
Los patrimonios de las personas, como sucede con cualquier cosa, están sujetos a riesgos de diversa índole. Entre ellos, se destacan: confiscación; devaluación; doble tributación; filtración o robo de información; inestabilidad política; inflación; inseguridad jurídica; intercambio de información; juicios y ataques por parte de terceros; problemas sucesorios; y voracidad fiscal.
Dependiendo del tipo de activo del cual se trate y, fundamentalmente, del país de residencia, algunos de estos riesgos tendrán mayor relevancia que otros. Es por esto, entre otras cosas, que la planificación patrimonial es algo muy personal y que una misma estructura fiduciaria puede ser eficiente para una familia determinada y ser una pésima idea para otra.
Al mismo tiempo, se trata de un campo muy dinámico en el cual hay que estar muy actualizado. Soluciones que eran eficientes hasta ayer pueden no serlo hoy. Lo importante es que una eficiente planificación patrimonial internacional puede eliminar, o al menos reducir, el impacto de muchos de estos riesgos, y de allí su creciente relevancia.
La situación actual
De un modo sencillo, se puede decir que la planificación patrimonial consiste en determinar cuál es la manera más eficiente de poseer cada uno de los bienes que componen el activo neto de una persona (o familia) y cuál es el modo más eficiente de transferirlos a las siguientes generaciones de manera de cumplir con los objetivos del dueño original y de mitigar los riesgos antes expuestos.
Se han visto pocas veces en la historia situaciones de crisis como la que plantea actualmente la COVID-19 y el impacto que este tipo de situación tiene sobre la planificación patrimonial es tan grande como el que tiene en general en la vida cotidiana.
A grandes rasgos, la crisis aumenta tanto la probabilidad de que se verifiquen los riesgos que mencionaron más arriba, como la magnitud de sus consecuencias. A modo de ejemplo, ningún país (salvo Venezuela) está actualmente analizando aumentar impuestos y, de hecho, son muchos los que los han bajado y/o han prorrogado las fechas de vencimiento para el pago. Sin embargo, parece como altamente probable que -solucionado el tema del virus y enfrentados a una crisis económica sin precedentes- muchos países lo hagan.

Otra cosa que siempre se ha visto en situaciones de crisis es la restricción de las libertades de las personas. En el caso de la planificación patrimonial, esto podría darse con un avance de los Estados sobre la privacidad de los individuos, algo que ya ocurrió luego del fatídico 11/9 y que no sorprendería en absoluto que volviera a suceder.
Finalmente, toda crisis económica (máxime si es global) genera desempleo y aumento de los índices de violencia en las calles, lo cual implica una amenaza concreta para los patrimonios, sobre todo en regiones que ya eran violentas antes de la pandemia (como sucede con muchos países de América Latina).
En pocas palabras, es innegable que la crisis actual aumenta en forma considerable la importancia de una eficiente planificación patrimonial y, dado que casi todos cuentan con más tiempo que antes de que se desatara la misma, se sugiere colocar este tema en el “bucket list” de cosas para hacer durante la cuarentena.
Qué están haciendo los más ricos
Las personas y familias con patrimonios más grandes fueron quienes rápidamente adaptaron sus acciones en este campo a la coyuntura actual.
Desde un punto de vista puramente financiero, las decisiones de este tipo de familias han venido apuntando a: re-balancear portafolios de inversión; aprovechar oportunidades de inversión (o prepararse para hacerlo); y/o preservar activos en el largo plazo.
Desde el punto de vista de la planificación patrimonial, esto es lo que han estado haciendo: aprovechan para transferir riqueza a la siguiente generación o a estructuras fiduciarias; revisan y actualizan sus estructuras fiduciarias; y/o trabajan en temas que han dejado pendientes (por ejemplo protocolo familiar, sucesión en los negocios, etc.)
Alternativas para todos
Si bien no todas las herramientas de planificación patrimonial están a la mano de todas las personas (tal cual sucede con todos los bienes y servicios), la realidad es que todos pueden hacer algo para proteger lo que se tiene. Ello es así porque la planificación patrimonial no solo se puede realizar a través de la incorporación de uno o más vehículos jurídicos sino también a través de la compra de cierto tipo de activo.
Si, por ejemplo, el objetivo de una persona fuera exclusivamente de tipo impositivo, la planificación patrimonial podría basarse en la adquisición de activos financieros exentos de impuestos.
Si se buscara, en cambio, un mayor grado de privacidad, se podría invertir en activos no financieros y que por ende no estén sujetos al intercambio de información entre países (como inmuebles, joyas, autos de colección, obras de arte y/o criptomonedas).
Obviamente, cuando el principal objetivo pasa por buscar mayor seguridad jurídica o se quieren resolver cuestiones sucesorias o de protección de activos en sentido estricto, entonces la planificación debe necesariamente consistir en el armado de una o más estructuras jurídicas. En este último escenario, la clave pasa por elegir correctamente estructuras, jurisdicciones y proveedores.
Las herramientas legales existentes en materia de planificación patrimonial van desde la mera confección de un testamento hasta la mudanza internacional, pasando por la creación de sociedades, trusts, fundaciones y fondos de inversión familiares y/o la contratación de seguros de vida.
Algunas de estas herramientas van a permitir una sucesión más ordenada, en tanto que otras van a ir más allá, otorgando claras ventajas impositivas a quienes las utilicen. Tales son los casos del trust irrevocable y discrecional que, en la inmensa mayoría de los países de la región permite diferir el impuesto a la renta y evitar el impuesto a la riqueza, y del fondo de inversión familiar, que por lo general permite también diferir el impuesto a las ganancias y eventualmente pagar una alícuota menor a la hora de rescatar fondos.
Lo importante, a la hora de determinar cuál es la mejor estructura patrimonial para un cliente en particular, es conocer sus objetivos y necesidades, analizar los riesgos a los que se enfrenta y estudiar en profundidad la legislación de su país de residencia fiscal.
En materia de planificación patrimonial internacional las soluciones deben adaptarse a los clientes y no viceversa.
El autor es Fundador de Untitled, boutique de servicios legales especializada en fondos de inversión, finanzas corporativas, planificación patrimonial internacional, intercambio de información y amnistías fiscales. Esta columna fue publicada en Fin.Guru
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