
El Gobierno redujo las retenciones a las exportaciones con lo que, más allá de la suerte del cepo, fijó una hoja de ruta cambiaria para sí mismo y para el campo, el sector que más divisas le aporta. Así, espera encarar la negociación con el FMI con más dólares a la vez que brinda el gesto que esperaba la Mesa de Enlace.
El campo venía alertando cada vez con mayor fuerza que atraviesa una tormenta perfecta desde hace bastante tiempo. Los precios internacionales están en baja, el dólar está planchado, sus costos aumentaron por la inflación a lo largo de 2024 y, por si fuera poco, el clima cada vez aporta más preocupación. “Ojalá que llueva”, soltó ayer Sergio Iraeta, el secretario de Agricultura, durante el anuncio en Casa Rosada.
A ese complejísimo escenario se agrega el peso de las retenciones, cuya reducción o eliminación además era una promesa tan rotunda por parte de Milei, aún desde tiempos de campaña, que se hacía complejo no dar alguna señal. Y el enojo se estaba haciendo sentir: un comunicado de la Mesa de Enlace derivó en una reunión con Caputo ya anunciada por el gobierno para los primeros días de febrero. En organizaciones como CARBAP ya se analizan medidas de protesta. Sacar los tractores a la ruta, en otros tiempos, le dio resultado al campo.
El encuentro entre el ministro y la Mesa de Enlace, ahora, se hará con las retenciones en baja. Pero más allá de lo gestual y las promesas electorales, la medida tuvo el timing para que el Gobierno se asegure una buena provisión de dólares en la primera mitad del año, en particular en la temporada alta de liquidaciones del segundo trimestre. Saber cuál será el nivel de retenciones para los próximos seis meses al menos deja alguna certeza al productor y al exportador. Así se quita algún incentivo para el silobolsa: el que piensa que las retenciones cambiarán dentro de un par de meses, prefiere retener.
Para decidir el momento de liquidar, los agroexportadores suele mirar dos indicadores: el precio internacional y el tipo de cambio. Con esta medida, el Gobierno les avisa que el segundo de ellos, hasta junio, tendrá alguna mejora.

También resulta clave que la baja de retenciones fue acompañada de un acortamiento de los plazos a partir de la presentación de la declaración jurada: 5 días para pagar los derechos de exportación, 15 días para liquidar. Si bien aún resta conocer la letra chica de la norma, se estima que para acceder a la rebaja de retenciones habrá que afrontar esos plazos más cortos. “También se podrá optar por no utilizar el beneficio y liquidar en plazo normal”, señaló la secretaría de Comercio en su comunicado.
Con esos plazos acortados, el Gobierno se asegura otra canilla de dólares para reconstruir el stock necesario de divisas para salir del cepo. Al acuerdo con el FMI y los esperados USD 11.000 millones de dinero fresco se agrega la negociación con fondos de inversión (Milei volvió a mencionarlo en Davos) y otros préstamos REPO como el que ya cerró en los primeros días del año con 5 bancos internacionales. Mientras termina de cerrar el acuerdo, que esta semana aceleró su dinámica, puede acumular más divisas. Al margen de la campaña nueva, todavía queda una buen porción de la soja del año pasado sin vender (17 millones de toneladas según el economista Gabriel Caamaño).
El BCRA tuvo un buen comienzo de año, con USD 1.400 millones a favor en su intervención en el mercado mayorista. Ese número podría comenzar a crecer mientras se mantenga el cepo y los incentivos para liquidar.
Al mismo tiempo, en la negociación con el FMI volverá a aparecer otro punto crítico, directamente vinculado a esta cuestión: el dólar blend. Se sabe que el Fondo Monetario siempre rechaza que haya tipos de cambio diferenciales para algún sector. ¿Seguirá en pie la posibilidad de liquidar un 20% de las divisas en el dólar financiero, tal como pide el FMI en todos sus documentos? Si el Gobierno accede a eso, la baja de las retenciones podría diluirse en un “dólar exportador” algo más bajo. No obstante, el campo siempre baja el mismo mensaje: no quiere un dólar especial, quiere un dólar sin retenciones.
Mientras mandó una señal al campo (”una palmada en el hombro”, dijo Coninagro), Caputo aprovechó para machacar sobre su reclamo de baja de impuestos y tasas en las provincias y los municipios. Los principales apuntados son los gobernadores de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, que se habían unido para pedir menos retenciones en defensa de sus productores. Ahora el pedido vuelve como un boomerang: la Nación insistirá con que bajen Ingresos Brutos y otros tributos, aún cuando es claro que la incidencia de cualquier impuesto provincial o municipal es muy baja en comparación con el 33% que pagan los productores de soja de esas provincias.
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