
“El presidente Nelson Mandela se focalizó en la construcción, desde cero, de una nación inclusiva e integrada”, destacó la embajadora de Sudáfrica en Argentina, Zanele Makina, quien subrayó el legado del primer presidente democrático de su país, quien gobernó entre 1994 y 1999. Víctima de los abusos del apartheid, luego de sufrir 27 años en prisión –18 de ellos en la cárcel de máxima seguridad de Robben Island–, el histórico líder del Congreso Nacional Africano (CNA) sentó bases para dejar atrás décadas de segregación racial.
“Argentina es un socio muy importante para nosotros”, sostuvo, en diálogo con DEF, la diplomática, acreditada en Buenos Aires desde hace casi cuatro años. Destacó la solidez y fortaleza de la relación bilateral y recordó que Mandela siempre agradeció el gesto que tuvo nuestro país en 1986, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, cuando rompió relaciones con el régimen del apartheid y cerró temporalmente la Embajada en la capital administrativa, Pretoria, que sería reabierta cinco años más tarde, cuando el sistema fue abolido y las leyes que lo regían quedaron derogadas.
El fin del apartheid y el empoderamiento de la población negra
-Embajadora, ¿cuál es el balance que hace de las últimas tres décadas? ¿Cómo hizo Sudáfrica para dejar atrás el apartheid?
-Lo primero y más importante que debo señalar es que heredamos un país que excluía al 85% de la población de la toma de decisiones, de las actividades económicas y de la educación. Desde 1994, nuestro gobierno ha tomado medidas para “nivelar la cancha” y hacer equitativas las condiciones de acceso a la educación, a la vivienda, al trabajo y a las distintas actividades sociales. Hubo que desmontar toda la legislación heredada del régimen del apartheid, que beneficiaba únicamente a la minoría blanca. Se convocó a una Asamblea Constituyente, conducida por quien es hoy el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, que funcionó entre 1994 y 1996 y en la que participaron todos los partidos políticos y todos los sectores de la sociedad.

-¿Qué ocurrió en la economía, en la que la histórica segregación de la población negra había impedido su participación durante más de cuatro décadas?
-Se puso en marcha un programa de empoderamiento de la población negra y se aprobó una ley para promover el desarrollo de actividades económicas. Durante el apartheid, también se discriminaba a la mujer y no solo a la mujer negra, sino a todo el género femenino, que estaba subrepresentado en todos los ámbitos. Sudáfrica era una sociedad patriarcal.
La propiedad de la tierra: el debate sobre la ley de expropiación
-En 2024, el Parlamento de Sudáfrica aprobó la Ley de Expropiación de Tierras. ¿En qué consiste esa nueva norma?
-La Ley de Expropiación de Tierras es muy importante. Recordemos que la propiedad estaba concentrada en muy pocas manos y solo tenía acceso a ella el 7 % de la población. Quiero dejar en claro que no es una ley arbitraria y está perfectamente en línea con la Constitución, porque fue aprobada al cabo de un debate parlamentario en el que participaron todos los grupos políticos. El apartheid estaba basado en el desapoderamiento de las tierras más fértiles, que fueron entregadas a la población blanca para que desarrollara actividades agrícolas. La nueva ley establece compensaciones y determina en qué casos el Estado puede expropiar las tierras.
-¿Qué puede decirnos de las denuncias sobre presuntos ataques a granjeros blancos?
-La información que habla del asesinato de granjeros blancos para quedarse con sus tierras es absolutamente falsa. No existe un solo caso que avale ese tipo de afirmaciones. Forman parte de una campaña de agitación racista. Cuando llegó al poder en 1994, el Congreso Nacional Africano promovió un mensaje de inclusión dirigido a todos los sectores de la sociedad. Mandela tenía muy claro que, para construir una nueva nación, era necesario el perdón y la reconciliación. Así fue como Sudáfrica se convirtió en un modelo para el resto del mundo.

Sudáfrica: una voz del Sur Global en el nuevo tablero mundial
-Sudáfrica preside actualmente el G20, que tendrá su Cumbre de jefes de Estado en Johannesburgo en el mes de noviembre. ¿Cuáles son los objetivos de su país, el primero del continente africano en presidir este foro?
-Nuestro lema es la solidaridad entre naciones, teniendo en cuenta fundamentalmente las naciones del Sur Global, y la igualdad, que es un reclamo que se escucha en todo el mundo. La desigualdad es cada vez mayor: la brecha social se está ampliando. El presidente Ramaphosa también ha puesto énfasis en la sustentabilidad ambiental y la protección de los recursos naturales. A nivel global, vemos la inequidad que reina en las Naciones Unidas, donde las decisiones son tomadas por un grupo de cinco países poderosos (EE. UU., Rusia, China, el Reino Unido y Francia). La necesidad de una ONU realmente equitativa y representativa se viene planteando desde hace décadas. La ONU es una organización necesaria, pero hoy no está siendo efectiva en su accionar.
-Existe un consenso entre los países africanos sobre la necesidad de que el continente esté representado con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. ¿Qué propone Sudáfrica?
-Los países de la Unión Africana consideran que deberían estar mejor representados y saben que deben moverse colectivamente para conseguir un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. Sin embargo, cada uno tiene sus propios intereses y debaten cómo conseguir esa mayor representatividad.

-¿Cuál es la importancia que tiene el grupo BRICS, que se ha consolidado como un nuevo actor en la escena internacional?
-Los BRICS son una voz emergente que no puede ser ignorada y ha generado cierto malestar en algunos círculos. Sus miembros forman una masa crítica que tiene mucho para decir sobre la gobernanza global. Sus miembros son actores importantes en términos económicos y representan un desafío al dólar como única moneda de intercambio en el comercio mundial. El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS brinda acceso al financiamiento de los planes de desarrollo de los países del Sur Global.
Argentina y Sudáfrica: inversiones, oportunidades y la pasión común por el rugby
En el plano comercial, las inversiones sudafricanas en nuestro país se destacan en el sector minero, que está tomando nuevo impulso a partir del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La embajadora Zanele Makina mencionó los casos de AngloGold Ashanti, presente desde 1998 en el yacimiento de oro de Cerro Vanguardia, en la provincia de Santa Cruz; y Sibanye Stillwater, que cuenta con una participación en el proyecto de cobre Altar, en la provincia de San Juan. “Estas dos compañías sufrieron los vaivenes de la economía argentina y, sin embargo, nunca se fueron del país”, remarcó la diplomática, al recordar, por ejemplo, la normativa que impedía la repatriación de utilidades.
Por otro lado, la representante diplomática destacó que Argentina es el mayor exportador de maquinaria agrícola a Sudáfrica. No es casual que, año tras año, empresas locales del sector participen en la feria agrícola Nampo Harvest Day, cuya 57.º edición tuvo lugar en mayo pasado en Bothaville. “El agronegocio puede seguir creciendo”, afirmó, al tiempo que se mostró esperanzada en la profundización de los vínculos comerciales entre el Mercosur y la Unión Aduanera del África Austral (SACU) –que integran Sudáfrica, Namibia, Lesoto y Botsuana–. En 2016, entró en vigor un acuerdo de preferencias comerciales entre ambos bloques.

Las oportunidades de cooperación en materia científica y tecnológica también invitan al optimismo. La embajadora destacó el potencial que ofrece INVAP –cuya sede de Bariloche visitó–, que actualmente está desarrollando un centro de tecnología nuclear en Uganda, que será el tercero en el continente africano, luego de los dos reactores que construyó en las décadas del 80 y del 90 en Argelia y Egipto, respectivamente. Por otro lado, investigadores argentinos y sudafricanos participan del proyecto SAMOC (South Atlantic Meridional Overturning Circulation), de observación oceánica en el Atlántico Sur, un espacio geográfico que ambos países comparten.
Un tema que no estuvo ausente en nuestra conversación fue el deporte, donde Sudáfrica destaca como una potencia del rugby y su seleccionado, los Springboks, son un asiduo rival de Los Pumas en distintas competencias internacionales. “El rugby es como una religión en Sudáfrica”, destacó. Recordó cómo la pelota ovalada ayudó a unir a la sociedad sudafricana tras el final del apartheid, lo que permitió dejar atrás décadas de discriminación y exclusión. Considerado hasta fines del siglo pasado como un “deporte exclusivo de blancos”, hoy es seguido con pasión por toda la población. La imagen que mejor retrata el éxito de esa política es la fotografía de Nelson Mandela entregando el trofeo de campeones del mundo al capitán del equipo, François Pienaar, en 1995, inmortalizada por la película Invictus.
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