como cualquier persona que permanece dos décadas en el mismo puesto, Miranda mantuvo su estilo, aunque adaptado con el tiempo.

Para la secuela, la actriz comparó la preparación del vestuario con “ir al fondo del armario y preguntarse: ‘¿Me quedará bien todavía?’“, reflejando la evolución natural en el cine de moda. Este enfoque permitió mostrar en pantalla una versión de Miranda fiel a la realidad del paso del tiempo, donde la moda se convierte en una extensión de la personalidad.
El vestuario, pieza central en la narrativa del filme, representó para Streep un desafío técnico y artístico. Cada prenda fue seleccionada cuidadosamente para transmitir el carácter de Miranda, consolidando a la directora de Runway como un símbolo de autoridad y sofisticación.
La transformación diaria, entre cambios de ropa y rutinas de maquillaje, exigió disciplina y resistencia física, aspectos que Streep reconoció como parte fundamental de la experiencia.
El impacto de Miranda Priestly en el set

El regreso de Miranda Priestly al set resultó tan impactante que dejó una fuerte impresión en sus compañeras. Anne Hathaway, quien interpreta a Andie Sachs, describió que ver a Streep retomar el papel original fue una experiencia casi “psicodélica”.
“Meryl, como Miranda, cruzó el pasillo delante de mí y estar a quince metros de ella fue como viajar en el tiempo”, relató Hathaway, según Vanity Fair. La icónica forma de caminar de Streep provocó asombro y nostalgia en el elenco.
El equipo técnico y artístico experimentó una mezcla de respeto y admiración ante la presencia de Streep en el rol. Para muchos, el regreso de la actriz al papel supuso revivir la intensidad del rodaje original, aunque matizada por la madurez y la experiencia adquiridas en los años transcurridos.

Integrantes del equipo destacaron la capacidad de Streep para transformar el ambiente de trabajo, elevando el nivel de exigencia y profesionalismo en cada escena.
Un ambiente más relajado y una energía renovada
A diferencia del rodaje original, Streep afrontó el regreso a Miranda Priestly con una actitud más relajada y sentido del humor. En esta ocasión, la actriz no permaneció en el personaje todo el tiempo y el ambiente fue más distendido, lo que permitió a los integrantes del equipo disfrutar de momentos de complicidad inéditos 20 años atrás.
La oportunidad de compartir nuevamente el set y la energía renovada marcaron la experiencia para Hathaway y Streep.

La complicidad entre el elenco y el equipo técnico favoreció un clima de trabajo más cercano y colaborativo. Las anécdotas compartidas en el set, así como la disposición de Streep para bromear y distender los momentos de tensión, crearon recuerdos imborrables para todos los involucrados.
El contraste con el rodaje original, marcado por la presión y la intensidad, se tradujo en una nueva dinámica detrás de cámaras.
Un referente del cine de moda
La inminente secuela de El diablo viste a la moda renovó el interés en la saga y en la figura de Miranda Priestly, destacó Vanity Fair. Dos décadas después del estreno, la película sigue siendo un referente dentro del cine de moda y la cultura pop. El reencuentro permitió revivir el entusiasmo de los inicios, acompañado ahora de una camaradería que antes parecía imposible.
El fenómeno cultural que representa El diablo viste a la moda, va más allá de su historia y personajes. La influencia del filme se observa en la moda, el lenguaje y la percepción del mundo editorial.
La figura de Miranda Priestly, forjada por el talento de Streep, continúa inspirando a nuevas generaciones y consolidando su lugar como uno de los personajes más emblemáticos del cine contemporáneo.
La vigencia de la historia demuestra el poder de una narrativa bien construida y el impacto de un elenco comprometido con su arte.
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