
El ataque a dos elementos de la Guardia Nacional de Estados Unidos realizado por un tirador identificado por las autoridades como un ciudadano afgano ha desatado un nivel de indignación especialmente fuerte en el presidente Donald Trump y un nuevo impulso para intensificar sus políticas antimigratorias.
En una serie de declaraciones realizadas en los días transcurridos desde el tiroteo en una esquina de Washington, a poca distancia de la Casa Blanca, Trump ha calificado el ataque como un caso de justo eso que había advertido y ha dejado claro que pretende usarlo para buscar una versión aún más maximalista de su programa de medidas.
En publicaciones en las redes sociales cerca de la medianoche del Día de Acción de Gracias, el presidente prometió "detener permanentemente la migración procedente de todos los países del Tercer Mundo" y amenazó con despojar de la ciudadanía estadounidense a los migrantes naturalizados "que afecten la tranquilidad doméstica".
Amenazó con poner fin a "todas las prestaciones y subvenciones federales a los no ciudadanos de nuestro país" y con deportar a los extranjeros considerados "incompatibles con la civilización occidental".
Y en términos notablemente despectivos y personales, describió a refugiados somalíes como integrantes de bandas que atacan a estadounidenses inocentes, y a la representante Ilhan Omar, demócrata por Minnesota, quien emigró de Somalia a Estados Unidos y se nacionalizó hace 25 años, como alguien que "probablemente entró a Estados Unidos ilegalmente". La describió como "siempre envuelta en su hiyab".
Las declaraciones se produjeron después de que ordenara al gobierno a que revisara la situación de los titulares de green cards o tarjetas de residencia de 19 naciones a los que ha impuesto una prohibición de entrada al país.
No está claro qué autoridad tiene Trump para hacer cumplir sus exigencias ni cómo intentará que se lleven a cabo. Según la legislación federal estadounidense, por ejemplo, los ciudadanos solo pueden ser desnaturalizados si se descubre que han ocultado información sobre sus antecedentes al tramitar la ciudadanía o que han falseado su identidad durante el proceso.
Pero la ferocidad de la respuesta del mandatario coincide con sus opiniones sostenidas por mucho tiempo sobre la migración, raza e identidad nacional y lo que él considera una relación directa de esos factores con la delincuencia, las amenazas a la seguridad nacional y las dificultades económicas, aunque esos vínculos, cuando existen, a menudo sean tenues y más complejos de lo que él propone.
El asesinato de una integrante de la Guardia Nacional y las heridas graves al otro sin duda impulsarán el debate sobre los costos y beneficios del uso del ejército en las calles de ciudades estadounidenses. Trump ya ha ordenado el traslado de otros 500 miembros de la Guardia Nacional a Washington, adicionales a los aproximadamente 2000 que ya se encuentran allí, aunque un juez federal dictaminó la semana pasada que el despliegue inicial era ilegal.
El tiroteo y la respuesta a este por parte de Trump indican que la migración seguirá estando al centro de la política estadounidense de cara al ciclo de elecciones intermedias de 2026 y en un momento en que la Casa Blanca está a la defensiva en cuestiones como el costo de vida y los archivos del caso de Jeffrey Epstein.
En su segundo mandato, Trump se ha enfocado principalmente en deportar a migrantes de Estados Unidos. Pero en los últimos días ha vuelto a insistir con políticas y lenguaje que se remontan a su primer mandato, cuando menospreció a países africanos, y a la campaña electoral de 2024, cuando señaló a grupos de migrantes y los culpó de la delincuencia y otros males sociales.
Desde el tiroteo, parece que Trump se ha concentrado especialmente en los refugiados somalíes de Minnesota.
"No vamos a aceptar más a su gente", dijo Trump el jueves. Más tarde escribió en las redes sociales que Tim Walz, gobernador demócrata de ese estado, era "retrasado grave" por acoger a migrantes de Somalia.
Cuando el jueves se le preguntó en Mar-a-Lago qué tienen que ver los somalíes de Minnesota con el tirador afgano acusado de disparar en Washington, Trump respondió: "Ah, nada. Pero los somalíes han causado muchos problemas".
El tiroteo ha adquirido una importancia desmesurada en el relato que Trump cuenta sobre el país y el mundo. Los detalles de la tragedia encajan con muchos de los temas que impulsaron su campaña presidencial.
La forma en que Trump se expresa de la migración invoca tópicos, no todos respaldados por los hechos, sobre delincuencia descontrolada en las grandes ciudades y sobre invasores extranjeros que se aprovechan de la hospitalidad estadounidense sin intención de asimilarse al modo de vida del país. De manera reiterada habla de la desastrosa retirada de Afganistán del gobierno de Joe Biden y sus políticas sobre fronteras y refugiados, que Trump había dicho que desembocarían en una catástrofe.
El jueves, cuando Trump habló en Palm Beach, mostró una fotografía en la que se veía a afganos que se apresuraban a subir a un avión para abandonar su país mientras su gobierno se derrumbaba en 2021. Esas escenas, dijo, eran una prueba irrefutable de lo que llevaba años advirtiendo.
Restó importancia al hecho de que el sospechoso del tiroteo en Washington, un afgano que había trabajado con fuerzas respaldadas por la CIA para ayudar a Estados Unidos en Afganistán, hubiera recibido asilo del gobierno estadounidense en abril, cuando Trump ya era presidente, según tres personas con conocimiento del caso que no estaban autorizadas a hablar públicamente. Trump tenía preparada una respuesta cuando le preguntaron al respecto el jueves.
"En lo que respecta al asilo, cuando los traen en avión, es muy difícil sacarlos", dijo. "No importa cómo quieras hacerlo, es muy difícil sacarlos. Pero ahora vamos a sacarlos a todos".
Shawn McCreesh es reportero del Times en la Casa Blanca y cubre el gobierno de Donald Trump.
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