
I
Desde chica, Débora Arango estaba incómoda con el mundo tal como se le presentaba. Nació el 11 de noviembre de 1907 en Medellín, Colombia. Una época muy diferente a la actual. Y si bien tenías las comodidades de la clase alta, el rol de mujer que culturalmente se le imponía no le interesaba.
Por ejemplo, se vestía de hombre y se iba a cabalgar, cosa que las mujeres no podían hacer. Cuando empezó a pintar, la Liga de la Decencia de Medellín calificó sus cuadros de “inmorales” y estuvo a punto de ser excomulgada. Ella pisó el acelerador y empezó a hacer sátira política.
Era una pintora destacada que sabía cómo escandalizar al puritanismo de su época. Desde lo social hasta lo político. En La salida de Laureano, por ejemplo, una obra de 1953, utiliza metáforas zoológicas para referirse a los mandatarios de su tiempo.
II
Dentro de su obra, que puede analizarse de diferentes formas ya que los temas son abundantes, hay uno que vale la pena desarrollar: los desnudos femeninos. No sólo para la Iglesia Católica eran obscenos, también para gran parte del público y para muchos artistas.
Arango no tenía intenciones de agradar. Nunca las tuvo. Su posición artística era también política. Estaba comprometida con resiginficar el rol secundario de las mujeres en el mundo. Pintó todo tipo de mujeres, siempre desde una mirada activa y reveladora.
Hay uno de esos desnudos, el que aquí presentamos, que es muy interesante y ejemplifica muy bien toda esa temática. Se titula Desnudo y es una acuarela pequeña de 28 centímetros de alto por 25 de ancho. Es de 1940 y pertenece a la Colección Cecilia Londoño.
III
“La vida, con toda su fuerza admirable, no puede apreciarse jamás entre la hipocresía de las altas capas sociales: por eso mis temas son duros, acres, casi bárbaros; por eso desconciertan a las personas que quieren hacer de la vida y de la naturaleza lo que en realidad no son”, escribió.
También dijo: “Me gusta la naturaleza en todo su esplendor: por eso pinto paisajes y desnudos. Yo creo que por esto no soy inmoral”. Le hablaba a los escandalizados, a los que veían en una mujer gozando, sufriendo, viviendo, algo extraño, ajeno, imposible. Arango les daba voz.
Para los críticos Alberto Sierra y María del Rosario Escobar, las mujeres de Arango “expresan las secuelas de la vida” donde “lo femenino ya no es un objeto de contemplación sino de expresión de una realidad dolorosa que la sociedad prefiere no mirar de frente”.
IV
Débora Arango murió el 14 de diciembre de 2005. Tenía 98 años. Pintó casi hasta el final, hasta que su cuerpo decidió que ya era suficiente. El tiempo le dio la razón: la sociedad comenzó a valorar su obra, la exquisitez de sus trazos y colores y la potencia de sus temáticas y dibujos. Ya era hora.
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