
Dolor en el mundo de las letras. Murió el narrador, ensayista y docente Noé Jitrik a los 94 años. Estaba internado en Colombia tras sufrir un ACV. Su familia —su esposa, la escritora Tununa Mercado, y sus dos hijos, el físico Oliverio Jitrik y la artista plástica Magdalena Jitrik— había viajado para acompañarlo. Estaba en coma farmacológico y los médicos dijeron que estaba mejorando. pero finalmente ocurrió el peor desenlace. La noticia se difundió a partir de un tuit de su colega y amiga Margo Glantz.
Nacido en Rivera, pequeña ciudad bonaerense casi al límite con La Pampa, el 23 de enero de 1928, Jitrik fue uno de los intelectuales más respetados de las letras argentinas. Prolífico como pocos, ostenta una extensa obra que incluye libro de cuentos, novelas, poemarios y ensayos. El último, Un círculo, novela publicada por Interzona, forma un tríptico junto a Tercera Fuente (2019) y La vuelta incompleta (2021).
Su obra, prolífica como pocas, tiene un origen en la poesía. Sus primeros libros son los poemarios Feriados (1956) y El año que se nos viene y otros poemas (1959). Siguió con el ensayo: Leopoldo Lugones, mito nacional (1960) y Horacio Quiroga. Una obra de experiencia y riesgo (1960). Luego pasó al cuento, después a la novela corta y finalmente a la novela, género que trabajó mucho en los últimos años de vida.

En el año 1953 comenzó a colaborar en la emblemática Revista Contorno, junto a David Viñas, Ismael Viñas, León Rozitchner, Juan José Sebreli, Oscar Masotta y Carlos Correas, entre otros. Se dedicó fervientemente a la docencia comenzando en la Universidad de Córdoba. Allí conoció a Tununa Mercado, con quien se casó en 1961. Tres años después, en 1964, se trasladó a Buenos Aires y dos años después, en 1966, se estrenó la película Todo sol es amargo, de la cual fue guionista.
Luego trabajó en Francia y más tarde en México, donde finalmente se quedó tras las amenazas de la Triple A. Regresó a la Argentina en 1987, ya finalizada la dictadura militar, y se convirtió en investigador principal en el CONICET. En 1990 dirigió la revista sYc y en 1991 se consagró director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires, puesto que mantuvo hasta su muerte.
Sus ensayos críticos son leídos con mucho entusiasmo en los círculos especializados: Muerte y resurrección de Facundo, El fuego de la especie y Los grados de la escritura, entre otros. Recibió muchos premios. Algunos de ellos son el Xavier Villaurrutia, el Caballero de las Artes y las Letras en Francia, varios Konex, el Pedro Henríquez Ureña y es condecorado con el Doctor Honoris Causa de muchas universidades prestigiosas del mundo.
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