Como si fuese una serie, de las principales plataformas de streaming, Malvinas día x día es mucho más que un mega documental: es una minuciosa y exhaustiva investigación llevada al plano multimedia en torno a la Guerra de Malvinas, de la que hoy se cumple un nuevo aniversario de su desembarco.
Con una abrumadora cantidad de mapas, datos, infografías animadas y, para darle aún más carácter documental, una voz en off, narra los pormenores del conflicto bélico: es la del responsable de todo esto, Gabriel Concatti, quien le imprimió a su obra el sello de una factoría artesanal de gran calibre. “Recurrí a mi voz y también un amigo me ayudó con la banda sonora”, recordó vía telefónica con Infobae Cultura.
Sin experiencia previa en el ensamble de documentales, pero sí con un pasado como VJ (pasando imágenes en fiestas y eventos), este mendocino de 49 años se adentró en los programas de edición de videos y aprovechó su conocimiento académico (es sociólogo) para saber cómo encarar una investigación de tal magnitud, recabar datos y realizar entrevistas.

La implementación de software como el Adobe After Effects, Photoshop e Illustrator fueron cruciales para ensamblar su gesta tecnológica. También implementó lo que era el viejo Flash -actual Adobe Animate- que le permitió, por ejemplo, dibujar o mostrar, el paso a paso de la guerra de manera cenital, con una cámara “que enfoca” todo desde arriba, en 2D, recorriendo el despliegue tanto de las fuerzas argentinas como británicas, a semejanza de un videojuego vintage.
Porque todo lo que se ve en Malvinas día x día, fue hecho por él, desde el diagrama naval de la Armada Naval Argentina versus la Royal Navy, el dibujo de cada fragata, destructor o crucero, los diseños de los aviones de combate Skyhawk, Mirage o Dagger ante los Harrier ingleses, o bien la disposición de los soldados en el campo de batalla, en colaboración con el Google Earth, para poder desplegar los mapas terrestres. “La idea era contar la guerra de Malvinas con el mayor detalle y objetividad posible. Intento ser objetivo, aunque sabemos que uno nunca va a poder serlo porque siempre la mirada es la de uno”, reconoce el realizador desde su Mendoza natal.

Concatti decidió mostrar su trabajo al mundo vía YouTube (“buscando la famosa monetización de la cual nadie sabe mucho”) y percibir algunas donaciones a través de Mercado Pago para poder solventar su investigación. El resultado fue una serie documental, que ya tiene 25 capítulos en www.youtube.com/@malvinasdiaxdia y hoy estrena -a partir de las 19 horas- nuevo material en donde se relatarán los sucesos ocurridos entre el 29 de Mayo y el 1 de Junio de 1982. “Es la incursión de las compañías de comandos al Monte Kent, los caídos del grupo Alacrán de la Gendarmería, el combate en Top Malo House y el derribo del avión Hércules de la Fuerza Aérea entre otros acontecimientos”, adelanta el realizador.
Primeras impresiones
Concatti vive en Luján de Cuyo, es licenciado en Sociología y, por esas cuestiones del destino, estar lejos de la tierra del buen vino lo hizo sentirse aún más cerca de ella. “Viví cinco años en Barcelona en donde hice un máster en Gestión Cultural, un posgrado en Filosofía y después regresé a la Argentina”, recuerda este egresado de la Universidad Nacional de Cuyo.

Mientras residía en España, su corazón comenzó a latir más fuerte por los colores celeste y blanco, y un sol iluminó su norte hacia un tema que de chico lo intrigaba: la Guerra de Malvinas. “Tenía seis años cuando se produjo la guerra, es uno de los primeros recuerdos que tengo bien claros, mi padre yéndome a buscar al colegio apurado porque había sucedido algo increíble. Llegar a casa y ver a Galtieri hablando por el balcón de la Casa Rosada. Y ni hablar lo que fueron esos dos meses y medio en donde no había un momento en donde no se discutiera aquel tema entre los adultos”, rememora.
Sin dudas, desde un día como hoy hace 43 años, su vida cambió (“eso me dejó marcado”) para cuatro décadas después interiorizarse a fondo, con una “mirada un poco más nacionalista”, desde el otro lado del océano Atlántico.

Los ecos del primigenio documental Guerra en el Atlántico Sur, que se emitía por Canal 13 (con la inconfundible voz en off del fallecido locutor Ernesto Frith) como así también Malvinas La guerra desde el aire -vía History Channel- fueron espejos de ayer y hoy en los cuales, Concatti, se reflejó para comenzar a cranear su obra maestra.
“Siempre me acuerdo del primer libro que salió sobre Malvinas, el de Rubén Moro, La guerra inaudita: historia del conflicto del Atlántico Sur, escrito en 1984, muy reciente, el primero que intentó dar una mirada completa. Y, recién a partir del 2000, empezaron a aparecer nuevas investigaciones, foros de internet en donde discutían excombatientes como Zona Militar en donde intercambiaban información. Me pasaba los días y las noches leyendo esas conversaciones porque me parecían súper interesantes”, amplió sobre su incursión bélica.

El resultado: una exhaustiva investigación a lo largo de una década, día por día de los hechos, tomando notas al pie y recopilando datos minuciosos. “Llegué a tener unas 2000 páginas en Word escritas y ni sabía que eso se iba a transformar en un documental, pensaba qué iba a hacer con todo ese material”, enfatiza.
Hasta que se decidió y dio el puntapié inicial –luego de un fallido intento de mecenazgo por parte del INCAA-, y sin recursos para contratar un equipo de trabajo, decidió abordar la titánica tarea en soledad. “Lo hacía en mis momentos libres de la docencia en un instituto terciario de Mendoza”, reconoce.
Metas, mitos y curiosidades
El objetivo de Concatti es claro, poder continuar con los capítulos hasta completar la totalidad de los acontecimientos de la guerra. “En total son 33 episodios que, si la suerte y el tiempo acompaña, debería terminar este año. Para cada capítulo tardo unos dos meses, pero quiero ver si puedo publicar uno por mes. Comencé en abril de 2022, quiero dedicarme a otra cosa por fuera de Malvinas”, afirma entre risas el responsable de proyecto que ya alcanzó los 25 mil suscriptores en la plataforma audiovisual y cosechó unas 2 millones y medio de visualizaciones de seguidores en todo el continente con los cuales chatea en vivo durante el estreno de cada episodio, como será el de hoy a las 19.

— ¿Qué te inspiró a hacer tamaño documental con tanto grado de detalle?
— Cuando terminó la guerra se produjo lo que todos llamaban “el proceso de desmalvinización”, o sea, tapar lo sucedido tanto por el gobierno militar como por el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. No se hablaba del tema Malvinas, no se hablaba de los excombatientes, era muy poco lo que se conocía. Eso me llevó a decir ´esto hay que contarlo, en profundidad´”.
— Como si fuese un recuerdo y reivindicación a los caídos…
— Claro, ese enorme silencio que hubo en los años posteriores a la guerra se llenó con falsedades, por ejemplo que los gurkhas (un ejército nepalí que formaba parte de la tropa británica) habían degollado a varios argentinos. Y eso es mentira, los gurkhas nunca entraron en combate, es más, recibieron un poco de artillería en la batalla del Monte Tumbledown en donde las fuerzas argentinas se rindieron. Al ver que había tanto mito, desinformación y discusión, decidí contar todo. ¿Cuántos eran los británicos? ¿Qué armamento tenían? ¿Cómo estaban preparados? ¿En qué posiciones estaban? ¿Cómo se movieron? Son detalles fundamentales a la hora de querer entender una guerra, sobre todo en el ámbito bélico, y eso no lo vi en otro documental. Así que me parecía que eso podía generar interés y, de hecho, lo genera, reflejando la cantidad de armamento y tropas que había en cada lado. Para ello, intenté contar tal como fueron los hechos. No hay una visión patriótica o patriotera. Por ejemplo, el periodista Nicolás Kasanzew, a quien respeto mucho, en su canal de YouTube solo se enfoca en la parte heroica, en donde a la Argentina le fue bien. Apoya el hecho de que se hayan recuperado las islas y tiene una mirada un poco más condescendiente con los militares.

— ¿Qué límites te impusiste para esta serie documental?
— Que cada capítulo no pase la media hora de duración, aunque recibí comentarios de gente que quería más detalles o bien que reúna varios capítulos del comienzo de la serie para que quede como una hora y media de material. Y quizás lo haga a futuro. Todo fue prueba, ensayo y error. Creo que la gente se enganchó porque los documentales que vi de Malvinas es acerca de excombatientes hablando, que es otra de los de las decisiones que tomé desde un principio, que no haya eso, sin olvidar a la Universidad Nacional de Lanús que realiza los programas Voces de Malvinas en donde suben entrevistas que duran más de dos horas cada una.
— Hablaste de “desmalvinización”, ¿cuándo retornó la “malvinización” al país?
— A partir de 2010 hubo un nuevo interés por las Islas Malvinas. Libros como el de Oscar A. Téves (Malvinas. La batalla de Pradera del Ganso) me sirvieron para recrear esa contienda bélica. Él entrevistó a casi todos los excombatientes de esa batalla y visitó tres veces las islas. Otro librazo es Malvinas Fuego en el aire de Rodrigo Valdés y Claudio Meunier (quien también escribió Malvinas Jamás serán olvidados). Y no me quiero olvidar de Malvinas En primera línea, de Lautaro J. Jiménez Corbalán.

— ¿Qué fue lo que más te costó recrear o investigar para esta serie documental?
— El mito que hay alrededor del ataque al portaviones HMS Invincible, que figura en el capítulo 25. Lo que hice fue consignar tanto la versión británica como la argentina, buscando que sea el espectador quien decida a cuál de las dos le va a creer. A la versión nacional no le podés negar algo fundamental, que es que tanto el alférez Gerardo Guillermo Isaac como el brigadier de la Fuera Aérea Argentina, Enrique Ureta, que llegan al objetivo, dicen que lo vieron lleno de humo, lo rodearon y que el barco estaba prendido fuego. Pero los británicos, lo niegan.
— ¿Qué te sorprendió del resultado del documental?
— En un momento tenía muy pocas visitas y pensaba: “¿Qué está pasando?”. Un día, por error, en uno de los capítulos que subo, el del hundimiento del crucero ARA General Belgrano, tildo la activación de comentarios. Y las visitas se dispararon. Entonces me di cuenta que era algo que había que dejar. Los comentarios negativos son muy puntuales pero no percibí mucha agresividad.

— En Malvinas día x día también recordás el enfrentamiento en las islas Georgias del Sur, un hecho no muy difundido...
— Creía que había una deuda con aquellos combatientes, si estoy contando día a día el conflicto bélico, entonces a las Georgias había que ponerlas. De hecho, lo digo en el primer capítulo, que siempre hablamos de la Guerra de Malvinas y el conflicto bélico es tanto por estas islas como por las Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Es un hecho que quedó como en un segundo plano, fue una batalla menor en comparación con las que sucedieron luego en Malvinas.
— Como especialista en el tema, ¿cuáles creés que fueron los errores más significativos de la Junta Militar de Gobierno a la hora de afrontar el conflicto?
— La falla más importante es que la Junta tomó la decisión de recuperar las Islas Malvinas porque estaba convencida de que los británicos no iban a venir. Pero hubo fallas por todos lados. Una de las cosas que me hizo meterme en el tema fue el Informe Rattenbach (técnicamente conocido como el Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur) cuya apertura se dio en febrero de 2012, bajo el gobierno de Cristina Kirchner. A partir de ese momento, los investigadores ya podíamos leer, no solo el informe, sino también las declaraciones hechas por cada uno de los de los comandantes o de los que fueron entrevistados por el teniente general Benjamín Rattenbach. Eso me dio un montón de información. Por ejemplo, Jorge Isaac Anaya, miembro de la Junta Militar de Gobierno y Comandante en jefe de la Armada Argentina, fue el principal impulsor de la Guerra de Malvinas, pero siempre nos acordamos de (Leopoldo Fortunato) Galtieri -al frente de la Junta y Comandante en jefe del Ejército Argentino- saliendo al balcón en la Plaza de Mayo y diciendo: ´Si quieren venir que vengan, les daremos batalla´.

Anaya era como más oscuro, no todos lo conocían, pero fue el verdadero ideólogo de todo. En la Operación Rosario no hubo bajas, por eso fue tan importante, y la Junta creyó que, tarde o temprano, la solución del conflicto era diplomática y eso desencadenó los demás errores, no prepararse para una guerra ni tomar las medidas necesarias para conocer al enemigo que ibas a enfrentar. Todas las fallas logísticas que hubo devinieron de haber creído que no se iba a producir el conflicto, que Gran Bretaña no iba a movilizar una flota y que estaba destinada a una lucha contra la Unión Soviética en plena Guerra Fría para recuperar unas islas que, en su punto de vista, no les servían. Además, la falta de comunicación entre las tres fuerzas fue increíble, sobre todo entre la Fuerza Aérea y la Marina. Estos últimos tenían sus aviones -la aviación naval- y hubo misiones en las cuales los marinos estaban haciendo una cosa y los de la Fuerza Aérea, otra. También me sorprendió la poca confianza en el ámbito castrense para transmitir la verdad (de cómo se iban desarrollando los acontecimientos) hacia Galtieri. No querían llevarle malas noticias.
— ¿Cuál fue la mayor dificultad técnica de esta serie documental?
— Recrear batallas terrestres, son mucho más difíciles que las aeronavales. No es lo mismo diseñar un avión que ataca a un barco, a llevar 300 soldados que luchan contra otros 200. Al momento de hacer la recreación de todas esas imágenes te cuesta muchísimo. Solo me resta elaborar la batalla en Puerto Argentino.

— ¿Qué aspectos desconocías de la Guerra de Malvinas que descubriste con este proyecto?
— Ocurrió durante la batalla de Pradera del Ganso, en la Colina de Darwin, desde donde avanzó el ataque británico. Allí hay una casa en donde vivía una familia que no se fue: ¡miró por la ventana toda la contienda! Y como factor sorpresa, la semana pasada me escribió un kelper, de origen chileno, que vive hace 20 años en Malvinas. Está casado con una isleña, tiene una hija allá y me puso en contacto con la familia Morrison, aquellos testigos de la guerra. Es más, me ofreció alojamiento, me dijo que cuando quiere ir a las islas, adelante. Es una satisfacción.
— ¿Planeaste o planeás visitar las islas Malvinas?
— Sí, es un gran sueño poder hacerlo, pero no es barato.
— ¿Cómo sigue o finaliza este proyecto documental malvinense?
— Abandonarlo sería una locura, entonces pensé volcarme al terreno de las entrevistas, pactando una nota con algún excombatiente, pero mostrando el fragmento del documental que narra sus vivencias, Que lo vayamos viendo juntos y que vaya reaccionando al documental y me pueda ir diciendo: “Bueno, eso que contás, no es tan así o, ahí, tuviste un acierto”. Me parece que eso podría generar interés.
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