
Roland Garros, Argentina, 1986.
Perdón si te confundo, pero lo que vas a leer nada tiene que ver con el trofeo que Ivan Lendl levantó después de ganarle la final al sueco Mikael Pernfors en tres sets, o el que Chrissy Evert se llevó al vencer a su eterna rival Martina Navratilova, su séptimo en el Grand Slam parisino.
Estoy hablando de un par de zapatillas que pedí, imploré y lloré a mis padres para que me compraran. Un modelo de zapatillas de tenis, aptamente llamado Roland Garros, lanzado por la marca de las tres tiras en nuestro país allá por 1986, años antes de que agarrara por primera vez una raqueta de tenis para no soltarla nunca más.
“Pero vos no jugás al tenis, y si jugamos en polvo de ladrillo yo a vos te gano 6-0, 6-0″, me dijo mi compañero de grado Juan P. del T., con la soberbia y la agresividad típica de un chico de 10 años de clase media alta amparado en la protección y el privilegio de sus padres. Poco me importaba. Yo amaba mis zapatillas con locura. El único par que tenía. Cuero blanco, detalles en gris, con la puntera interna reforzada para resbalar -y resbalar y resbalar- en ese polvo de ladrillo que jamás había pisado, en el que aquel JPDT me propinaría una paliza.
Creo que el tenis, a mí, primero me entró por los ojos. No por la derecha perfecta del gran Ivan, o el revés hermoso de nuestra querida Gaby, o de la mano mágica que Johnny Mac mostraba en cada volea. Cuando digo que me entró por los ojos, me refiero a la camperita Fila de Borg, a las conjuntos Adidas que vestía el elegantísimo Stefan Edberg, o a la chomba a rayas verticales de Le Coq Sportif que vestía el espectacular Yannick Noah. Y, ya raqueta en mano, me enamoré del tenis profundamente y para siempre la primera vez que el Kid de Las Vegas salió a la cancha luciendo sus shorts de denim. Sí, señoras y señores, el tenis es moda. Siempre lo fue, siempre lo será.
El tenis siempre ha sido moda, pero en los últimos años, creo yo, el deporte blanco ha alcanzado su “peak fashion”, en particular en este 2024. Desde siempre las marcas han tratado de lanzar colecciones que combinaran estética y funcionalidad, donde lucir bien más allá de los courts fuera casi más importante que dentro de ellos. La moda vende. Desde el exceso fluorescente en el Agassi de los 90 hasta el traje con el que Roger pisara el césped de la santa sede del tenis, Wimbledon.
Pero en estos últimos años ya no son las tradicionales marcas deportivas de siempre, sino que son las del mundo fashion las que hacen su incursión en el deporte de raqueta más importante del mundo. Desde marcas más de nicho como Kith colaborando con Wilson para lanzar una edición limitada de sus modelos Clash, Blade o Pro Staff, o Reigning Champ colaborando con Prince para reeditar su antiquísima Graphite (aquella que usaran muchos de los nuestros como Gaby, el Rey David o el Mago Coria) en color blanco con detalles en verde, hasta la archi-mega-famosa casa de Gucci, primero sponsoreando a su compatriota y número uno del mundo Jannik Sinner, y luego lanzar una colección de tenis completa, a precios exorbitantes.
Estrenada a principios de este año, la película Challengers del italiano Luca Guadagnino protagonizada por Zendaya puso el tennis-core en la estratósfera, logrando que la platea femenina (tal cual lo hiciera yo en 1986) se vistiera de tenis para moverse por la ciudad sin saber lo que se siente al abrir un tubo de pelotas nuevas. Vivo en Nueva York y lo vivo día a día. La gorra del US Open probablemente sea la prenda que más veo en las calles de Manhattan, y encuentro a diestra y siniestra chicas en polleritas y tops de tenis de Lululemon, Boss, Gucci, On o Brunello Cucinelli sin llevar con ellas ningún tipo de raqueta.

Ni hablemos de Naomi Osaka y su outfit lolita-goth-style, inspirado por las calles de Harajuku y Sailor Moon, realizado en colaboración por Nike y la marca japonesa Ambush. Gracias a Dios, Naomi ganó su primera vuelta y pudimos ver sus dos outfits, el diurno y el nocturno, verde y blanco y negro y blanco respectivamente, para beneficio de todas las publicaciones de tenis y de moda alrededor del mundo.
Naomi, lamentablemente, no pasó de la segunda vuelta. Pero eso no importa tanto. Lo importante en el tenis es siempre verse bien. Ya sea dentro o fuera de la cancha.
PD: JPDT, seguro me ganabas. Pero no tenías mis zapatillas.
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