
La proliferación de las cajas automáticas en la industria automotriz mundial se hizo extensiva también a la Argentina en los últimos cinco años. Hoy, salvo los modelos de acceso más económicos de algunas marcas, todos los autos nuevos que se venden en el mercado tienen al menos una versión de caja automática o caja CVT, que aunque funciona de otro modo, cumple el mismo propósito de no tener un tercer pedal (embrague) y no requerir que el conductor tenga que pasar de marcas en sentido ascendente o descendente.
Las razones de los fabricantes para apostar al equipamiento de caja automática, sin embargo, están basadas en la necesidad de ser más eficientes y consumir menos combustible, lo que rompe con un mito que tienen los usuarios desde hace décadas, que dice que los autos con caja automática consumen más nafta. Cuando eran cajas sofisticadas, sin gestión electrónica, y asociadas a vehículos de gran porte y motores potentes, estas transmisiones generaban mayor consumo, pero en la actualidad pasa exactamente lo contrario.
Por concepto, las cajas automáticas están diseñadas para utilizar el motor en las revoluciones (RPM) adecuadas según la velocidad a la que se circula. Por lo tanto, quien conduzca adecuadamente aprovechará mejor esa característica y tendrá un menor consumo de combustible en comparación con quien tenga un estilo de manejo más agresivo, especialmente al momento de aplicar fuerza al pedal del acelerador.

Hacer un paralelismo con el modo de conducir un auto con caja manual, permite entender mejor esa cualidad de las transmisiones automáticas. Cuando se maneja con un auto equipado con caja manual y pedal de embrague, se puede seleccionar el cambio en el que se circula. Sin embargo, si el auto va en segunda marcha a 60 km/h estará consumiendo mucho más combustible que si se lo hace en cuarta o quinta velocidad.
Contrariamente, si se circula a 40 km/h en cuarta, se consume menos, pero se está forzando el motor y el embrague, que deberá utilizarse alternativamente muy seguido para que el motor no se pare. Se ahorra combustible pero se gastará mucho más rápido el disco de embrague, que tiene un costo equivalente a unos 10 tanques de nafta completos. Además, en un auto manual, mientras el auto está detenido se pone la palanca de cambios en punto muerto para no desgastar el embrague de más.
La caja automática no permitirá que esto suceda, ni sostener un cambio bajo a alta velocidad, ni uno alto a velocidad reducida. Pero por su evolución y desarrollo, los autos de nueva generación que tienen estas transmisiones se manejan con un módulo electrónico que interpreta el movimiento del acelerador y la velocidad de las ruedas para calcular en qué momento cambiar de macha.

Es por ese motivo es que si se quiere circular con una marcha más baja de la que el módulo mantiene conectada, sólo con aliviar el pie del acelerador un par de segundos y el motor subirá un cambio, entendiendo que esa será la velocidad crucero y no es necesario seguir ofreciendo revoluciones para ir más rápido.
Del mismo modo, si se quiere aumentar la velocidad rápidamente, por ejemplo para pasar a un vehículo más lento en la ruta, en lugar de apretar el acelerador contra el piso para que el motor baje un cambio, si se acelera un poco, apenas un centímetro respecto a la velocidad crucero, desde varios metro antes, el motor tendrá respuesta sin bajar un cambio, y permitirá pasar sin gastar tanto combustible adicional.
En los autos con caja automática no se debe poner el selector de cambios en N en un semáforo o embotellamiento. La electrómica del motor desacopla el embrague al estar detenido para que no se gaste. Pero si se coloca el cambio en N, se hará actuar el embrague dos veces, acolpando y desacomplando, y por lo tanto, generando un desgaste mayor.

La combinación con el turbo
La caja automática no llegó sola al mundo de los autos de alcance masivo, lo hizo de la mano del regreso de los motores turbo. La razón es la misma, consumir menos combustible y, por lo tanto, generar menos emisiones contaminantes.
Por eso, los autos más accesibles que hoy tienen caja automática suelen tener un motor de 1.0, 1.2 y 1.3 litros de cilindrada y de 3 o 4 cilindros, con motor turbo. El turbo tiene por misión entregar más salida al motor a bajas revoluciones, por lo tanto requiere menos presión sobre el acelerador para tener una respuesta adecuada a la solicitud del conductor. Sin embargo, no todas las marcas ofrecen motor turbo, y quedan propuestas de caja automática asociada a un motor 1.3 litros o 1.5 litros sin turbo asistencia.
En el mercado argentino actual hay varios modelos de motor chico con turbo y caja automática, los que podrían considerarse como los más económicos: Estos son el Peugeot 208, el Citroën C3, Basalt y C3 Aircross, el Chevrolet Onix o el Fiat Pulse.
Sin embargo, todavía hay opciones de motor aspirado y bajo consumo por tener un motor chico, como son el Fiat Cronos, el Toyota Yaris, el Renault Sandero y Stepway, el Volkswagen Polo o el Hyundai HB20.

También hay SUV con motor turbo de baja cilindrada como el Chevrolet Tracker, el Peugeot 2008, el Renault Kardian, los Volkswagen T-Cross y Nivus y el Jeep Renegade. Pero se mantienen los Toyota Corolla Cross con un motor 1.8 aspirado más allá de la opción del híbrido.
En el otro extremo, antes de llegar a los motores más grandes de las pick-up full size, están vehículos utilitarios o de recreación que tienen mayor cilindrada y turbo, y que son los que más consumo de combustible demandan.
Ahí están las pick-up V6 3.0 litros Ford Ranger y VW Amarok, y las 2.8 litros como las Toyota Hilux y SW4, o las Chevrolet S-10 y Trailblazer, o el nuevo SUV 4x4 Ford Everest, que tiene un motor Ecoboost 2.3 litros, pero que alcanza los 300 CV de potencia.
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