El precio del dólar estadounidense en Colombia cerró la jornada del 3 de octubre en un promedio de $3.874,17. Esto significó una caída de $23,47 frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM), que se ubicó en $3.897,64.
La divisa norteamericana tuvo un precio de apertura de $3.890,00, tocó un máximo de $3.890,00 y un mínimo de $3.863,05. Además, durante el día, de acuerdo con la plataforma Set-FX, se negociaron más de USD691 millones en 1.152 transacciones.
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Teniendo en cuenta la última semana, el dólar estadounidense anota un descenso 0,81%, de manera que en términos interanuales mantiene aún una disminución del 11,59%.
Respecto a jornadas previas, encadenó dos fechas seguidas en valores negativos. La volatilidad de esta semana presentó un rendimiento manifiestamente inferior a la volatilidad que mostraron los datos del último año, por lo que está teniendo un comportamiento más estable de lo normal ahora mismo.
Expectativas del mercado
El mercado cambiario colombiano vuelve a navegar en aguas agitadas, con un dólar que refleja no solo la dinámica interna, sino, sobre todo, la incertidumbre que emana de Estados Unidos. El cierre parcial del Gobierno federal norteamericano, aunque en lo práctico no detiene de inmediato la economía, sí tiene un impacto psicológico y operativo en los mercados financieros. La ausencia de datos clave, como el reporte de nóminas no agrícolas, deja a los inversionistas sin brújula en un momento donde la Reserva Federal está bajo la lupa por su política de tasas.
Para el peso colombiano, esta falta de información genera un efecto indirecto, aumenta la volatilidad y limita la capacidad de anticipar movimientos del dólar. Si los operadores globales no tienen claridad sobre la salud del mercado laboral estadounidense, se reduce la confianza en asumir riesgos en mercados emergentes como Colombia, lo que puede presionar al alza la divisa norteamericana en el corto plazo.

El reciente informe de la Fed de Chicago y las cifras del ADP alimentan la narrativa de un mercado laboral que empieza a dar señales de debilidad. Este enfriamiento llevó a los inversionistas a descontar con alta probabilidad dos recortes adicionales de tasas en lo que resta del año. Un giro de este tipo en la política monetaria de la Fed suele traducirse en un dólar menos fuerte globalmente, lo que, en teoría, podría favorecer al peso.
Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que los mercados latinoamericanos, y en especial el colombiano, tienden a reaccionar con cautela ante los cambios de política en EE. UU., ya que los flujos de capital dependen tanto de la tasa de interés como del apetito por riesgo en contextos de incertidumbre.
A nivel local, el Banco de la República mantiene una política restrictiva con la tasa en 9,25%, buscando contener una inflación persistente. En condiciones normales, este diferencial de tasas frente a la Fed debería darle cierto soporte al peso. No obstante, los factores políticos internos —como el debate en torno a la nueva Ley Minera— introducen dudas adicionales que erosionan la confianza de inversionistas extranjeros. Esta combinación de elementos genera un escenario en el que el peso colombiano no logra capitalizar plenamente la expectativa de recortes de tasas en EE. UU.
Otro aspecto a tener en cuenta es el efecto contagio desde Asia y Europa. Mientras el Banco de Japón mantiene un tono cauto y descarta movimientos drásticos en sus tasas, el euro se mueve con relativa estabilidad. Esto refuerza al dólar como activo de refugio frente a la incertidumbre global, lo que vuelve a jugar en contra del peso. En este sentido, aunque el dólar podría perder tracción en el mediano plazo por la política de la Fed, el corto plazo sigue marcado por la preferencia de los inversionistas por activos seguros.
El dólar frente al peso colombiano se encuentra atrapado entre dos fuerzas, por un lado, la expectativa de recortes en las tasas de la Fed que podrían debilitar la divisa estadounidense; y por otro, la persistente desconfianza sobre la economía local y la falta de datos claros por el cierre del Gobierno en EE. UU., que impulsan la demanda de dólares como activo seguro. Para Colombia, esto se traduce en un camino de alta volatilidad, donde el comportamiento del peso dependerá tanto de la capacidad del Banco de la República de sostener credibilidad como de la rapidez con la que la Fed defina su nueva hoja de ruta.
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