
Ya pasaron ocho años, pero siempre hay alguna persona que, cada vez que se hace una publicación de Rodrigo Palacio, hace un “chiste” con eso. Para algunos es una broma, la repiten, se ríen, se sienten ingeniosos, creen que son graciosos. Entiendo la era moderna, los memes, el “divertirse” en redes, pero quienes lo hacen parecen no estar conscientes del daño que hacen. El que le hicieron a Higuaín, antes a Verón, también a Palacio y a tantos otros. Estamos hablando de cracks mundiales, con una carrera impactante, envidiable. Es doloroso que la gente actué así. Tal vez habría que intentar de entender por qué lo hacen. ¿Creen que no dañan? ¿Se sienten importantes haciéndolo? ¿Se divierten? ¿O realmente creen que haciendo esos comentarios se vengan de un error futbolístico de ese jugador? ¿Es, simplemente, envidia, hacia el exitoso? ¿O tal vez tiene que ver la camiseta que usaron en el país? ¿O es la forma de ser del atleta, algo que no les gusta de él y buscan hacerle mal? Difícil encontrar una respuesta, realmente.
Yo tuve la chance de conocer a Rodrigo Palacio. Un pibe de barrio, simple, extremadamente humilde, sumiso, de pocas palabras y de un perfil subterráneo. No le gusta dar notas ni estar en los flashes, en los medios. Pero una vez, para un programa de cable que yo tenía en Bahía Blanca (Ruta 3), recuerdo que me dio una entrevista larguísima, que hicimos mitad en la Bombonerita hablando de su pasión por el básquet -hasta jugamos un torneo de triples que me ganó- y mitad en el césped de la Bombonera hablando de fútbol. Ya era crack de Boca, pero no tenía ningún tipo de divismos. Cuando se largó a llover no tuvo dramas en seguir la nota, primero en el banco de suplentes, con frío, y luego en el buffet, bajo techo, pegado al estadio de básquet. Increíble se ve a la distancia… Pero así es Pala.
Rodrigo metió 250 goles y jugó casi 800 partidos, hasta los 40 años, en las mejores ligas del mundo. Dos Mundiales tiene en su haber. Tengamos un poco de respeto. Y de sentido común. Sí, falló una situación de gol que podría cambiado la historia, la del fútbol argentino y la suya. Seguramente hoy tendría estatuas en distintos lados del país… Pero no pasó y aquello no debe cambiar nada, lo que fue como jugador, lo que es como persona. Sobre todo, cuando hablamos de la persona. Porque eso es lo que hay detrás de un profesional del deporte.
Al menos en este país, el que más conozco, parece que nunca alcanza, que siempre hay algo malo que decir, algo por lo cual podemos crucificar a alguien. Por eso tantos se van y no vuelven, como Palacio, todavía en Italia. ¿O creen que es casualidad?
Rodrigo, por lo que hizo y por cómo es, merece todo nuestro amor y reconocimiento. Es el producto de un pequeño barrio del Interior, que soñó, se esforzó y llegó más allá de lo pensado. Es todo lo que muchos de nosotros soñamos. Veamos toda la película y aplaudamos los logros, no siempre focalicemos en lo malo. Porque cosas malas tenemos TODOS y a nadie nos gusta que no anden señalando y menos de a millones, por redes sociales.
Por todo esto, por lo que ha sufrido y por haberlo conocerlo, decidí contar su historia y mostrarles su lado B, el lado más humano y hermoso del crack. Y, en el proceso de la nota, lo conocí aún más y siento todavía más admiración por el protagonista. Espero que cada uno que la lea sienta lo mismo y la próxima vez que quiere escribir un comentario hiriente lo piense dos veces. Rodri merece otra cosa. ¡Gracias!
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