Sin comida, sin agua y con una pierna rota: cómo un excursionista sobrevivió una semana en la naturaleza

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Alec Luhn, periodista estadounidense de 38 años, espera que las lecciones que aprendió de su terrible experiencia en un parque nacional de Noruega puedan ayudar a otros.

Casi todo había salido mal en la excursión en solitario de Alec Luhn por un parque nacional de Noruega.

Luhn, de 38 años, había pasado seis días sin comida, sin agua ni señal de teléfono, mientras lidiaba con lesiones graves. Pero entonces, de manera milagrosa, fue rescatado de una remota y escarpada montaña este mes.

"Fue un gran final para una historia que empezó con un par de malas decisiones", dijo Luhn el martes en una entrevista telefónica desde un hospital de Bergen. "Esperemos que también haya cosas que aprender de ello para otras personas".

Esta es su historia.

'El desastre'

Luhn y su esposa, Veronika Silchenko, viajaron a Noruega en julio para pasar unas vacaciones con su familia.

Tras darse cuenta de que se alojaban cerca de un parque nacional con el tercer glaciar más grande del país, Luhn, periodista climático estadounidense y excursionista experimentado, decidió prolongar su viaje para ir de excursión hasta él.

El 31 de julio, Luhn envió un mensaje de texto con su itinerario a Silchenko, quien había regresado a su casa en Inglaterra, y luego emprendió un viaje de mochilero, dirigiéndose al Parque Nacional de Folgefonna desde Odda, una ciudad cercana.

Silchenko no esperaba tener noticias suyas hasta pasados unos días, debido a la intermitencia del servicio telefónico en el parque.

Luhn tenía previsto terminar su excursión el 4 de agosto, tomar un autobús a Bergen y volar de regreso a Inglaterra.

"Ese era el plan", dijo Luhn. "No llegué muy lejos antes de que ocurriera el desastre".

'Debería haberme dado la vuelta'

Al principio de la caminata, las cosas empezaron a ir mal. (Esto, dijo Luhn, fue cuando empezó a tomar malas decisiones).

La suela de su bota izquierda empezó a desprenderse al cabo de unas horas. Decidió pegar la suela con cinta adhesiva, lo que comprometió la tracción de la bota.

"Debería haber dado media vuelta y haber ido a Odda a comprar botas nuevas", dijo Luhn.

En lugar de eso, siguió adelante. Pasó por vistas preciosas y alcanzó una altura de casi 1200 metros.

"Era un terreno muy escarpado, pero seguí avanzando y tomé otra mala decisión", dijo. Pasadas las 10:00 p. m., Luhn encontró un buen lugar para acampar. Pero en lugar de montar la tienda, decidió seguir adelante.

Luhn también dijo que no había llevado un localizador GPS.

Una fuerte caída y heridas graves

Se estaba haciendo tarde y el terreno era escarpado. Entonces, Luhn dio un paso en falso, resbaló y se cayó.

"Recuerdo la terrible sensación del comienzo de la caída", dijo. Empezó a tomar velocidad y su mochila chocó contra las rocas, haciendo que su equipo se cayera.

"Estaba dando vueltas muy deprisa y empecé a rebotar, como una bola de pinball bajando por la montaña", dijo Luhn.

Aterrizó sobre una roca, se rompió el fémur, se fracturó la pelvis y un par de vértebras, se arañó gravemente las manos y se golpeó la cabeza.

Después, dijo, debió de desmayarse.

No tenía agua ni teléfono y apenas podía moverse

Luhn se despertó el 1 de agosto consciente de que estaba en una muy mala situación.

Su botella de agua se había caído de la mochila durante la caída, así que no tenía nada que beber.

Su iPhone se había caído del bolsillo. Intentó gritar a Siri que llamara a los servicios de emergencia, pero el teléfono estaba demasiado lejos o lo había puesto en modo avión (otro error, dijo Luhn).

Apenas podía moverse.

Se dio cuenta de dos cosas: nadie sabría que tenían que buscarlo hasta el lunes, cuando tenía previsto regresar a Inglaterra. Y no iba a poder salir de allí por sus propios medios.

"Voy a tener que quedarme aquí y aguantar hasta que al menos alguien se preocupe por mí", recordó que pensó. Y luego: "Muchas cosas iban a tener que salir bien para que sobreviviera".

Deshidratado, Luhn tomó medidas desesperadas

El sábado, Luhn empezó a preocuparse por no tener agua.

Tenía la boca tan seca que le resultaba imposible comer las barritas de cereales y los maníes que no se le habían caído de la mochila.

Solo se le ocurrió una solución.

"Oriné en una de mis bolsas de agua y luego bebí la orina para mantenerme hidratado", dijo Luhn. "Estaba tan seco que básicamente tuve que tragarme la granola con mi orina".

Y añadió: "Tenía una gran ampolla en uno de los dedos, incluso me chupé la sangre para intentar conseguir un poco de líquido".

Hasta que no se desató una tormenta el domingo --parte de las condiciones del tiempo que dificultarían su búsqueda-- no pudo volver a beber agua. Sorbió la lluvia de los pliegues de su colchoneta y chupó un pañuelo mojado.

50 socorristas buscaron durante dos días

El lunes y el martes, mientras seguía lloviendo, Luhn empezó a perder la esperanza.

Estaba mojado y tenía frío. Sus pies empezaban a perder circulación.

Pero, sin que él lo supiera, su predicción había sido correcta: cuando no se presentó a su vuelo, Silchenko alertó a las autoridades, y el lunes por la noche había comenzado una importante misión de rescate.

Más de 50 rescatistas de la Cruz Roja Noruega, usaron perros, drones y escaladores experimentados, para buscar a Luhn, en una búsqueda que duró casi dos días.

"La mayoría de las búsquedas terminan en un par de horas", dijo por correo electrónico Anja Kristin Bakken, portavoz del Centro Conjunto de Coordinación de Rescates de Noruega. "Esta planteó un reto adicional debido a las difíciles condiciones meteorológicas".

Pero, añadió, "encontrar a Alec Luhn con vida es un muy buen ejemplo de por qué seguimos adelante".

Mientras estaba en la ladera de la montaña a la espera de ser rescatado, Luhn dijo que se centró en el presente. Cuando su mente divagaba, pensaba en la gente a la que quería, incluida su esposa y su familia.

"Realmente sentía que quería sobrevivir y tener una segunda oportunidad en la vida", dijo.

'Puede que haya perdido mi única oportunidad'

El miércoles 6 de agosto, tras su noche más fría, el sol se abrió paso brevemente.

"Justo entonces, oí un helicóptero", dijo Luhn.

Aunque no podía ponerse de pie, empezó a agitar los brazos. "Estaba muy cerca de mí, pero no podía verme", dijo. Al cabo de unos 45 minutos, el helicóptero se marchó.

"Pensé: bueno, puede que haya perdido mi única oportunidad", dijo Luhn.

Luhn enrolló su pañuelo rojo alrededor de un poste de la tienda con la esperanza de que lo vieran. Unos 45 minutos después, regresó un helicóptero y Luhn empezó a saludar de nuevo.

"Por fin se abrió la puerta lateral del helicóptero y un tipo me saludó", dijo. "Ese fue el momento en que supe que iba a poder salir adelante".

Luhn fue trasladado a un hospital de Bergen, donde lo operaron.

Dos semanas después, el martes, seguía recibiendo tratamiento allí, y dijo que aún no podía caminar debido a la congelación de los pies.

Luhn dijo que esperaba volver a practicar el senderismo algún día. "He animado a mucha gente a practicar el senderismo, pero hay que hacerlo con seguridad", dijo. "Eso es lo que pienso hacer en el futuro".

Pero antes, dijo, "le debo a mi esposa unas vacaciones a un clima más cálido donde no haya glaciares".

Henrik Pryser Libell colaboró con reportería desde Oslo.

Claire Moses es reportera del Times en Londres, enfocada en la cobertura de noticias de última hora y tendencias.

Henrik Pryser Libell colaboró con reportería desde Oslo.