
Mi ingreso al mundo de Berni se produjo con Wedding Cake, una obra llena de preguntas.
Yo convivo con ella desde hace mucho.
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Por supuesto, la obra es una sublime demostración del Pop; de ese movimiento que nace como crítica a la sociedad de consumo, allá en los ’60.
Con la abundancia exagerada y hasta ridícula, Wedding Cake nos muestra que el verbo del futuro no será Ser, sino Poseer.
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¿Esa reflexión me llevó a comprarla? De ninguna manera. Wedding Cake fue una pasión instantánea. El deseo de tenerla es mucho más que una reflexión. La siento viva, la obra es un enigma que encandila con interrogantes. Todos los días, todo el tiempo.
Paso delante de ella y no puedo evitar preguntarme ¿Por qué los novios no se miran? ¿Por qué miran al frente como dos caricaturas?
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El casamiento parece un acuerdo de dos tribus, una gris y la otra blanca, una oscura y la otra que brilla. ¿La novia está siendo entregada? ¿Quién es la “cake”, la torta o la novia? Pero también es posible que la rubia indiferente termine sometiendo al novio gris.
La obra es contradictoria, cuenta cuentos diferentes y contradictorios; es difícil convivir con ella sin intentar descubrir el relato.
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Otras veces me impacta la caricatura, la falta de realidad de los personajes que parecen muñecos. ¿Pero esto no es el Pop, simplemente? Sin embargo, hay algo más, tengo la certeza.
Muchas veces organicé visitas a la colección. Wedding Cake tiene un efecto contundente, casi hipnótico. La gente queda sorprendida con el color, con los gestos de los personajes, con su frontalidad casi medieval, con la torta ostentosa y monumental, con las figuras que se desvanecen hacia el fondo. Pero después de la sorpresa de la imagen, empiezan los comentarios
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¿Es una sátira al matrimonio? ¿La rubia lo somete al tipo con su indiferencia? ¿El novio se compró a la rubia y la exhibe junto con la torta?
Tratan, tratamos todo el tiempo de “saber que pasa,” aún sabiendo que no hay un cuento, que la obra vive a través de la emoción que provoca la imagen, el color, las miradas, la frontalidad y el contraste de los personajes.
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Sabemos que el arte no “significa”, que no es un lenguaje, que el arte impacta la emoción. Pero a pesar de estas nociones clásicas, la obra interroga, insinúa argumentos inasibles.
A veces pienso que la obra me atrae y me molesta.
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A veces pienso que Wedding Cake representa mi sometimiento de coleccionista, mi deseo irracional de poseer la belleza.
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