
La pandemia no solo nos forzó a reemplazar vínculos analógicos por digitales, también dejó una serie de presiones instaladas como ser innovador, reconvertirse y aprovechar la oportunidad. Es una imposición pesada que, por momentos, lleva a decisiones apresuradas y poco fieles a la esencia analógica que se intenta digitalizar. Es inevitable pensar que en ese traspaso algo se pierde, hay algo que no se puede recuperar.
La esencia de la Feria de Editores no es la venta directa, eso es el resultado del objetivo principal, que es el contacto directo con las lectoras y los lectores. Desde ese ángulo, se pensó una forma de encontrarnos, contar las novedades, charlar de libros, literatura y pensamiento.
La feria se estructuró en dos grandes ejes: por un lado, el listado ordenado alfabéticamente de las editoriales participantes, con su logo y sus redes sociales, pero sobre todo con un gran botón que habilitaba el acceso a su espacio virtual. Al hacer click en ese botón, volvíamos a conversar, a vernos las caras. Esa sería nuestra feria, esos nuestros stands a recorrer. Un intento por emular el recorrido del público por los espacios virtuales de cada editorial en busca de las novedades y el comentario de la persona que lleva adelante ese proyecto.

Por otra parte, la segunda faceta es la propuesta cultural de la FED. Las charlas que giran tanto en torno a problemas actuales como de larga tradición, atravesados por la literatura y el pensamiento. Las nuevas costumbres de interacción nos permitieron entrevistar invitadas e invitados que de otra forma hubiera sido imposible escuchar por los costos asociados a los pasajes aéreos y los hospedajes. Así, pudimos escuchar a Roger Chartier, Margo Glantz, Nona Fernández, Verónica Gerber, entre otros. Gracias a un acuerdo con el CCEBA, realizamos un taller desde España con el diseñador Enric Jardí y un segundo taller con Ezequiel Cafaro, ambos visualizados desde toda Latinoamérica con más de 1200 inscriptos en su conjunto.
La pandemia no solo desembocó en una aceleración de procesos digitales, sino también en un inevitable deterioro de la economía. El sector del libro recibe la pandemia en un escenario de cuatro años de caída permanente en la venta de ejemplares, fruto de una reducción del salario real. Si miramos en detalle la composición del sector, vemos que las librerías, por sus costos fijos, son de las más golpeadas.
Desde hace algunas ediciones, la FED imprime y distribuye de forma gratuita un pequeño catálogo de 350 librerías que trabajan con al menos el cincuenta por ciento de las editoriales que participan de la feria. La intención de fondo es dar a conocer al público el rico entramado de librerías que trabajan todo el año para difundir las novedades editoriales. El catálogo luego queda disponible en nuestro sitio para facilitar los datos de contacto de las librerías, no solo para el público general sino también para compartir una base de datos de librerías que trabajan bien con las nuevas editoriales que comienzan a pensar su comercialización.

Si entendemos el mundo del libro como un ecosistema donde todas las partes son interdependientes del trabajo de las otras, entonces la salida debe tener un formato colectivo. Cada editorial eligió una librería para que tome sus ventas durante la feria, la librería a su vez inició la charla con la distribuidora y la editorial para conversar los puntos fuertes del fondo editorial, seleccionar y reforzar stock.
Las librerías han desarrollado una gimnasia digital que devino en un mejor manejo de redes, generación de comunidad y el agregado de una variedad de medios de pago. De a poco, la FED Digital tomó su forma final: las editoriales cuentan sus novedades, generan charlas con sus autoras y autores y las librerías aportan toda su experiencia comercial sumada a sus tradicionales recomendaciones a la hora de atender al público. El visitante se asoma al espacio virtual, charla un rato con la editorial y si decide comprar un libro la librería está atenta para continuar la atención comercial mediante su whatsapp o mensaje directo.
En la línea de un ecosistema interdependiente, muchas de las librerías, como gesto hacia la inclusión por parte de las editoriales, decidieron reducir su porcentaje de ganancia, las distribuidoras a su vez redujeron sus plazos de pago para las ventas generadas a través de la FED. Nada de esto por sí solo genera una primavera, pero son complicidades que se traman al interior de un rubro que enfrenta grandes desafíos.
Tan importante nos parece la función de la librería como espacio vitalizador de la cultura y su comunidad que presentamos un proyecto a Mecenazgo para implementar un premio económico anual a las librerías en base a su labor cotidiana, su propuesta cultural y su relación con el ecosistema del libro.
El costo logístico es un problema para el libro. Existen experiencias de otros países donde los libros debajo de determinado peso como podría ser un kilo utilizan las vías existentes y se trasladan sin costo por toda la extensión territorial, se entiende esa mirada como parte de la construcción de una política cultural.

En general, el costo del envío ronda entre el quince y el veinte por ciento del precio del libro. Así como la FED no cobra entrada cuando se realiza presencialmente, para que su público pueda gastar ese dinero en libros, este año queríamos solucionar al menos para CABA los costos que suelen estar asociados a la entrega del libro. Gracias a un acuerdo con la Red de bibliotecas públicas de la Ciudad de Buenos Aires pudimos lograr la entrega para CABA sin cargo.
Por último, pensamos un detalle para las y los lectores. Gracias a la generosidad de las autoras y los autores, el CCK y la imprenta Porter, diagramamos un librito de 96 páginas para regalar con la compra de 4 ejemplares o más. El libro titulado Diarios contiene textos de Gabriela Cabezón Cámara, Mariana Enriquez, Martín Kohan, Pedro Saborido y Camila Sosa Villada.
Todo suena hermoso, ¿qué impacto real tuvo? Más de 8600 personas visitaron el sitio los días previos a la FED, durante la feria se sumaron otras 19.500 personas, para un total de 28.000. El 52% lo hizo desde su dispositivo móvil, el 47% desde su computadora personal y solo el 1% desde una tableta. Las redes sociales fueron el espacio que mayor público nos aportó, Instagram duplicó en derivación de tráfico a Facebook.
Participaron cerca de 80 librerías de CABA y otras 120 librerías del interior. Los números de venta fehacientes que tenemos son de las librerías de CABA. En el correr de esta semana vamos a entregar más de 8000 libros que se vendieron por acción directa de la FED y el trabajo mancomunado del ecosistema del libro. Esos libros serán entregados en aproximadamente 3000 direcciones de toda la Ciudad de Buenos Aires. La venta promedio de cada librería ronda los 90 ejemplares y el ticket promedio fue de 1,8 libros.
Durante un fin de semana invertimos los papeles, las redes sociales fueron copadas por los libros. Cientos de vivos sumados a un programa de quince charlas que superan las 18.000 visualizaciones en su conjunto, bajo un paraguas de feria distinto. Más allá de los números de venta finales parte del trabajo de una editorial es amplificar las ideas y la literatura que publica. Esta edición nos generó el espacio para volver a encontrarnos con las y los lectores que tanto buscamos. Nos golpea la pandemia, nos juntamos.
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