
Mark Tobey (1890 - 1976) fue uno de los grandes referentes del expresionismo abstracto estadounidense, considerado como el más importante de “los pintores místicos del Noroeste” y, sin dudas, la mayor influencia que tuvo Jackson Pollock, aunque el artista de la pintura por goteo nunca lo aceptara en público.
Durante sus primeros años, Tobey se dedicó a realizar retratos e ilustraciones de modas para la revista McCall’s, en Nueva York. Aunque un encuentro fortuito cambió para siempre su destino. La Gran Guerra había afectado muchísimo su forma de entender el mundo causándole una profunda pena las atrocidades que sucedían en Europa. Así que cuando en 1918, conoció a la pintora Juliet Thompson, el escenario estaba dado para la gran transformación.
Tobey fue hasta el estudio de Thompson para que le realizaran un retrato y entre pinceladas, ella -amiga del poeta y novelista libanés Khalil Gibran- le habló sobre el bahaísmo, una religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de Bahá'u’lláh (1817-1892), profeta y fundador, a quien consideran la última manifestación de Dios.
Durante la sesión, Tobey leyó algo de literatura baháʼí y aceptó una invitación a Green Acre, donde se convirtió a esta fe. En los años siguientes, profundizó en las obras de la literatura árabe y las enseñanzas de la filosofía de Asia oriental.
En 1921, conoció a Teng Kuei, un pintor chino y estudiante de la Universidad de Washington, quien lo introdujo en la caligrafía china. Tobey comenzó así a desarrollar un tipo de obra en la que buscaba demostrar su espiritualidad. Lo suyo no eran accidentes surgidos de la “genialidad del azar”, sino una estética pensada. Comenzó a viajar por el mundo: México, Europa, Palestina, Israel, Turquía, Líbano, China y Japón, estudiando a su paso las caligrafías y filosofías de los países.
Si bien la historiografía coloca a Pollock (1912-1956) como el gran maestro del expresionismo abstracto -aquí habría que preguntar el rol de la CIA en la instauración de este artista en los circuitos- Tobey tuvo una influencia enorme sobre grandes artistas como Guy Anderson, Kenneth Callahan, Morris Graves y Willem De Kooning, con quienes no solo compartió su mirada del arte sino también sus intereses en filosofía y religiones orientales.
En Sin espacio (No space left) -que se encuentra en el Museo Chrysler de Norfolk-, se puede apreciar su estudio de la caligrafía china y la pintura zen, que desarrolló a partir de 1935, y en cada centímetro del lienzo desprende trazos rítmicos y repetitivos. En la obra de Tobey hay una inspiración meditativa, un “hormigueo de señales”, como le decía, y cubre toda la superficie con un guion imaginario en una técnica que él llamó “escritura en blanco”.
Pero Tobey no buscaba contar una historia o armar un relato inacabado a partir del uso de las letras o palabras, sino expresar un significado místico que esperaba poder transmitir al público.
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