
El debate sobre la regulación del cannabis de uso adulto en Colombia ha experimentado una transformación significativa en los últimos años, reflejando tanto la evolución de la opinión pública como la persistencia de obstáculos políticos y culturales.
Aunque la Corte Constitucional reconoció hace décadas el derecho al uso personal de drogas y desde 2016 existe una ley que regula los usos medicinales y científicos del cannabis, la discusión sobre el consumo adulto sigue enfrentando resistencias en el Congreso.
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El más reciente intento, liderado por el representante Juan Carlos Losada, representa el octavo esfuerzo en seis años por modificar el marco legal y abrir la puerta a un mercado regulado, en un contexto marcado por la cercanía de las elecciones presidenciales y la lentitud legislativa que ello implica.
El proyecto busca modificar el artículo 49 de la Constitución para exceptuar al cannabis de la prohibición de porte y consumo de sustancias psicoactivas, habilitando su producción, distribución, venta y comercialización con fines de uso adulto, según El Tiempo.
Sin embargo, su aprobación no implicaría la disponibilidad inmediata del cannabis en comercios; el objetivo es crear el marco legal que permita, en una etapa posterior, diseñar un mercado regulado con reglas claras.
El texto del proyecto, que ya superó su primer debate en la Comisión Primera de la Cámara, introduce límites estrictos: prohíbe la publicidad y promoción del cannabis, salvo en campañas educativas o de prevención, y restringe el consumo en colegios, parques, escenarios deportivos y centros de primera infancia.

Además, establece la obligación del Estado de implementar políticas de salud pública orientadas a la prevención, tratamientos voluntarios, reducción de riesgos y daños, y atención especial a niños, niñas y adolescentes.
A diferencia de versiones anteriores, la iniciativa actual incorpora ajustes que responden a críticas y aprendizajes políticos.
Mantiene la prohibición de la publicidad, pero permite campañas informativas dirigidas exclusivamente a adultos, refuerza las restricciones de consumo en espacios sensibles y reconoce la participación de comunidades étnicas y campesinas, garantizando que la regulación no quede en manos exclusivas de grandes empresas.
De acuerdo con el medio citado, el proyecto también fortalece el enfoque de salud pública, con énfasis en derechos humanos y atención integral, organiza la dimensión tributaria y refuerza la prevención frente al consumo juvenil, en respuesta a demandas sociales de mayor protección.
Desde 2019, los proyectos para regular el cannabis de uso adulto han enfrentado repetidos obstáculos. En varias ocasiones, iniciativas similares avanzaron en la Cámara de Representantes, pero se hundieron en el Senado por no alcanzar mayorías o por agotamiento de los tiempos legislativos.

El proyecto radicado en julio de 2025 es el octavo intento y, tras superar el primer debate, queda pendiente su discusión en plenaria.
El debate sigue polarizando opiniones. Los defensores argumentan que un mercado legal podría reducir el poder de las economías criminales, generar ingresos fiscales y beneficiar a comunidades cultivadoras que dependen de la economía ilícita.
Además, sostienen que regular el consumo permite controles de calidad y políticas de salud pública adecuadas, defendiendo el derecho de los adultos a decidir sobre su propio consumo con reglas claras.
Por su parte, los opositores advierten sobre los riesgos de normalizar la marihuana, especialmente entre jóvenes, y cuestionan la capacidad del Estado para implementar una regulación estricta.
En muchos casos, estos reparos se basan en desinformación o exageraciones sobre el impacto del cannabis frente a otras sustancias legales.
La viabilidad política del proyecto sigue siendo incierta, particularmente en un año electoral.
Aunque cuenta con mayor respaldo en sectores del Gobierno y la opinión pública es más receptiva, las resistencias culturales persisten y algunos congresistas podrían alinearse con discursos conservadores para no arriesgar votos.

El debate sobre el cannabis de uso adulto trasciende lo jurídico y económico, convirtiéndose en una discusión sobre el modelo de país que Colombia aspira a ser.
Mantener la prohibición que no ha resuelto los problemas asociados al consumo, o implementar una regulación responsable centrada en salud pública y derechos, dependerá finalmente de la voluntad política de los legisladores en un contexto electoral que podría definir el futuro del cannabis en Colombia.
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