“Le Freak”, el hit de Chic que nació entre una puerta cerrada y un brindis improvisado

Una anécdota con Nile Rodgers, Bernard Edwards y Grace Jones se encuentra detrás de la creación del himno bailable que transformó las pistas del mundo

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La creación de 'Le Freak' de Chic nació tras el rechazo de Nile Rodgers y Bernard Edwards en Studio 54 (YouTube)

“Le Freak”, el legendario éxito disco de la banda Chic, es mucho más que un himno bailable de la década de los 70. Detrás de sus pegadizos acordes y su icónico estribillo se esconde una anécdota insólita y divertida: aquella noche en Nueva York en la que sus creadores, Nile Rodgers y Bernard Edwards, fueron rechazados de la mítica discoteca Studio 54, gestando así uno de los temas más exitosos de la música popular.

El lugar que desató la creatividad

En la víspera de Año Nuevo de 1977, Nile Rodgers y Bernard Edwards recibieron una invitación personal de la cantante Grace Jones para encontrarse en Studio 54, el exclusivo club nocturno que era punto de encuentro de artistas influyentes, desde Mick Jagger hasta Andy Warhol.

El lugar era célebre no solo por sus fiestas, sino por su selectividad extrema en la puerta: la mayoría de los mortales soñaba con ingresar, pero pocos lo lograban. Para los músicos de Chic, la posibilidad de codearse con celebridades y participar del “ambiente” era una oportunidad única.

Sin embargo, la noche no fue como esperaban: tras hacer una larga fila bajo el frío neoyorquino, llegaron a la entrada y se toparon con un portero inflexible. Un olvido fatal complicó la situación: Grace Jones no había avisado a la seguridad sobre sus invitados.

Tras un intento infructuoso de adivinar la contraseña secreta, la reacción fue tajante. “Nos cerraron la puerta en las narices y nos dijeron: ‘¡Lárguense!’”, recordó Nile Rodgers años después, según relató en una entrevista recogida por Indie Hoy.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, el rechazo se repitió en un segundo intento esa misma noche. “Lo hicieron dos veces. Resulta que yo vivía a la vuelta de la esquina de la puerta trasera del Studio 54 y, cuando volvimos a casa, compramos dos botellas de champán Dom Pérignon, al que solíamos llamar enjuague bucal rock ‘n’ roll”, detalló Rodgers.

El contraste entre el glamour
El contraste entre el glamour de Studio 54 y la exclusión vivida por Chic dio origen a un himno universal (foto: Wikipedia)

Del enojo a la pista de baile: el nacimiento de “Le Freak”

Convertida la frustración en creatividad y sin dejar que el ánimo decayera, Rodgers y Edwards improvisaron una sesión musical improvisada en su departamento. Entre copas y riffs funk, comenzaron a jugar musicalmente con la frase que les había gritado el portero.

“Mientras estábamos zapando, comenzamos a repetir la frase ‘Fuck Off’ sobre una base funkera y, cuando vimos que podía ser viable para una canción, cambiamos esa expresión por ‘Freak Out’, de modo que pudiera sonar en las radios”, explicó Rodgers.

Ese relámpago de inspiración no solo canalizó la bronca del momento, sino que se transformó en el germen del hit. “Eso se convirtió en la canción más exitosa en la historia de Atlantic Records hasta el día de hoy”, señaló el propio Rodgers, quien tiempo después sería reconocido como figura clave en la historia de la música disco.

Así, de un portazo literal y un brindis improvisado surgió una de las canciones más emblemáticas del género. Este pasaje demuestra cómo la creatividad puede incubarse en los momentos y lugares menos pensados, y que una noche frustrada puede terminar cambiando el rumbo de la música global.

El legado de una anécdota y un himno disco eterno

“Le Freak” no solo conquistó pistas de baile en los cinco continentes; también redefinió el concepto de éxito en la industria musical. Originalmente impulsada por la necesidad de una expresión poderosa y divertida tras un rechazo, la canción acabó por convertirse en la más vendida en la historia del sello Atlantic Records en ese momento.

La ironía de la creación de “Le Freak” radica en que, mientras la canción nombra la fiesta y la euforia, es el producto directo de una puerta cerrada y una invitación olvidada. Ese contraste entre el glamour y la exclusión fue el detonante de un clásico universal.